Feliz Navidad ⊛ Con lo que ha recolectado no le alcanza para comprar los regalos que desearía darle a su familia.

Por Francisco Javier Arias Burgos. Cuentos de Navidad.

¡Feliz Navidad! es una expresión de deseo que se suele usar mucho antes, durante y después de la Nochebuena. Sin embargo, quizás poco nos detenemos a pensar qué es lo que realmente significa, lo hacemos en forma casi automática. En este cuento de Francisco Javier Arias Burgos, el deseo se cumple de una manera sencilla pero cambia la vida de una persona, en devolución de su actitud de humildad y honradez. Un hermoso cuento, como ya nos tiene acostumbrados Francisco, recomendado para toda la familia.

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Feliz Navidad

Como todos los días desde muy temprano en la mañana, Santiago sale con su carretilla a buscar el sustento de su familia entre las basuras que la gente deja en las canecas o en bolsas a lo largo de su fatigante recorrido, llueva o haga sol.

Se alegra cuando, muy de vez en cuando, encuentra algo que se necesite en su humilde hogar: una olla quemada, pero en buen estado, una pieza de ropa que pueda servir a alguno de sus cuatro hijos, una revista o un libro. Los costales que lleva se llenan por lo general de botellas plásticas o de vidrio, y de cartones, de papel periódico, de latas de gaseosa o de cerveza que aplasta para que haya más espacio en sus costales.

Los habitantes de los barrios que recorre lo aprecian porque es muy aseado: nunca deja regada la basura después de esculcar las bolsas, siempre saluda a quienes se encuentra en su camino, aunque no le respondan el saludo, siempre tiene una sonrisa para dar; quién lo creyera.

Hoy tiene que terminar más temprano porque es víspera de Navidad y sabe que al pie del pequeño árbol navideño de su rancho deben aparecer los regalos para sus hijos y para su humilde y abnegada esposa. Por más precaria que sea su situación económica, esa tradición está intacta en su casa. Hoy no será diferente.

Santiago nunca ha pedido una limosna, a pesar de saber que nadie se la negaría. Hay algo en él que inspira respeto a la gente, un aire de dignidad, una humildad que frena a quienes quisieran humillarlo, que no faltan. Como tampoco faltan los que, en esta fecha tan especial, le regalan un plato de natilla y buñuelos o un almuerzo o le desean una feliz Navidad, que agradece con un «Dios le pague» sincero.

Está un poco triste hoy. Sabe que el dinero que conseguirá con lo que ha recolectado no le alcanza para comprar los regalos que desearía darle a su familia.

Abre la última bolsa del día. No va a trabajar más, ya no le queda mucho tiempo para llevar lo recogido al acopio.

Feliz Navidad - Cuento

«¿Y esto qué es?», se pregunta intrigado al abrir el sobre en el que aparecen unos billetes que no conoce. Es un fajo grueso, con la figura de un señor de peluca y con aire solemne, muy distinta a la que se muestra en los billetes que le son familiares. Separa uno que tiene el número diez y lo guarda en el bolsillo derecho de su camisa. Lo muestra al dueño del acopio, que le pregunta de dónde lo sacó.

¿Qué hace usted con un billete de diez dólares, Santiago?

Patrón -le responde-, lo encontré en la calle.

Su intuición le dice que tiene entre las manos algo muy valioso. Decide no contarle sobre lo que ha encontrado en el sobre.

Le compro ese billete, Santiago. ¿Qué va a hacer usted con eso? No se lo reciben en ninguna parte. Le doy treinta mil pesos, que es lo que vale, más lo del reciclaje hoy. Ahí tiene cincuenta mil pesos. ¿Sí o no?

No, patrón, le agradezco su oferta, pero esto no es mío. Deme lo del trabajo, que con eso me defiendo.

Recibe los veinte mil pesos y sale agradecido. Sabe de quién es la última bolsa que abrió. La de color amarillo que la señora Jiménez, una viuda joven, deja en el antejardín de su casa, la menos bonita de la cuadra. A la cabeza de Santiago llega la imagen de los tres hijos de doña Rubiela Jiménez, con sus morrales de estudiante a la espalda en dirección al colegio los dos primeros, y a la universidad el último, el mayor.

Piensa en sus cuatro hijos, que también son estudiantes, aunque menores que los de ella. Si por un solo billete el patrón le pagaría treinta mil pesos, con los que encontró en ese grueso fajo haría una fortuna. Saldría de pobre.

Decide regresar al barrio en el que encontró ese sobre. Mira las lujosas casas de sus habitantes, se imagina las fiestas con las que celebrarán la Nochebuena. Todos bailan y beben y ríen, se dan abrazos, abren sus regalos. Pero en una de ellas, la menos lujosa de todas, habrá tristeza. Toca el timbre de la menos bonita.

Doña Rubiela, -le dice a la joven viuda-. Le traigo su aguinaldo.

¿Cómo se le ocurre, Santiago?, -le dice ella asombrada-. Soy yo quien debería regalarle algo a usted, pero hoy es imposible. Perdí los ahorros que tenía para pagarles el estudio y la universidad a mis muchachos, -le dice-. No encuentro el sobre en el que los guardaba con tanto cuidado, creo que los boté no sé dónde.

Tal vez estén en este sobre, -le dice Santiago entregándolo a la señora Jiménez-. Ya encontraré la manera de educar a mis hijos.

Es la Navidad más hermosa que Santiago recuerda.

Fin.

Feliz Navidad es un cuento del escritor Francisco Javier Arias Burgos © Todos los derechos reservados.

Sobre Francisco Javier Arias Burgos

Francisco Javier Arias Burgos - Escritor

Francisco Javier Arias Burgos nació el 18 de junio de 1948 y vive en Medellín, cerca al parque del barrio Robledo, comuna siete. Es educador jubilado desde 2013 y le atrae escribir relatos sobre diversos temas.

“Desde que aprendí a leer me enamoré de la compañía de los libros. Me dediqué a escribir después de pensarlo mucho, por el respeto y admiración que les tengo a los escritores y al idioma. Las historias infantiles que he escrito son inspiradas por mi sobrina nieta Raquel, una estrella que espero nos alumbre por muchos años, aunque yo no alcance a verla por mucho tiempo más”.

Francisco ha participado en algunos concursos: “Echame un cuento”, del periódico Q’hubo, Medellín en 100 palabras, Alcaldía de Itagüí, EPM. Ha obtenido dos menciones de honor y un tercer puesto, “pero no ha sido mi culpa, ya que solo busco participar por el gusto de hacerlo”.

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