Por Gisela de la Torre Montoya. Historias de fantasía para niños

El niño-pez-pájaro es un hermoso cuento lleno de fantasía y esperanzas por parte de un niño que había sido duramente castigado durante toda su vida. Primero con la muerte de sus padres, y luego con quien lo adoptó, que lo maltrataba y le hacía trabajar incansablemente. Sin embargo, la vida le dio una nueva oportunidad al salvar a un ave que le había pedido su ayuda. Es un fantástico cuento de la escritora Gisela de la Torre Montoya de Santiago de Cuba.

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El niño-pez-pájaro

Ave herida entre la hierba
Imagen de Oldiefan

De paseo por el bosque, Emilio escuchó un trino lastimero y entre la hierba crecida encontró, con un ala rota, a un pájaro enorme de color amarillo, con plumas negras que bordeaban su cuello y unas cuantas blancas en la parte superior de la cabeza. En cuanto vio al niño, trinó como pidiendo ayuda. Emilio quiso cargarlo, pero era tan pesado que no pudo y pensó qué hacer para llevárselo a su casa y atenderlo. Hizo un segundo intento y lo sintió tan liviano que, atemorizado, lo colocó en la hierba y se echó a correr. El ave otra vez trinó y Emilio regresó y lo llevó hasta cerca de su casa, lo ubicó en el suelo y se marchó.

– “Vuelvo pronto, voy a buscar ayuda” -el pájaro, asustado, meneó la cabeza negativamente como si fuera un humano.

Emilio se quedó pensativo mirando su gesto y le aclaró:

– “Traeré medicinas y vendré solo” -dijo y se alejó a toda carrera.

Al rato volvió con vendas y medicinas.

Luego, con mucho cuidado, le limpió el ala y puso los remedios. Lo colocó a la sombra de un árbol en una caja que había traído. Se sentó a su lado y lo acarició mientras le cantaba. El pájaro se fue quedando dormido. Al poco rato, el niño también se durmió.

– “¡Tenía tanto sueño!” -se disculpó al despertar, como si el ave pudiera entenderlo-. “Anoche no dormí bien.”

– “Cuándo algo nos preocupa, el sueño desaparece, ¿en qué pensabas?” -le preguntó el pájaro.

De un salto, el niño se puso de pie y abrió mucho los ojos ¡Era tanta su sorpresa! Ya iba a echarse a correr cuando el pájaro le habló otra vez como en un ruego.

– “Quédate conmigo. Si te vas, moriré” –Emilio titubeó.

– “Cuando hayas sanado te llevaré a lugares maravillosos donde toda persona quisiera vivir” -balbuceó el pájaro y se desmayó.

– “No me iré, no te mueras pájaro bello” -le dijo el niño-. “En adelante te llamarás… Bello” -el ave abrió los ojos y volvió a perder el conocimiento.

– “¿Qué haré?” -se preguntó, y se le ocurrió echarle un poco de agua en la cabeza. Lentamente el ave volvió a abrir los ojos-. “Te daré comida, quizás tengas hambre…”

– “Hace días no como” -dijo a media voz.

Emilio sacó de uno de sus bolsillos un puñado de granos y se lo dio a comer. Bello, en cuanto sació su apetito, trinó feliz. A partir de ese momento, el niño, a escondidas, se encargó de curarlo y alimentarlo todos los días hasta que este sanó.

El niño-pez-pájaro - Cuento de fantasía

– “Ya puedo volar, pero antes de marcharme quiero saber por qué aquel día tenías tanto sueño” –Emilio bajó la cabeza y luego le respondió con angustia.

– “Porque Norberto, quien me dio albergue después de que mis padres murieron, me hace trabajar mucho y me golpea.”

– “¿Qué les sucedió a tus padres?”

– “No lo sé, vagamente recuerdo los gritos desesperados de ellos llamándome y que había mucha candela. Cuando le pregunto a Norberto no quiere darme claras explicaciones, solo me dice que mis padres fueron amigos suyos. A veces grita “¡Fuego! ¡Fuego!” Y lanza carcajadas burlonas ¿Por qué reirá de ese modo?”

– “Yo tengo el don de adivinar muchas cosas. Pon tus manos en mi cabeza y podré saber qué les sucedió.”

Emilio lo hizo y el pájaro trinó furioso; tanto que asustó al niño, quien trató de huir.

– “Regresa, nada te haré. Estoy furioso, pero no contigo, sino con ese tal Norberto.”

– “¿Por qué? ¿Porque me pega y me hace trabajar?”

– “Sí y además por otras cosas que te diré algún día. Ahora debo irme, pero quiero que vengas conmigo. Te llevaré a conocer lugares asombrosos”.

Se oyó entonces una voz chillona gritar:

– “Emilioooo, Emilioooo, holgazán, regresa ¿Dónde estás? Si no vienes pronto, te azotaré. Emilioooo…”

– “No vayas” -le ordenó Bello, pero Emilio, aterrado, salió corriendo.

Al rato el pájaro lo escuchó llorar y voló hasta donde Emilio estaba siendo golpeado por un hombre. Con sus garras rescató al niño y se llevó hasta la cumbre de una montaña en la cual brotaba una cascada.

– “¡Sus aguas son luminosas!” -exclamó Emilio lleno de asombro.

Montaña con cascada luminosa

– “El que se bañe en ellas se convierte en pájaro.”

– “Siempre he admirado el vuelo de las aves” -dijo el niño y se introdujo en la cascada sin que Bello pudiera impedirlo.

Y quedó convertido en un pájaro que Bello no pudo detener.

Entonces fue tras él sin lograr darle alcance…

El niño convertido en pájaro voló muchos días y fue a parar a otra montaña en la cual había otra cascada de aguas plateadas. Sintió sed y tomó de sus aguas. Inmediatamente se convirtió en un pez.
Bello, cansado de tanto buscar al niño, al cabo de los días, se acercó al río donde estaba la cascada plateada y un pez multicolor le habló:

– “Bello, cuando fui pájaro vi lugares magníficos. Ahora quiero volver a ser niño, me siento tan solo en este lugar que tengo mucha tristeza.”

– “¿Eres tú, Emilio? Claro que te ayudaré” -respondió Bello y alzó al pez-niño y lo llevó a otra montaña cercana donde brotaba una catarata de aguas cristalinas y allí lo arrojó…

La corriente arrastró a Emilio cuesta abajo hasta llegar al comienzo de la montaña, donde las aguas formaban un río. Nuevamente convertido en niño, llegó a la orilla donde lo esperaba Bello.

Cataratas forman un río

– “He sido pájaro y luego pez, pero me arrepiento de lo que hice, a pesar de tener muchas cosas lindas que contar” -dijo.

– “Lleva contigo el recuerdo de lo que has visto, pero no lo cuentes, es tu secreto.”

– “¿Por qué?”

– “Así debe ser; es la ley de las montañas y de las cascadas de aquí. Ahora te mostraré otros lugares, pero no preguntes nada, pues se esfumarán” -y le pidió que se trepara encima de su lomo.

Emilio lo hizo y así llegaron a una llanura repleta de hierbas olorosas, después a un arroyuelo que parecía reír a carcajadas. El pájaro bebió de sus aguas y le pidió a Emilio que también lo hiciera, este al principio se negó a pesar de tener sed. Bello le explicó que no corría el riesgo de sufrir otra transformación y entonces el niño bebió el agua.

Al poco rato vieron muchas aves de colorido plumaje y trinos armoniosos que se paseaban con elegancia mostrando sus largas colas. También un pequeño lago repleto de peces de colores brillantes que hacían piruetas como para llamar aún más la atención. Hubo uno que fascinó a Emilio, pues poseía una larga barba blanca e intentó tocarlo.

Lagos de peces brillantes

– “¡No lo hagas!” -le gritó Bello y con un golpe de sus alas se lo impidió.

Después Bello lo llevó a un costado del llano donde gigantescas palmeras se arqueaban y con sus penachos refrescaban a unas feas y extrañas criaturas que le produjeron espanto al niño.
Bello sonrió y le dijo al oído que a esas sí podía tocarlas y Emilio pensó: “Son tan feas”. Bello adivinó sus pensamientos, y le susurró:

– “Pero buenas, convéncete por ti mismo.”

Entonces el niño se atrevió a tocarlas y estas se transformaron en mariposas enormes y se inclinaron ante él. El pájaro le pidió que se subiera en la que más le gustara. Emilio escogió a una de color anaranjado con manchas negras. Al instante esta alzó el vuelo y lo llevó a la cúspide de una montaña y le dijo:

– “Pide un deseo.”

– “Quiero ver la cascada más grande de por aquí.”

Al momento, entre dos rocas, vio un gigantesco salto de agua.

Cascada entre dos rocas

El sonido que producía le pareció el de campanadas y anheló a ser nuevamente un pez…

– “No, pues jamás volverías a ser niño” -lo alertó la mariposa, que adivinó sus pensamientos, y lo regresó al llano.

Bello lo trasladó a un frondoso bosque en el que había un árbol enorme y en su copa un gran nido.

– “Esta es mi casa” -dijo Bello-, “hay espacio también para ti.”

– “Te agradezco el ofrecimiento, pero no soy pájaro” -dijo a media voz-. “¿Cuándo puedo regresar?”

– “¿Acaso quieres estar con quien te maltrata y…?”

– “¿Y qué? ¿Qué ibas a decir?” -preguntó Emilio con curiosidad.

– “Eres muy pequeño para decirte algunas cosas, pero te propongo algo, allá abajo hay riachuelos en los que puedes bañarte, pájaros juguetones que te harán compañía al igual que yo, cuevas llenas de misterios que querrás descubrir con preciosas estalagmitas y estalactitas, animales vivarachos y divertidos, árboles enanos con frutas deliciosas y muchas cosas que irás descubriendo poco a poco. Quédate aquí y serás feliz, con el tiempo, ni te acordarás de dónde vivías…”

Emilio, luego de pensarlo un rato, aceptó, pues realmente desde hacía mucho tiempo había querido alejarse de Norberto. Enseguida el pájaro lo trasladó a un lugar donde había árboles pequeños repletos de frutas.

– “¿Cuáles puedo comer?”

– “Las que desees.”

Emilio comió algunas y, saciado su apetito, comentó que todas le habían gustado. Después Bello lo llevó a ver los riachuelos y le explicó que podía bañarse en todos pues no había peligro alguno. Allí se pasó el día hasta que llegó la noche.

– “¿Dónde dormiré?” -preguntó.

Bello le contestó que en cualquier parte. Emilio pensó que le daba igual, ya que Norberto no le dio nunca comodidades y se arrebujó debajo de un árbol donde había blandas hierbas, allí quedó dormido hasta el amanecer. Se despertó con el gorjeo de los pájaros. Bello le acercó algunas frutas y en cuanto acabó de comerlas se fue a un riachuelo cercano. De regreso, el pájaro le explicó que tenía que ir lejos y regresaría al cabo de tres días.

Luego de decir esto, se alejó.

Emilio lo siguió con la mirada hasta perderlo de vista. Sintió tanta nostalgia que derramó algunas lágrimas y sintió miedo al pensar en la posibilidad de que no volviera.

– “No llores, estamos contigo” -le dijo un pajarito y se le posó en la cabeza, luego bajó al suelo y siguió hablándole- “Desde hoy seremos tus amigos, te mostraremos este lindo bosque. ¡Ven, sígueme!”

Y así entre paseos, en los que a cada paso descubría algo nuevo y admirable, transcurrieron los tres días en que Bello estuvo ausente y en cuanto lo vio regresar, se alegró tanto que lo llenó de mimos. Luego le preguntó a dónde había ido.

Bello pájaro

– “Fui a ver a personas que hace tiempo no veía” -le contestó con tristeza.

Un día, Emilio llegó a una casucha desvencijada y entró. Halló ropas y al mirar las suyas, ya destruidas, pensó: “Tal parece que los que aquí vivían, se fueron para nunca regresar.”

Después supo que antes allí vivía un señor llamado José con su hijo Jairo, que decidieron irse para juntarse con sus demás familiares.

Emilio quiso tener una casa, pues no quería seguir durmiendo a la intemperie. El pájaro, con la ayuda de los demás animales, lo ayudó a buscar hojas de palma real y yaguas para cobijar el techo y cubrir las paredes, así como palos y lianas para amarrar la armazón de la casa. Cuando estuvo terminada, los animales recolectaron frutas y le hicieron una gran fiesta.

Un atardecer Bello decidió al fin contarle a Emilio su secreto:

– “Descubrí que Norberto fue quien te raptó de tu casa mientras dormías, para apartarte de tus padres y hacerlos sufrir. Después hubo fuego y no pude ver más; quizás después pueda decirte otras cosas.”

– “Pero Norberto, según me dijo, los apreciaba mucho.”

– “Eso no es cierto. Siempre ambicionó todo lo de tu padre, hasta a tu madre…, cuando crezcas entenderás mejor.”

– “¿Nunca te equivocas?” -preguntó el niño casi en un sollozo-. “Él me hablaba tanto de mi mamá…”

– “Porque siempre estuvo enamorado de tu madre y ella prefirió a tu papá. Te pediré algo: jamás por ningún motivo regreses con Norberto.”

– “No. Norberto me maltrató mucho; de no haber sido por ti, estuviera recibiendo paliza tras paliza” -dijo mirándose algunas cicatrices en su cuerpo-. “¡Ahora soy dichoso! Pero a pesar de eso, quisiera ver a mis semejantes” -concluyó el chiquillo.

Se escucharon unas voces cercanas y el pájaro dijo:

– “¿Recuerdas la vez que me ausenté tres días? Pues pensando que algún día me pedirías eso, fui a buscar al señor José y a su hijo Jairo. El primero había muerto y el segundo quiso venir conmigo, junto a su esposa y su hija. En lo adelante estarás con ellos. Mira, él es Jairo, el hijo de José, su esposa Belén y su hija Ailin. Ahora vamos a la cueva que tanto te gusta, dejemos que se acomoden.”

Emilio se les acercó y saludó.

En sus ojos apareció un brillo distinto donde se mezclaba el afecto y la alegría. Después se fue con el pájaro haciéndole muchas preguntas de los nuevos vecinos y Bello les fue contestando una por una y repitiéndole que nunca se separara de ellos si un día él faltaba.

La familia hizo su casa y se dedicó a plantar semillas. Emilio les brindó su ayuda y fue recibido con cariño y con el paso del tiempo se fue a vivir con ellos. Se sintió como si hubiera recuperado la que había perdido hacía tanto tiempo y que no pudo disfrutar.

Una vez oyeron a Bello trinar de un modo diferente. Todos fueron a verlo y Emilio le preguntó mientras lo acariciaba:

– “¿Qué te sucede, Bello, por qué trinas así tan triste como el día en que te hirieron?”

– “Me estoy muriendo y en esta ocasión no podrás hacer nada por mí; pero no quiero verte llorar como aquella vez, dame sepultura cerca de tu nueva casa. Si se encuentran en problemas, vayan a mi tumba y pídanme ayuda. Mi buen Emilio, me voy tranquilo porque te dejo en buenas manos” -y murió lanzando su último trino.

Todos lloraron al sepultarlo.

Emilio colocó una cruz y escribió en ella: Aquí yace el pájaro más bello, quien me hizo sentir la felicidad.

Y cuentan que todas las mañanas los pájaros traían flores en su pico y las colocaban en la tumba. Emilio buscaba las más olorosas y las ponía allí donde, a veces en las noches, se escuchaba un trino alegre ¿Sería Bello, regocijado al ver feliz a Emilio? ¡Quién sabe!

Fin.

El niño-pez-pájaro es un cuento de la escritora Gisela de la Torre © Todos los derechos reservados. Cuento que nos envió su autora a través del formulario de publicación.

Sobre Gisela de la Torre Montoya

Gisela de la Torre Montoya - Escritora

“Soy Gisela de la Torre Montoya, escritora de Santiago de Cuba, Cuba. Tengo varios libros publicados en mi país y en revistas de México, España y en Argentina en la revista Cyber Countries. También en Argentina me publicaron en una antología donde muchos escritores del mundo tuvimos la dicha de exponer nuestros cuentos. Fue publicada por la editorial Vuelta a Casa de Buenos Aires, y presentada en el 2013 aquí en Santiago de Cuba por el argentino Ángel Kandel.”

Gisela es narradora; ha obtenido premios en certámenes como ProversoLeer es saber, y Ángelus; también, ha integrado jurados en “Leer es saber” y “Samuel Feijoo”.

De ella son los títulos:

  • “La sirena que quería las estrellas (Ediciones Santiago, 2011);
  • “El nido” (Editora Abril, 2012);
  • “El cerdo comilón” (Editora Abril, 2013);
  • la antología Café con Letras-La Re-evolución de la Palabra (Editorial Vuelta a casa, de Buenos Ares, Argentina, 2013).

Ha publicado la antología “La fuerza del mundo”, y en varias revistas argentinas, españolas y mexicanas. También en la revista “El Papalote” y el folletín “La Chiringa”, en Bayamo, Cuba.

“Porque leer hace más hermoso al mundo y así ayudo a que las personas de cualquier edad aprendan o al menos se interesen por las cosas bellas que nos rodean.”

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