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El viento y la furia 🌊 Aguantando golpes, ráfagas de fuerte viento, agua salada en la cara, pasaron ese resto de la tarde y la noche…

“Sentados en la playa, frente al mar caribe, cerca donde desagua el río Palomino, un rio perezoso que nace en la Sierra Nevada, el patrón de la lancha años después, me contó esta historia, mirando al frente, hacia allá tantas millas adentro, donde casi pierde la vida”.

Samuel Gutiérrez Ospina

«El viento y la furia» del escritor colombiano Samuel Gutiérrez Ospina narra la odisea de un grupo de pescadores artesanales enfrentando la implacable ira del mar. Desde las costas de Palomino, se adentran en aguas profundas en busca de su sustento, solo para ser sorprendidos por una repentina tormenta. Atrapados en una lucha desesperada contra las olas y el viento, su destino pende de un hilo. La narrativa te llevará a reflexionar sobre la crudeza de la naturaleza y la resistencia humana frente a la adversidad. Una historia corta pero que te dejará sin aliento, revelando la fuerza de la solidaridad en los momentos más oscuros.

El viento y la furia

“Salimos a las 4am. Madrugados para lograr llegar a la parte más profunda del mar donde las aguas son azules, a pescar pargos rojos y lo que cayera en las redes. Los pescadores artesanales éramos, yo el patrón y cuatro tripulantes. Partimos de las playas de Palomino, corregimiento de Dibulla-Guajira. Estaríamos por cuatro días faenando”. Decía el pescador.

… Me contó que navegaron mar adentro unas 50 millas náuticas, unos 93 kilómetros, en una lancha sin techumbre, pero con motor fuera de borda. Llevaban además de sus avíos de pesca, como anzuelos y atarrayas, una pimpina con gasolina de repuesto y una hornilla para cocinar los alimentos que serían algunos pescados de los sacados del mar, más unos plátanos para freír y agua mucha agua para tomar. El mar como siempre picado pero navegable a fuerza de motor.

Llegaron al sitio de pesca, el patrón ordenó lanzar el ancla la cual quedó enredada en unas piedras de un peñasco bajo el mar, pues eso abajo parece una montaña. Tiraron anzuelos y atarrayas y empezó la faena con muy buenos resultados, pues el fondo de la lancha con las neveras de Icopor con hielo se veía al poco tiempo, variopinta, ya de color rojizo o gris o azul, por lo pescado, pargos rojos, robalos, jureles.

El sol inclemente castigaba sus humanidades. Comieron algo, cuando a mitad de la tarde, de un momento a otro empezó a soplar un viento del noreste, el cual siempre viene acompañado de fuertes y constantes lluvias, que oscurecieron la tarde. Empezó el oleaje a vapulear con fuerza la nave. El patrón ordenó levar el ancla para evitar lo que se venía, saliendo de allí a buscar rápidamente aguas más tranquilas, pero al tirar de ella, descubrieron que estaba atorada. A pulmón uno de ellos bajo siguiendo la cuerda del ancla unos tres metros a destrabarla, pero no lo logró.

El viento y la furia - Cuento de Samuel Gutiérrez Ospina

Mientras tanto los demás habían sido arrojados al agua junto con lo obtenido, por el fuerte bamboleo de la nave, que asida al ancla, subía y bajaba sin control en esos vórtices, por la furia de las aguas y con el peligro de las hélices y el peso del motor amenazantes; inmediatamente el patrón ordenó como pudieran, atarse con los cabos a las troneras de la lancha, que al final terminó volteada y quedó panza arriba, y no se hundió por la bolsa de aire que queda al virarse.

Trataron de subirse a ella, pero les fue imposible, pues el oleaje los estrellaba contra ella, de manera que quedaron a merced de las fuertes olas y el rugiente vendaval. El quedar trabada el ancla les favoreció algo, pues sino la lancha habría sido arrastrada por él mar y ellos quedarían en medio de las aguas.

Así, aguantando golpes, recibiendo ráfagas de fuerte viento, de agua salada en la cara, pasaron ese resto de la tarde y la noche, ateridos de frio, magullados por los golpes constantes contra la embarcación, tragando agua salada, sin alimentarse y sin tomar agua potable, encalambrados de piernas y manos.

Ya casi amaneciendo amainó la tempestad, el oleaje bajo algo su furia, y el viento perdió fuerza. El patrón les pidió se subieran a la panza de la lancha por turnos de dos, y así algo calmaron su dura situación. Pasaron ese nuevo día y otra noche en ese tormento. Fueron dos días y dos noches a merced de la furia del mar y los elementos. El patrón constantemente animaba a sus hombres estando igual de cansado y aporreado como ellos.

Mientras tanto -continúo contándome- “los pescadores en la playa al ver que pasaron ya los cuatro días, al fin de los cuales ya debían haber regresado, se preocuparon, y tomaron la decisión de salir a buscarnos. Se fueron para los diferentes sitios de pesca con la esperanza de hallarnos. Una de las lanchas de búsqueda se encontró con la pimpina de gasolina que pasaba flotando, y con preocupación y miedo aceptaron que nos habíamos volteado.

Aun así, aceptando lo peor, no perdieron la fe y siguieron buscando en esa dirección y al fin nos hallaron totalmente desfallecidos, con lo último que nos quedaba de fuerzas, aceptando la muerte, quemados labios y caras y con ulceras faciales por la sal y el viento, totalmente entumidos, y suplicando por un poco de agua”.

“La bendita solidaridad, nos salvó de un trágico final. La unión del cuerpo del gremio de pescadores salió avante y salvaron cinco vidas, que se hubieran perdido si hubieran perdido la fe”.

Fin.

Playas de Palomino-Guajira, febrero 26 de 2024.

El viento y la furia es un cuento del escritor Samuel Gutiérrez Ospina © Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin el consentimiento expreso de su autor. Parte de Historias en Yo Mayor. Feb-2024.

Sobre Samuel Gutiérrez Ospina

Samuel Gutiérrez Ospina - Escritor

Por jugadas del destino, y en plena violencia política, año 1950, nació en el Puerto de Buenaventura, hijo de un manizalita y una armenita.

«¡Qué bueno ha sido ser porteño!»

El obispo Valencia Cano, quiso tener clero nativo y fue uno de los elegidos para ir al seminario. El sueño duro poco. Terminó el bachillerato y fue a Cali, porque quería licenciarse y ser maestro. Otro deseo fallido.

Sus cuatro hijos son profesores universitarios y de colegio de Bachillerato. Lo lograron por él, para cumplir su deseo. Su esposa da clases de manualidades y él trabaja con chicos como promotor de lectura.

Se graduó en el SENA técnico en Relaciones Industriales, y se dedicó a tender puentes con sus semejantes. Se convirtió en vendedor profesional.

Samuel Gutiérrez Ospina siempre ha estado ligado a los libros y la escritura ha sido una permanente compañera de vida. Caminar, mochiliar, montar bicicleta son sus pasatiempos.

Por su esposa, conoció a Historias en Yo Mayor y fue posible así, contar las historias que ya tenía escritas, y escribir otras.

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Comentarios y Reflexiones

  1. Foto del avatar

    Una historia muy bien contada la de Samuel, llena de muchas emociones y enseñanzas. La fe, la solidaridad y la resiliencia logran que estos personajes puedan salir avantes de esta travesía.

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