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El Árbol de los Frutos Justos 🍊🥭 “Dios plantó este árbol… lo más asombroso era que cada fruto que daba tenía un propósito”

En el corazón del pueblo de Maturín se alzaba majestuoso «El Árbol de los Frutos Justos«, cuyas ramas cargadas de magia ofrecían frutas que simbolizaban la igualdad y la equidad. Los niños se congregaban a su sombra para escuchar la historia de su origen contada por el anciano Samuel, quien les enseñaba que cada fruto tenía un propósito: el mango representaba la igualdad, mientras que la naranja, la equidad. Inspirados por esta lección, los niños aprendían a compartir y ayudar a los demás, convirtiendo al árbol en un símbolo vivo de justicia y compasión en este lugar.

Pero antes de comenzar con el cuento, veamos ¿qué es el equidad? y ¿qué es la igualdad?

¿Qué es el equidad?

Equidad es cuando todos reciben lo que necesitan. Es como asegurarse de que cada persona tenga las mismas oportunidades y ayudas según lo que requiera, sin importar si son diferentes o están en situaciones distintas. Por ejemplo, si alguien necesita más ayuda que otro, la equidad significa darle esa ayuda extra para que todos estén en igualdad de condiciones. Es como repartir las cosas de manera justa para que nadie se sienta excluido o desfavorecido.

¿Qué es la igualdad?

La igualdad significa tratar a todas las personas de la misma manera, sin importar cómo se ven, de dónde vienen o qué pueden hacer. Es como asegurarse de que todos tengan las mismas oportunidades y derechos. Por ejemplo, en un juego, todos deben tener las mismas reglas y oportunidades para ganar. La igualdad es cuando cada persona es valorada por quién es y se le da el mismo respeto y tratamiento justo, sin importar sus diferencias. Es como decir que todos somos importantes y merecemos ser tratados con amabilidad y justicia.

El Árbol de los Frutos Justos

El Árbol de los Frutos Justos - Cuento sobre la equidad y la igualdad

Había una vez un pequeño pueblo llamado Maturín, rodeado de verdes colinas y campos. En el centro del pueblo en la plaza principal, crecía un antiguo árbol llamado “El Árbol de los Frutos Justos”. Este árbol era especial porque producía frutas mágicas que representaban los valores de igualdad y equidad.

Un día, los niños del pueblo se reunieron bajo el árbol para escuchar la historia de su origen. El anciano Samuel, con su cabello blanco y ojos brillantes, comenzó a contar:

― Hace muchos años, cuando el mundo era joven, Dios plantó este árbol en el corazón de Maturín. Sus ramas eran fuertes y sus raíces profundas. Pero lo más asombroso era que cada fruto que daba tenía un propósito.

Los niños miraron con curiosidad mientras Samuel continuaba:

― El primer fruto que creció fue un mango. Era con tonalidades rojas y amarillo, grande y jugoso. Representaba la igualdad. Todos los habitantes del pueblo tenían derecho a recoger mangos del árbol. Nadie era más importante que otro.

Los niños asintieron, imaginando a todos compartiendo los mangos por igual.

― Sin embargo ―continuó Samuel―, el segundo fruto fue una naranja de un color dorado esplendido. Era dulce, carnosa y suave. Esta naranja simbolizaba la equidad. A veces, algunos necesitaban más ayuda que otros. Entonces, el árbol daba más naranjas a quienes más lo necesitaban.

Los niños se preguntaron cómo el árbol sabía cuándo dar mangos o naranjas.

― La respuesta está en la Biblia ―dijo Samuel. Dios nos enseña a amar al prójimo como a nosotros mismos. Eso significa tratar a todos con igualdad, pero también ser justos y compasivos.

Los niños se quedaron pensativos. ¿Cómo podían aplicar esto en su vida diaria?

Entonces, un niño llamado Daniel levantó la mano.

― ¿Y si alguien tiene hambre y no puede alcanzar los mangos o las naranjas?

Samuel sonrió.

― Eso es cuando debemos ayudar. Como el buen samaritano que cuidó al herido en el camino. Dios nos llama a ser justos y a compartir.

Los niños se comprometieron a seguir el ejemplo del árbol. Cada día, recogían manzanas y naranjas, compartiéndolas con sus vecinos. A veces, incluso intercambiaban frutas para asegurarse de que todos tuvieran lo que necesitaban.

Y así, el Árbol de los Frutos Justos se convirtió en un símbolo de igualdad y equidad en Maturín. Los niños aprendieron que todos merecen respeto y compasión, y que la verdadera justicia es dar a cada uno según sus necesidades.

Y así concluye nuestro cuento, queridos niños. Que el Árbol de los Frutos Justos nos inspire a vivir con igualdad y equidad en nuestros corazones y acciones.

Fin.

El árbol de los frutos justos es un cuento del escritor Luis Arístides Benavidez Ydrogo © Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin el consentimiento expreso de su autor.

Sobre Luis Arístides Benavidez Ydrogo

Luis Arístides Benavidez Ydrogo - Escritor

«Soy Luis Aristides Benavidez Ydrogo hijo de Luis Antonio Benavides Martinez y Balbina Ydrogo de Benavides, venezolano del oriente del país, radicado en Lima Perú desde el 2017».

«Somos una familia conformada en su origen por 7 integrantes: padres e hijos, actualmente mi padre ya no está en este plano físico así como me hermano Williams, sobrevivimos mis hermanos Marlenis, Marisol y Richard junto a nuestra madre, tenemos una hermana fuera del matrimonio, ella es Francelina. Tengo más de una docena de sobrinos y 2 bisobrinos, 2 nietos que la vida me regaló y soy amante de los niños».

Luis es Tecnólogo en Informática, Licenciado en Gerencia de Recursos Humanos egresados de la Casa Más Alta del Oriente del País (UDO), Profesor en Informática (UPEL) e Ingeniero en Informática (UPTNM Ludovico Silva), con certificaciones en Soporte Técnico, Desarrollo de Software, Locutor y Operador de Estaciones Radioeléctricas. Especialista en Investigación Holística, dedicado a la docencia universitaria por más de 25 años, titiritero y animador Sociorecreativo.

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