El hada de la navidad de Cristián

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El hada de la navidad de Cristián es uno de los cuentos de la escritora Marisa Aragón Willner sugerido para niños a partir de ocho años.

Cristian, morenito ojos claros como el azul del verano, guardó su cuadernito en la mochila de paño y se sentó en el cordón de la vereda a esperar a Rafa, su hermano mayor, que pasaría con un carro a juntar los cartones que había apilado Cristian durante toda la tarde.

Mientras esperaba apretó contra su corazón su cuadernito, le tenía cariño porque su inglés algo había mejorado desde los primeros días de clase y su maestra estaba contenta, pero él sabía y guardó el secreto en su corazón, había encontrado a una joven señora llamada Alina que cuando tomaba su hora de almuerzo, le ayudaba a hacer sus deberes y le aclaraba todo lo que no entendía.

Como todos los mediodías de martes y jueves, habían almorzado un sándwich a medias que Alina tomaba de su vianda. Esos días decía lo preparaba doble con mucho jamón y queso como le gustaba a Cristian su parte y con más verduras para ella. Qué contento estaba Cristian de verla llegar a la plazoleta al mediodía, enseguida abría su cuaderno y le contaba los progresos de la última clase.

Ese día había pensado que cuando fuera Navidad, con lo que Rafa le daba por apilar muchos cartones, juntaría para un regalo, algo como un collar con piedrecitas de mar y brillantes, ya se la ingeniaría para ir a comprarlo sin que lo miren mal, por su carita sucia o pensando que había robado el dinero.

De pronto ensimismado en sus pensamientos sentado en el cordón de la vereda, algo preocupado porque el carro de Rafa no llegaba y tenían que llegar a la estación de tren, fue arrancado de sus pensamientos por el chirrido de un automóvil y un grito de mujer, sí la vio de pronto volar por el aire y caer pesadamente junto al cordón de la vereda.

Corrió dejando su puesto de cartones esa media cuadra porque algo le tembló en su corazón cuando descubrió que la chica tenía una falda del mismo color que la que ese día lucía Alina en la plaza.

En un rato llegó la ambulancia pero todo fue tarde, el hermoso color de sus mejillas y su cabello rubio peinado de costado, estaban transformados y un rostro pálido le miraba desde un charco de sangre.

-¡Alina! …. señora Alina le dijo respetuoso, y se agachó y le tomó una mano…

– ¿La conoces chiquito?- le preguntó el paramédico…

– Si, es mi amiga que me ayudaba en mis clases de inglés ¿qué le pasó?- preguntó preocupado tomando su mano.

-Bueno amiguito, tu amiga está muy grave, debes déjarnos atenderla, ve a tu lugar ahora que ya viene el doctor .

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De su carita corrieron unas lágrimas y luego fue obligado a desplazarse y dejar trabajar a los médicos de emergencia. Aunque se mordiera todas las uñas ya no sabría más nada. Triste quedó en la vereda, luego vendría Rafa y lo llevaría a la rastra siempre a las apuradas porque se perderían el último tren a casa …

Así que llegaron los días y Cristian entristeció pues su amiga Alina no apareció más y él nada sabía de ella, pero cuando iba llegando la Navidad se acordó de su deseo de comprarle un regalo y fue a una tienda de carteras, bijouterie, cosas que nunca había comprado para nadie, ni para la mamá ni para las tres hermanas.

No sabía cómo pedirlo pero vio uno en el exhibidor y le pidió ese que le quedaría ideal a la señorita Alina, era verde y turquesa con pequeñas piedrecitas opalinas aliladas. Le pareció frente a la caja, que la vendedora dudaba tuviera dinero, pero él desenvolvió un paquetito cuidadosamente cerrado en su bolsillito con botón y contó todos los billetes que alcanzaban con bien a pagar la compra.

Retuvo el regalito consigo con la ilusión de poder ver a Alina un día antes de la Navidad y así pasaron las semanas y cuando su ánimo decaía sin encontrar ni saber nada de Alina, alguien se paró suavecito a su lado.

Estaba mirando el piso, cabizbajo y de repente, vio sus bonitos zapatos claritos y sus piernas y su vestido todo blanco, y su rostro. Ella descendió su cuerpo hasta que su cara tocó la del niño y le acarició el cabello.

Él abrió sus ojos azules, bien grandes sin poder dar crédito a la hermosura que tenía tan cerquita, ¿Era o no su amiga Alina? No lo sabía, había algo angelical en ella, muy parecida pero su rostro, su rostro era níveo y transparente y sus manos suaves como unos pétalos de rosa …

– No temas Cristian, yo soy Alina, vine a visitarte antes de la Navidad para decirte que nunca te voy a olvidar. Te quiero mucho y extraño los días de la plaza cuando comíamos juntos, pero ahora algo ha pasado conmigo y ….¡Ya no podré ayudarte en inglés!

– Ah… inglés -protestó Cristian -Ya pasé de curso señorita Alina. Desde el accidente, tampoco la olvidé ningún día y ando con un regalito para que use el día de navidad, se lo compré con mis ahorros y se lo quiero dar. Y sacó el hermoso collar de su paquetito …

– ¡Un regalo Cristian ! qué bonito, estoy en un lugar donde ya nadie piensa en regalos , pero me gustará recibir el tuyo, y viendo que es un collar, te pediré me lo coloques – y girando quedó de espalda , el niño puso el collar a su cuello y con sus pequeños dedos cerró el ganchito, justo en el momento que todo el collar se convertía en un hilado de azahares, con un suave perfume inundando toda la calle gris de la Tierra.

¡Ella era un hada, un hada de Navidad!-pensó Cristian -ahora toda envuelta en flores, solo rostro y manos al viento, y se agachó para dejar ¡Un beso único, invisible y eterno en la carita de Cristian!

Fin

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El hada de la navidad de Cristián es uno de los cuentos de la escritora Marisa Aragón Willner sugerido para niños a partir de ocho años.

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