¿Monstruos bajo la cama? Con amor, responsabilidad, respeto, tolerancia y verdad podremos vencerlos

Por Kary Rojas. Cuentos con valores para niños y niñas

Aunque este podría ser uno más de los cuentos sobre el miedo a la oscuridad que tienen muchos niños y niñas, la escritora colombiana Kary Rojas siempre le da una vuelta más a las historias y las llena de enseñanzas y de valores. Los monstruos debajo de mi cama es un cuento sobre una niña a la que durante las noches se le aparecen algunas criaturas tenebrosas, sin embargo, detrás de esos malignos personajes, se esconden algunas de sus más básicas debilidades. ¿Cuáles son los verdaderos “monstruos” a los que Irene debe vencer?

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Los monstruos debajo de mi cama

Monstruos debajo de mi cama - Cuento con valores

Todas las noches, cuando la luna aparece y llega la hora de ir a dormir, Mamá revisa minuciosamente el interior del armario y se asoma bajo la cama, para asegurarse que no hay nada.

– “Revisa muy bien mamá” -le dice Irene a su madre, con voz temblorosa y asustada.

Mamá besa su frente con ternura mientras le ayuda a cobijar; luego susurra a su oído:

– “Ya he revisado todo y no hay nada, acuéstate tranquila y no olvides rezar.”

Voy a apagar la luz, cierra los ojos y descansa, que mañana otro día será.

La puerta se cierra y el ruido que emite, se une al crujir de los pasos de mamá que se alejan, y de un sobresalto Irene, se espanta, cuando percibe al viento cerrar de un golpe la ventana.

– “Ahora con ese ruido, se van a despertar las criaturas que me aterran…”, -piensa Irene, escondida bajo sus sábanas.

Un pequeño rayito de luz se asoma penetrando por las cortinas; son los faroles de la calle que se encienden para que la noche no sea tan oscura.

– “Siento que algo me mira.” -piensa Irene… y trata de dar un vistazo, asomando sus inmensos ojos negros, que se encuentran de frente, con el oso de peluche que reposa en la repisa de juguetes.

– “Ese oso debe ser bueno, porque es un regalo de cumpleaños…” (se consuela ella misma, para no sentir pánico)

Algo sucede, el oso se mueve, ya no es un peluche, ahora parece de barro, se deforma, crece, desprende pedazos, como si se estuviera desmoronando.

El pánico paraliza a la pequeña de 7 años; quien por más que quiere esconderse, se queda mirando fijamente y percibe como aquel muñeco se va inflando, se va haciendo grande y da pasos, aproximándose a la cama de Irene, que intenta gritar, pero no puede.

– “Soy el EGOISTÓN… estoy relleno de egoísmo, no me gusta compartir con nadie, quiero todo para mí y sólo pienso en mí mismo.” -dice con voz ronca, la rara y horrenda figura de barro.

– “¡Aléjate de mí, no te conozco!” -grita Irene dando manotazos tratando de derribarlo, pero sus esfuerzos son vanos, no puede alcanzarlo; porque de un salto, el feo monstro se oculta bajo su cama.

La niña, escucha su corazón retumbar, como si fueran mil tambores tocando; cierra sus ojos aterrada y de repente como una película, pasa por su memoria, todas las veces en que ha sido egoísta: como la vez en que no permitió jugar a Carlota sólo porque no le agrada, aunque casi no la conozca. También recordó, el día en que no compartió sus colores con Ángela, porque es una niña pobre que no viste a la moda.

Sintiendo un nudo en la garganta, Irene se esconde bajo su manta, y experimenta que algo camina por sus pies, los sacude y se da cuenta que un gusano verde y de piel áspera pasea por su piel, y un grito mudo sale de sus entrañas, pero nadie la escucha ni la ve.

– “Aléjate de mí, no me hagas daño”, -le dice Irene a la criatura extraña.

– “Soy la Envidicina, ¿por qué me temes? Si vivo porque me sientes y porque muchas veces respiras envidia…” -responde el gusano sin dientes.

– “No, ¡no puede ser!”, -exclama Irene; “¡No te conozco!, dime ¿Cuándo o cómo te he sentido?”

El Gusano hace un gesto como si respirara, y se hace grande, lo mismo que las finas espinas con las que acaricia la piel de la pequeña, quien llena de pánico, cierra sus ojos y de nuevo otras escenas aparecen en su mente: Esta vez recordó la pataleta que formó para que su madre le comprara un celular, aunque no tuviera edad para usarlo, pero su amiga Fernanda lo tenía y ahora ella también quería.

De un sobresalto, la imagen desaparece, pero otro recuerdo invade su memoria; fue la vez que se enojó porque su amiga Mariana sacó mayor calificación y recibió un elogio de la maestra, pero ella no. Y ese día no quiso hablarle a su compañera, a quien antes llamaba mejor amiga; pero pudo más el coraje que sintió por la envidia.

– “Comprendes lo que te digo”, -dijo el gusano; “la envidia aparece cuando la sientes o la respiras. Y es como yo, un gusano que crece y hace daño con sus espinas.”

De nuevo Irene se sacude y logra hacer que el gusano se aleje, pero ve como debajo de su cama se mete.

De repente un instante de calma se percibe en la habitación, Irene suspira y cree que ya todo pasó; pero un fuerte viento azota sus ventanas y la despoja de sus cobijas, que se toman vida como si fueran un fantasma. Esta vez el grito que dio parecía despertar a toda la ciudad, pero nadie la escucho, su voz no podía escapar.

– “¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?”

Se atrevió a preguntar Irene, mientras veía como danzando lentamente, la sabana sobrevuela por encima de su cabeza y una voz sale de ella:

– “Soy la mentira, esa que dices cada vez que quieres evadir una responsabilidad o salvarte de un problema. ¿Ahora sí me recuerdas?”

– “¡Oh No!”, -exclama Irene, con voz de arrepentimiento, mientras recuerda las tantas veces que ha mentido: como aquella en que culpó a su hermano Pedro de haber roto el florero; y la ocasión en la que dijo que no hizo la tarea porque enfermó, pero en realidad tuvo pereza de hacerla.

Sintiéndose muy avergonzada, Irene grita con más fuerza:

– “¡Mamá!…”

La sábana cae al suelo, y su madre esta vez sí escucha y acude a ella:

– “¿Qué tienes hija? ¡Despierta! Todo está bien, mamá está aquí…”

Irene abre los ojos, su corazón late a mil, y se da cuenta que todo fue un mal sueño, una pesadilla, tal vez porque olvidó rezar antes de dormir.

Ya cuando siente a su madre cerca, la abraza con fuerza, la besa y mamá le dice:

– “Todo va a estar bien, hijita mía; recemos juntas para que puedas dormir.”

Así mamá e hija elevan una oración e Irene comprende el porqué de sus pesadillas con monstruos escondidos debajo de su cama; por eso promete que mañana todo será diferente; su propósito es hacer las cosas bien, para poder vencer a los fantasmas que en sus sueños aparecen.

Pasaron uno y más días, Irene aprendió la lección, sabe que todo lo que le asusta es aquello que no hace bien, que contamina su mente y su corazón.

Por eso decidió actuar de otra manera, trata de dar lo mejor de sí misma, relacionarse con todos, en especial con Ángela y Mariana, quienes ahora son sus mejores amigas y juntas comparten lo que tienen y lo que son. Así fue como venció al monstruo de barro, quien se desintegró con Amor.

También aprendió de responsabilidad y respeto, ahora asume las consecuencias de lo que hace, pide disculpas y trabaja por hacer sus deberes a tiempo, para poder jugar y descansar, haciendo cada cosa en su momento… De este modo, se armó de sinceridad y logró ganarle al fantasma de la mentira, que desapareció.

Irene es una niña amable, ya no forma pataletas, ni exige que le den cosas; por eso su madre la sorprende con lo que siempre había soñado:

– “¡Qué lindo Perrito! Gracias Mami… me has regalado una mascota, un nuevo amigo al que llamaré Pipo, al que prometo cuidarlo y amarlo.”

Y cuando el día termina y llega la noche, mamá de nuevo pregunta:

– “¿Quieres que vea bajo tu cama y revise tu habitación?”

Pero esta vez, con una sonrisa Irene responde:

– “No es necesario mamá, ya sé que no hay nada, he vencido a los monstruos y fantasmas que habitaban en mi cuarto y dormían debajo de mi cama.”

Mamá se acerca, besa su frente y le dice:

– “Recemos juntas para que pases una linda noche y sueñes con los angelitos.”

Al terminar, mamá apaga la luz y cierra la puerta, todo vuelve a estar oscuro e Irene un poco nerviosa, observa a su alrededor, suspira y con el corazón latiendo con fuerzas, mira bajo de su cama; pero ya no hay nada, solo una muñeca de trapo que tenía olvidada; la saca, la abraza, cierra sus ojos y descansa, porque con Amor, Responsabilidad, Respeto, Tolerancia y Verdad, venció a todos los monstruos y fantasmas que la asustaban.

Fin.

Los monstruos debajo de mi cama es un cuento infantil corto de la escritora colombiana Kary Rojas © Todos los derechos reservados.

Sobre Kary Rojas

Kary Rojas - Escritora

Porque todo lo que pienso, hago y vivo, me ayuda a buscar una Silla que me ayude a estar “A la Altura de las Circunstancias”…

Nació el 28 de mayo de 1969 en Cartagena, Colombia. Es maestra, escritora, músico y conferencista motivacional…

Crezco haciendo crecer

Durante mucho tiempo soñé con esos centímetros de más que me hacían falta y que otros tenían… otras veces pensé: ¿Que haré cuando sea grande?… pero después entendí, que crezco en la medida que con mi vivir hago a otros crecer; desde entonces, abrí las puertas de mi pequeño gran mundo, para que todos puedan entrar en él y descubran la grandeza de Dios que se escondé en lo más pequeño y su perfección sumergida en lo que a simple vista es demasiado imperfecto.

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