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El 谩rbol 馃尦 Se lleg贸 a la triste conclusi贸n de que era necesario cortar el 谩rbol. Hubo llantos, lamentos, gemidos.

Por Sophia de Mello Breyner Andresen. Cuentos sobre 谩rboles

"El 谩rbol", escrito por Sophia de Mello Breyner Andresen, narra la historia de una isla cuya felicidad depende de un 谩rbol gigantesco. Su sombra alimenta la vida de la comunidad, pero su crecimiento oscurece la mitad de la isla. Ante la dif铆cil decisi贸n de talarlo, los habitantes encuentran una soluci贸n ingeniosa que transforma su destino. Con maestr铆a, la autora teje una narrativa cargada de amor por la naturaleza y la tradici贸n japonesa, explorando la relaci贸n entre el hombre y su entorno. Este cuento, lleno de magia y reflexi贸n, invita a descubrir la esencia de la vida en cada palabra.

El 谩rbol

脡rase una vez un 谩rbol enorme que crec铆a en una isla muy peque帽ita. La historia sucedi贸 en un tiempo muy lejano, en el archipi茅lago del Jap贸n.

Los japoneses sienten un gran amor y respeto por la Naturaleza y tratan a todos los 谩rboles, flores, arbustos y setos con el mayor de los cuidados y con un cari帽o constante. Por eso no resulta extra帽o que el pueblo de esta isla se sintiese tan feliz y orgulloso de poseer un 谩rbol tan alto y tan bello.

El 谩rbol - Cuento de Sophia de Mello Breyner Andresen

En ninguna otra isla, ni aun en las m谩s grandes, exist铆a otro 谩rbol de un tama帽o similar. Hasta los viajeros que pasaban por all铆 dec铆an que nunca hab铆an visto un 谩rbol tan alto, con la copa tan frondosa y bien formada, ni siquiera en Corea ni en la China. Y, en las tardes de Verano, la gente acud铆a a sentarse bajo la ancha sombra y admiraba el grosor rugoso y bello del tronco, se maravillaba con la suave frescura de la sombra y con el suspirar de la brisa entre el follaje perfumado.

As铆 fue durante varias generaciones.

Pero con el paso del tiempo surgi贸 un problema terrible y, por m谩s que todos meditaran y discutieran, nadie fue capaz de encontrar una buena soluci贸n. A lo largo de los a帽os, el 谩rbol hab铆a crecido tanto, sus ramas eran tan largas, su follaje tan espeso y su copa tan ancha que, de d铆a, la mitad de la isla quedaba siempre a la sombra.

De modo que a la mitad de las casas, de las calles, de las huertas y de los jardines nunca les daba el sol. Y, en la mitad umbr铆a, las casas estaban cada vez m谩s h煤medas, las calles se hab铆an vuelto tristes, en las huertas ya no crec铆an las hortalizas, los jardines ya no daban flores.

Y la gente que viv铆a all铆 estaba siempre p谩lida y resfriada. A medida que la sombra del 谩rbol crec铆a, crec铆a tambi茅n la preocupaci贸n. La gente se lamentaba:

驴Qu茅 podemos hacer? 驴Qu茅 podemos hacer?

Se decidi贸 por fin que la toda poblaci贸n se reuniese en consejo para estudiar bien el problema y encontrar una soluci贸n. Discutieron durante muchos d铆as y, despu茅s de escuchar las opiniones de los reunidos, se lleg贸 a la triste conclusi贸n de que era necesario cortar el 谩rbol. Hubo llantos, lamentos, gemidos.

El 谩rbol era bello, antiguo y venerable. Hacerlo desaparecer no s贸lo entristec铆a a los habitantes de la isla sino que tambi茅n les asustaba. Pero no hab铆a m谩s remedio y finalmente casi todos aceptaron que hab铆a que talarlo. En el lugar en el que antes se ergu铆a el 谩rbol resolvieron plantar un peque帽o bosque de cerezos, pues los cerezos nunca crecen demasiado.

Talar el 谩rbol fue dif铆cil y todo el mundo tuvo que ayudar. Pero, una vez cortado, surgi贸 otra dificultad: el 谩rbol ocupaba tanto espacio que la isla se qued贸 sin sitio para nada m谩s.

Por eso empezaron a trocearlo muy deprisa.

Primero cortaron las ramas y su madera se reparti贸 entre todos, para que cada uno pudiese fabricar algo que le recordase a su 谩rbol tan amado. Algunos hicieron peque帽as mesas, otros balcones para sus casas, otros tallaron marcos para los biombos y otros fabricaron cajas, bandejas, cuencos, cucharas, peines y horquillas para adornar el cabello de las mujeres.

Al final qued贸 s贸lo el enorme y grueso tronco desnudado, tumbado a trav茅s de la isla. Entonces empezaron a llegar viajeros y armadores que quer铆an aquella magn铆fica madera para fabricar barcos. Pero la poblaci贸n no quiso. Se reunieron todos otra vez en consejo y decretaron:

"Los habitantes de esta isla no quieren separarse del 谩rbol que tanta alegr铆a les dio antes de hacerse demasiado grande. Vamos a construir nuestro propio barco".

Y as铆 fue.

Cuando acab贸 la lluvia de Oto帽o, dejaron secar el tronco durante largos meses y, en cuanto vieron que la madera ya estaba seca, se pusieron manos a la obra. Como son un pueblo muy inteligente, los japoneses trabajan muy bien, muy deprisa y con mucho esmero y son magn铆ficos carpinteros.

Por eso construyeron r谩pidamente una enorme y preciosa barca, que tallaron y pintaron de muchos colores. Entonces celebraron una gran fiesta y la barca fue lanzada al mar.

Por la noche hubo fuegos artificiales y en todas las calles y plazas se encendieron farolillos de papel, azules, amarillos y rojos. A partir de entonces, la vida del pueblo fue mucho m谩s animada y variada y casi todos se hicieron mucho m谩s ricos. Antes, como la isla era tan peque帽a, sus habitantes s贸lo pose铆an peque帽os barcos de pesca y s贸lo pod铆an navegar hasta las islas vecinas.

Cuando alguien necesitaba ir m谩s lejos ten铆a que buscar sitio en algunas de las naves grandes que de vez en cuando pasaban por all铆.

Ahora todo hab铆a cambiado.

Gracias a la gran barca navegaban con frecuencia de isla en isla, daban grandes paseos por el mar y hac铆an magn铆ficos negocios.

A veces, en las noches tranquilas de Verano o de Oto帽o, alg煤n grupo de personas embarcaba y llegaba hasta alta mar para contemplar la luna llena sobre el agua. O rodeaba la isla junto a la costa, hasta el extremo sur, para admirar desde all铆 los contornos negros de las rocas recortados sobre la claridad tenue y azulada de la luz de la luna.

Despu茅s, en el Invierno siguiente, los isle帽os comentaban esos paseos, comparaban todo lo que hab铆an visto, discut铆an cu谩l hab铆a sido la noche m谩s bella, el m谩s bello paisaje. A medida que pasaba el tiempo, los cerezos que hab铆an plantado iban creciendo y poni茅ndose m谩s bellos.

Por eso la gente de la isla pas贸 a celebrar todos los a帽os la fiesta de los cerezos en flor. Cuando acababa el Invierno y la Primavera ya se atisbaba todo se llenaba de animaci贸n. Los canteros, los toneleros y los carpinteros sal铆an a trabajar al aire libre y se re铆an y cantaban mientras esculp铆an, serraban, martillaban. Hab铆a gran revuelo y la gente se apresuraba por las calles: corr铆an a las tiendas de tejidos a comprarse kimonos de Primavera para lucirlos el d铆a en el que pudiesen ir a admirar el primer reventar de las flores.

Y en las calles, en los jardines, en los campos, ya se ve铆an los membrillos, los manzanos y los cerezos cargados de capullos cerrados. En el centro del pueblo aparec铆a un mono amaestrado, vestido con una chaquetilla azul y acompa帽ado por su due帽o. Ni帽os y adultos se arremolinaban para admirar las habilidades del animal.

Los ni帽os se quedaban mudos de asombro cuando aparec铆a un gran le贸n de papel que ven铆a calle arriba con un andar oscilante, acompa帽ado por dos hombres vestidos con kimonos amarillos. Pasaban por todas las calles y por 煤ltimo se deten铆an bajo las ramas de los cerezos. Entonces los hombres del kimono amarillo redoblaban los tambores y el le贸n empezaba a bailar.

Y uno de los hombres cantaba:

Ya danza el le贸n
Bajo el cerezo
Al son de los tambores
Su baile abre
M谩s pronto las flores

Al d铆a siguiente, las peque帽as flores de color rosa estaban totalmente abiertas en las ramas de los cerezos.

** Durante muchos a帽os, la vida en aquella isla transcurr铆a con gran alegr铆a y animaci贸n.

Pero, a pesar de ese gozo, de los buenos negocios y de los grandes paseos, todos recordaban con a帽oranza el viejo 谩rbol.

隆Qu茅 alto y hermoso era! 鈥 dec铆an.

隆Qu茅 perfumada era su sombra!

隆Qu茅 dulce y leve era el susurrar de la brisa en sus hojas!

隆Qu茅 redonda y bien formada era su copa!

隆Qu茅 verdes y bien dibujadas eran sus hojas!

隆Qu茅 suave era el frescor bajo sus ramas en las ma帽anas de Verano!

Y as铆 el 谩rbol segu铆a vivo en sus palabras y en sus pensamientos.

**

Los a帽os fueron pasando.

Hasta que los marineros y los calafates descubrieron que estaba ocurriendo una enorme desgracia: la madera de la quilla de la gran barca hab铆a empezado a pudrirse.

Ay de nosotros! 鈥攍loraban los habitantes鈥. No daremos m谩s paseos por el mar en las noches de luna llena, nunca m谩s podremos visitar otras islas, no haremos m谩s negocios.

Pero los comerciantes los tranquilizaron.

Durante estos a帽os 鈥攄ijeron鈥 gracias a nuestra gran barca, hemos navegado de isla en isla, de puerto en puerto, comprando y vendiendo, e hicimos negocios tan buenos que obtuvimos mucho dinero. Por eso, como aqu铆 no hay otro 谩rbol tan grande, y los 谩rboles que tenemos ahora nos hacen mucha falta, estamos dispuestos a ir a otras islas a comprar buena madera. Y entre todos podemos construir otra gran barca.

La poblaci贸n aplaudi贸 estas palabras y estuvo de acuerdo con el proyecto.

La nueva barca estuvo lista en pocos meses y pudieron volver a navegar. Entonces arrastraron la barca vieja hasta la playa.

El pueblo la rode贸 en silencio, sintiendo gran tristeza, y los carpinteros y los calafates la examinaron tabla a tabla. La madera del casco, del comb茅s y de los bancos estaba medio podrida y s贸lo serv铆a para quemar.

Pero el m谩stil grande que se obtuvo del tallo del viejo 谩rbol a煤n estaba sano y bien conservado.

Con este m谩stil tenemos que hacer algo que nos recuerde a nuestro antiguo 谩rbol y a nuestra a barca 鈥攑ropuso el jefe de la isla.

Despu茅s de mucho pensarlo decidieron hacer una biwa, un la煤d japon茅s de cuatro cuerdas. Cuando la obra estuvo acabada, la poblaci贸n se reuni贸 en la plaza mayor y se sentaron en silencio alrededor del mejor m煤sico de la isla para escuchar el sonido de la biwa.

Pero, apenas los dedos del m煤sico hicieron resonar las cuerdas, del interior de la biwa se alz贸 una voz que cant贸:

El 谩rbol antiguo
Que cant贸 en la brisa
Se volvi贸 cantiga.

Entonces todos comprendieron que la memoria del 谩rbol jam谩s se perder铆a y que nunca dejar铆a de protegerlos, porque los poemas pasan de generaci贸n en generaci贸n y son fieles a su pueblo.

Fin.

Madrid, Talis SL, 2005

Sobre Sophia de Mello Breyner Andresen

sophia de mello breyner escritora

Sophia de Mello Breyner Andresen (1919-2004) fue una destacada poetisa portuguesa del siglo XX. Nacida en Oporto el 6 de noviembre de 1919, provino de una familia con ra铆ces danesas y una s贸lida posici贸n en la oligarqu铆a portuguesa. Creci贸 en la Quinta de Campo Alegre, que luego se convirti贸 en el Jard铆n Bot谩nico de la Universidad de Oporto. Desde una temprana edad, mostr贸 un amor por la poes铆a y la literatura, influenciada por los recuerdos de su infancia y sus estudios universitarios.

Estudi贸 Filolog铆a Cl谩sica en la Universidad de Lisboa, donde tambi茅n se involucr贸 en movimientos cat贸licos y colabor贸 con la revista Cadernos de Poes铆a. En 1939, regres贸 a Oporto y comenz贸 a escribir poes铆a de manera m谩s seria, publicando su primer libro, "Poes铆a", en 1944. En 1946, se cas贸 con Francisco Sousa Tavares y se traslad贸 a Lisboa, donde cri贸 a sus cinco hijos.

La obra de Andresen aborda temas como el mar, la naturaleza, la infancia y la justicia social, con un estilo po茅tico caracterizado por la sobriedad y la riqueza simb贸lica. Tambi茅n incursion贸 en la narrativa infantil y el teatro, adem谩s de destacarse como traductora.

Reconocida internacionalmente, recibi贸 numerosos premios, incluyendo el prestigioso Premio Cames en 1999 y el Premio Reina Sof铆a de Poes铆a Iberoamericana en 2003. Falleci贸 el 2 de julio de 2004 en Lisboa, dejando un legado literario que perdura hasta hoy.

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