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El cántaro de cobre de mi abuela «Con el paso del tiempo tiene sus huellas… Se va marcando con cosas bellas y tristes a la vez».

Por Gladys Gutiérrez Fernández. Cuentos con valores para niños.

Hoy les presentamos «El cántaro de cobre de mi abuela«, una historia especial, llena de cariño y sabiduría, que los invitará a apreciar las cosas simples pero valiosas de la vida. En esta entrañable historia, conoceremos a un niño que visita a su abuela, una mujer llena de energía a pesar de estar enferma. Al llegar, descubre a su abuela dedicada a limpiar un antiguo cántaro de cobre, un tesoro que ha sido descuidado con el paso del tiempo. Pero a través de sus palabras y acciones, la abuela revela una lección importante sobre la importancia de cuidar y valorar lo que tenemos.

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El cántaro de cobre de mi abuela

Hola amiguitos.

Hoy visité a mi abuela, ella es la mamá de mi papá. Estuvo un poquito enferma, un resfriado que la tuvo en cama ayer. Pero las abuelas no sé por qué será, siempre tienen ánimo de hacer cosas en casa.

La encontré limpiando su recordado y antiguo cántaro de cobre. Es bonito, tiene una corbata en su cuello que cae en dos trenzas. Es abultado en su barriga y tiene como dientes de naranja en su contorno. Ella lo tenía descuidado con el paso del tiempo. Está un tanto sucio con polvo y algo manchado. El cobre se mancha con facilidad. Además, es importante destacar que el cobre es una riqueza que tiene nuestro país y del cual se gana bastante dinero para su desarrollo económico. Pero bueno, ella con mucha paciencia lo estaba limpiando con un líquido que le da brillo y protege.

El cántaro de cobre de mi abuela - Cuento

Le pregunté.

¿Abuela por qué limpias con tanta paciencia ese jarrón? Parece que está muy viejo y está manchado.

Ella solo me escuchó. Luego agregué:

¿Por qué no compras otro? A lo mejor encuentras otro más bonito, así no tendrías que trabajar tanto en limpiarlo.

Ella me seguía escuchando y seguía limpiando con una paciencia que parece le hacía cariño con sus delicadas manos.

¡Oye abuela! me estás escuchando –le reclamé.

De pronto, ella tomó una pausa en su ensimismado trabajo y me mira con esos ojitos que tienen las abuelas. Con una mirada que me conmovió y en sus delicadas palabras me dijo.

Hijo mío, este cántaro de cobre que estoy limpiando hoy, por largos años lo limpié, descuidadamente; luego tuvo un tiempo de abandono, y hoy, miré el entorno de la sala y este cántaro, que te parece feo, con una picardía me miró diciéndome: «Oye viejita ¿Por qué no limpias mi carita?».

Me reí con muchas ganas con ella. Luego dijo:

¿Tienes algún juguete que guardas con mucho cariño y que te olvidaste de él?

Oh, sí abuela -respondí.

¿Y qué has hecho con él?

Me quedé pensando, pero no le respondí ya que tiene razón, lo tengo olvidado.

Volvió a tomar su jarrón de cobre y siguió limpiándolo con este líquido abrillantador.

¿Te fijas, como está quedando? Y no es tan feo como tú dices.

Parece que eso le dolió a mi abuela… no supe qué decirle.

Lo alzó con sus manitos y me dijo:

Se ve más brillante, ¿verdad?

Un poco –le dije.

Fui sincero, pero no pensé en ese momento que era su tesoro. Así es que le pedí disculpas.

Ella con su tranquilidad me dijo:

Está bien, ya verás cuándo el tiempo también marque tus tesoros –se río con muchas ganas y me abrazó con un beso.

Luego agregó:

Como puedes ver, con el paso del tiempo tiene sus huellas.

De los años –le respondí, reímos nuevamente.

Así se va manchando nuestra vida –dijo ella–. Se va marcando con cosas bellas y tristes a la vez.

¡Uy! Abuela, es verdad lo que dices.

Sí, por supuesto. Este jarrón, vió crecer a tu papá y a sus hermanos. Fue recipiente de un bello ramo de flores que recibía en mi cumpleaños. Adornó un rincón de la sala, y bueno, luego fue quedando olvidado. Pero hoy, mientras lo limpio. Me digo. Con paciencia tengo que lograr que brille nuevamente. Y así volverá a tener esa carita brillante y ocupará un lugar destacado en la sala.

La verdad, amiguitos, quedé muy emocionado y feliz. Porque mi abuela me enseñó la importancia de cuidar nuestros objetos regalones, protegerlos como ella lo ha hecho.

Cultivar la paciencia en nuestros trabajos sean escolares o de casa, valorar las riquezas de nuestro país, la belleza que debemos tener en nuestro hogar, y lo más importante, valorar la infinita sabiduría de vida que tienen nuestros abuelos.

Y el cántaro de cobre de mi abuela, quedó brillante y reluciente. Así es que amiguitos, les invito que visiten a sus abuelos y abuelas, y les hagan recordar esos momentos felices que disfrutaron tanto.

Fin.

El cántaro de cobre de mi abuela es un cuento de la escritora Gladys Gutiérrez Fernández © Todos los derechos reservados.

Sobre Gladys Gutiérrez Fernández

Gladys Gutiérrez Fernandez - Escritora

Gladys Bernarda Gutiérrez Fernández, nació en Angol, Chile. En el año 2004 obtuvo el título profesional de Profesora de Educación General Básica con Licenciatura en Educación, en la Universidad Central de Chile. En 2010-2011 cursó el post-título en Lenguaje y Comunicación en la Universidad Autónoma de Chile.

«Un día descubrió que sus sentimientos y miradas de la vida las podía escribir en un papel, desde ese entonces no ha parado. Haciendo historia, los primeros meses de vida, cada ser humano tiende a escribir, a garabatear simplemente porque sus padres le entregaron un papel y lápices de colores. Ahí el pequeño/a comienza a hacer sus primeros monos. Creo que seguí en esa escuela familiar… y pasados los años, muchos años, vino a hacerse realidad esa veta literaria.»

Si quiere conocer más sobre la escritora Gladys Gutiérrez Fernández, puede leer la entrevista que le hicimos para EnCuentos.

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