Cuentos para enseñar a los niños a cepillarse los dientes + Lavarse correctamente en 10 pasos



Cuentos educativos

Quienes somos padres sabemos lo insistente que debemos ser para que los niños se cepillen los dientes después de cada comida. También sabemos lo fundamental que es la higiene bucal en los primeros años del niño y cómo esto genera un hábito que se extiende a lo largo de toda la vida. Así que, qué mejor que educar a nuestros pequeños con varios divertidos cuentos sobre el lavado de los dientes y luego enseñarle los 10 pasos que hay que seguir para enseñar a los niños a cepillarse los dientes y que lo realicen de manera correcta.

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Comencemos con los cuentos de Carlos Gorostiza, Rafael Di Natale y Alan Sepúlveda y luego veamos en imágenes cómo se realiza una correcta higiene bucal.

El cepillo de dientes sabio. Por Carlos Gorostiza

El cepillo de dientes sabio es un muy entretenido cuento educativo sobre la importancia de la higiene bucal en los niños. Es un cuento corto del escritor español Carlos Gorostiza.

El cepillo de dientes sabio

El cepillo de dientes sabio - Cuento educativo

No tenía nombre, claro. Ningún cepillo de dientes lo tiene y éste tampoco. Porque esta historia habla, precisamente, de un cepillo de dientes. De un cepillo sin nombre. Por eso en este cuento tendremos que llamarle “el cepillo” o “él”. Seguro que nos acostumbraremos. Vamos allá.

El cepillo tenía una marca comercial grabada en el mango, eso sí. Pero no servía como nombre porque era la misma que tenían todos los demás cepillos de la estantería. Estaban colgados en un expositor a un lado del mostrador de la farmacia. Todos ordenados y formados como un pequeño ejército dispuesto a luchar contra la caries. Los había de muchos colores diferentes pero en realidad todos eran iguales. Bueno, no. El cepillo de nuestro cuento era muy especial. No se le notaba nada al verlo pero en realidad era un cepillo sabio. Si, si, sabio.

Lo compró un señor, que, por supuesto, no se fijó en eso. Era imposible, nada lo distinguía de los demás y el cliente lo escogió por el color y porque era un cepillo muy bonito. Así que lo pagó y se lo llevó a casa para dárselo a su hija, que tenía cuatro años.

Aunque, como hemos dicho, era un cepillo sabio, en realidad por fuera era como todos los demás. Nadie podía notar que aquel cepillo sabía limpiar los dientes. Ni siquiera sus compañeros de estantería.

Me diréis ¡hombre! Que bobada, todos los cepillos sirven para limpiarse los dientes. Es cierto, pero éste sabía cómo hacerlo y los demás no. Ahí estaba la diferencia. Los otros se limitaban a frotar según los manejara su dueño y no podían saber si lo estaba haciendo bien o no.

Nuestro cepillo, en cambio, sabía hacer su trabajo.

Es un misterio cómo aquel cepillo había llegado a saber lo que sabía, pero los cuentos son así, pasan cosas misteriosas y nunca sabemos cómo ni por qué.

Aunque el cepillo de nuestro cuento era muy listo, bueno, vale, sabio. Había un problema. Él también necesitaba una mano que lo manejase y si lo hacía mal, nuestro cepillo no podía hacer nada para evitarlo. Fijaos qué rabia ver que alguien está haciendo mal las cosas y no poder hacer o decir nada.

Es difícil imaginarlo porque vosotros sois personas y podéis hablar y explicar las cosas, pero él no era más que un cepillo de dientes, sabio, pero cepillo, así que no podía hacer nada de lo que hubierais hecho vosotros.

Por lo demás ya hemos dicho que era un cepillo estupendo. Tenía un mango casi transparente y unas cerdas de dos colores.

¿Sabíais que los pelos de los cepillos se llaman cerdas?

Pues es verdad, se llaman así ¿vaya nombre, eh? Las cerdas azules de la parte de fuera de nuestro cepillo eran más largas y blanditas, para que no hicieran daño al frotar las encías. Las de dentro eran blancas y más rígidas, para limpiar bien entre los dientes. Era un cepillo muy bien pensado y, claro, él lo sabía. Para eso era un cepillo sabio.

A Celia, que es como se llamaba la hija del señor, le gustó mucho su nuevo cepillo y prometió a su padre que se limpiaría los dientes con él todos los días después de comer y de cenar. Era una niña muy responsable y lo cumplía casi siempre, aunque alguna vez se le olvidaba.

Nuestro cepillo se ponía muy contento cuando Celia lo utilizaba, porque sabía que eso era muy bueno para ella y, porque al fin y al cabo, a él le gustaba hacer su trabajo.

Además la niña lo cuidaba y lo limpiaba muy bien después de usarlo.

Después de enjuagado le colocaba una funda que tenía para que no se le estropearan las cerdas y lo dejaba en un vaso de plástico muy bonito que tenía junto al lavabo.

Nuestro cepillo hubiera sido feliz del todo si no fuese porque Celia no sabía utilizarlo bien. Ella se frotaba los dientes de derecha a izquierda y por más que lo intentaba, el cepillo no podía llegar a los pequeños huecos entre los dientes. Ni siquiera usando las cerdas más largas podía hacerlo.

La niña se limpiaba los dientes todos los días pero nuestro cepillo veía cómo siempre quedaba un poquito de azúcar de las gominolas, una pequeña cáscara de palomitas o algún pedacito minúsculo de comida que nunca podía alcanzar a limpiar.

Así pasaron muchos días, semanas, y nuestro cepillo se desesperaba poco a poco. Ya no estaba tan contento como al principio. Él, que era un profesional, no podía estar tranquilo viendo cómo se hacía tan mal el trabajo. Los demás cepillos, que se guardaban en el mismo vaso, no se daban cuenta de nada pero él sí.

Cada vez que Celia se lavaba los dientes, el cepillo intentaba llegar a esos huequecitos estrechos que hay entre ellos pero como la niña se frotaba de un lado a otro, nunca podía conseguirlo del todo.

El cepillo estaba cada día más triste.

Una noche pasó algo muy raro. Celia y su papá entraron en el baño y se lavaron los dientes juntos, uno a cada lado del lavabo. Nunca lo hacían porque los padres de Celia se iban a la cama mucho más tarde que ella pero aquel día sí lo hicieron.

El padre tenía un cepillo muy largo y muy aburrido, que no sabía nada de nada, como les pasaba a todos los demás cepillos. Antes de lavarse, Celia y su papá estuvieron hablando de la visita que habían hecho a un dentista. El cepillo sabía muy bien lo que era un dentista, ya hemos dicho que era un buen profesional de lo suyo, y estuvo muy atento a lo que dijeron.

Por lo que hablaron antes de empezar a limpiarse los dientes, el cepillo pudo saber que a Celia le había impresionado mucho la consulta del dentista. Le oyó decir que lo que más le había gustado era una silla que se podía subir, bajar y tumbar con un motor que hacía un ruidito muy divertido.

Pero lo más importante vino luego.

El cepillo escuchó al padre de Celia recordarle a su hija que el dentista le había explicado cómo debía mover el cepillo de arriba hacia abajo una y otra vez, y no de un lado a otro como hacía hasta entonces.

Ella empezó a hacerlo y nuestro cepillo vio que esta vez sí que llegaba a los huecos entre los dientes. Celia se frotaba despacito, porque el movimiento arriba y abajo le resultaba algo más difícil que aquel al que estaba acostumbrada, pero el cepillo arrastraba así lo que antes nunca había podido. Estaba encantado.

De vez en cuando la niña se olvidaba y volvía a hacerlo como antes, de lado a lado, pero su padre le recordaba lo que había dicho el dentista y ella volvía a hacerlo bien enseguida. ¡Cómo se lo estaba pasando nuestro cepillo! Aquello era lo que estaba deseando hacía tanto tiempo.

¡Era una noche estupenda!

Y así fue que Celia se acostumbró, poco a poco, a limpiarse los dientes bien, con cuidado, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. El cepillo, por fin, podía hacer bien su trabajo y volvió a ser feliz, porque ahora sí que estaba ayudando a la niña a cuidar sus dientes. El cepillo sabio volvía a ser un gran profesional, orgulloso de su importante tarea.

Celia fue creciendo y como se limpiaba los dientes todos los días, excepto alguno que se le olvidaba, tuvo una boca sana y bonita que era la mayor alegría para su amigo silencioso, nuestro cepillo sabio, trabajador y con cerdas de dos colores.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Fin.

El cepillo de dientes sabio es un cuento infantil sobre el cuidado de los dientes del escritor español Carlos Gorostiza © Todos los derechos reservados.

Sobre Carlos Gorostiza

Carlos Gorostiza - Escritor y comunicador

“Periodista de formación y apasionado de la comunicación, trato de buscar siempre lo que no es absolutamente obvio, un defecto que me viene de mis tiempos de publicista.”

Carlos Gorostiza es de Bilbao, capital de la provincia de Vizcaya, en la comunidad autónoma del País Vasco. Es Licenciado en Ciencias de la información y ex-parlamentario de la Cámara Vasca.

Sitio Web de Carlos Gorostiza: mirandoalasmusaranas.blogspot.com

Ernestito y sus blancos dientes. Por Rafael Di Natale

Ernestito y sus blancos dientes es uno de los cuentos educativos del escritor de cuentos infantiles Rafael Di Natale sugerido para niños a partir de siete años.

Ernestito y sus blancos dientes

Ernestito y sus blancos dientes - Cuento
Imagen de S B

Había una vez, un niño llamado Ernesto, aquel niño era un buen estudiante, un gran amigo y un tremendo futbolista, pero tenía un defecto, no le gustaba lavarse los dientes.

— “¡Ernesto! ¡Ernesto!” —gritaba la mamá.

— “¡Aquí estoy en mi cama, mami!”

— “¡Recuerda cepillarte tus dientes, hijito!”

— “¡Claro, mamá!, en cuanto termine de leer este cuento me los cepillo.”

Pero al terminar de leer el cuento, el sueño vence a Ernestito, quien queda dormido.

Al día siguiente en el desayuno su mamá le reitera a Ernestito:

— “¡No te olvides lavarte tus dientes!”

— “Sí, dijo él, pero por el apuro y la pereza no lo hizo.”

Por la tarde al regresar de la escuela, Ernesto trae un examen con un veinte de nota, su madre lo abraza, felicita y le dice:

— ¡Estoy orgullosa de ti, hijo!

Ernestito estaba muy contento, tenía buenas notas, buenos amigos y una familia muy unida y feliz.

Aquella noche Ernestito se acostó nuevamente con su libro favorito, al terminar recordó lavarse los dientes, pero le dio flojera salir de su tibia cama al frio baño, así que pensó: mañana sí me lavo los dientes.

Es así que Ernestito guardó su libro, acomodó su almohada y cayó profundamente dormido, de repente sintió algo que se movía, al voltear, vio a una inmensa criatura verde que lo asustó.

— “¿Quién eres tú?” —preguntó Ernestito.

— “Soy un terrible germen.”

— “¿Un qué?”

— “Un germen y vengo a agradecerte.”

— “¿A mí, por qué me agradeces, germen?”

— “Porque tú comes ricos dulces de todos los colores y no te lavas los dientes cada noche, y eso me ha permitido avanzar e ir picándote los dientes. Ahora soy fuerte y puedo picarte tus dientes y el de los demás. Gracias nuevamente, Ernestito, que soy tan grande que hasta puedo morder un mármol.”

Dicho esto el gigante germen empezó a morder la cama de Ernestito haciéndolo pedazos. Luego hizo lo mismo con la puerta y después con el ropero. Ernestito estaba aterrado y sudaba en cantidad, quería gritar pero no podía, de pronto saltó de su cama y descubrió que era una pesadilla.

— “Caray, no sabía lo peligroso que era no cepillarme los dientes. Felizmente mamá me compró un buen cepillo y con ayuda de la pasta dental le haré combate a los gérmenes.” —dijo para sí mismo.

Por la mañana Ernestito se levantó muy temprano, desayunó y de inmediato fue a cepillarse los dientes.

— “¡Mamá! ¡Mamá, mírame, estoy cepillándome los dientes!” —gritó Ernestito desde el baño.

— “¡Qué bueno, Ernestito!, ¿y quién logró que por fin descubrieras la importancia del buen cepillado?”

— “Un amigo, un monstruoso amigo.” —bromeó él.

Desde aquel día, Ernestito se cepilló y cuidó sus dientes que hasta el día de hoy permanecen blancos y completos.

Hoy, si vas a un consultorio, tal vez tengas la suerte de ser atendido por un joven odontólogo llamado Ernesto, quien es uno de los mejores dentistas del mundo y que de niño aprendió la importancia del buen cepillado, gracias a un monstruoso amigo.

Fin.

Ernestito y sus blancos dientes es un cuento que nos envió el escritor Rafael Di Natale © Todos los derechos reservados.

Alexander y sus dientes. Por Alan Sepúlveda

Alexander y sus dientes es un cuento infantil corto sobre la higiene de los dientes de Alan Sepúlveda (Animaciones Pipo, Chile). Cuento sobre el lavado de los dientes.

Alexander y sus dientes

Alexander y sus dientes - Cuento sobre la higiene bucal

Hace mucho tiempo en un pueblito muy lejano había un pequeño príncipe llamado Alexander. Este príncipe siempre comía muchos dulces pero no solía lavarse sus dientes. Un día, al pequeño Alexander un diente se le cayó de su boquita. Sin embargo, este diente estaba sucio y muy feo.

Aún así, el príncipe Alexander decidió ponerlo debajo de su almohada pensando que quizás el ratoncito vendría y le daría una moneda. Sin embargo su sorpresa fue mucha al ver que no apareció moneda alguna y fue un mago que le dijo:

– «Por sucio moscas comerás y tu aliento horrible será hasta que tus dientes aprendas a lavar.»

Muy triste Alexander salió fuera del castillo y en agua de una pileta puso su lengua. Alexander hizo muchas gárgaras y pensó si era suficiente. Pero observó su reflejo en el agua y a un sapo vio. El sapito Alexander por un bosque caminó y con un castor se encontró.

Grande fue su sorpresa al ver los grandes dientes blancos del castor. Muy curioso le pregunto:

– «Castor ¿cómo es que tienes tus dientes tan blancos?»

Y el castor contestó:

– «Muy fácil pues con mi cepillo canto así: chiki- chiki-chi para arriba, chiki- chiki-chi para abajo y chiki- chiki-chi para un lado, chiki- chiki-chi y así me los lavo.»

Muy contento Alexander agradeció al castor y a casa volvió. Tomó su cepillo Y con la canción sus dientes lavó:

– «Chiki- chiki-chi para arriba, chiki- chiki-chi para abajo y chiki- chiki-chi para un lado, chiki- chiki-chi y así me los lavo.»

De pronto el mago apareció, felicitó a Alexander y en príncipe lo convirtió y así Alexander sus dientes cuidó.

Fin.

Alexander y sus dientes es un cuento infantil de Alan Sepúlveda © Todos los derechos reservados.

Sobre Animaciones Pipo

Animaciones Pipo - Chile

Animaciones Pipo nace el año 2010 siendo el señor Alan Sepulveda Kriz, Ingeniero industrial de la USACH su Director. Desde entonces Animaciones Pipo ha realizado más de 300 eventos para distintas familias y empresas, hemos estado presentes en eventos de beneficio para diferentes instituciones.”

Visítennos en nuestro sitio www.animacionespipo.com

Cómo cepillarse correctamente los dientes

La importancia del cepillado

La mejor manera de remover la placa, una delgada y pegajosa capa de bacterias y gérmenes que se encuentra en los dientes, encías y lengua, es cepillarse regular y adecuadamente.

¿Cuál es la forma correcta de cepillarse para un niño?

Un cepillado adecuado toma al menos dos minutos – ¡correcto, 120 segundos! Incluso la mayoría de los adultos no se toman tanto tiempo en cepillarse 😮. Lo mejor para cumplir con el tiempo que nos debe tomar el cepillado es utilizar un cronómetro. 😁

Para cepillarse correctamente, usa cortos y delicados brochazos, prestando particular atención a las encías y los dientes difíciles de llegar. ¡Recuerda el cuento del cepillo de dientes sabio! 😉

Concéntrate en el limpiado cuidadoso de cada sección como veremos a continuación:

Cepille las encías, caras externas superiores e inferiores de los dientes

Inclina el cepillo de dientes a un ángulo de 45 grados contra la encía y barre o desliza el cepillo hacia afuera de la encía.

Cuidadosamente cepilla la parte de afuera, de adentro y la superficie con la que masticas, de cada diente usando brochazos de ida y vuelta.

Limpia la superficie externa de los dientes superiores, luego los inferiores.

Cepillar las caras internas de los dientes superiores e inferiores

Luego limpia la superficie interna de los dientes superiores, luego la de los inferiores.

Limpie las caras de los dientes con las que mastica

A continuación, limpia la cara de los dientes con la que masticas.

Cepille también las caras interiores de los dientes delanteros

No te olvides, con el cepillo en forma vertical, de limpiarte la parte interna de los dientes delanteros, tanto de los de arriba como de abajo.

Cepille también la lengua y paredes interiores de la boca

Por último y para tener un aliento fresco y saludable, asegúrate de cepillarte bien la lengua y las paredes interiores de las mejillas (cachetes o carrillos).

Luego ya puedes enjuagarte completamente la boca con agua y luego con un enjuague bucal especial para niños.

Niño lavándose los dientes

Niño lavándose los dientes es una hermosa ilustración que nos regala Eugenia Suárez, especialista en ilustración de cuentos infantiles, escritora infantil, diseñadora gráfica y docente.

El lavado de dientes en 10 pasos

Cómo cepillarse los dientes

Para enseñar a los niños a cepillarse los dientes, en primer lugar es importante contar con los elementos requeridos y seleccionarlos adecuadamente: cepillo, pasta dental, enjuague bucal e hilo dental.

Luego, seguir los siguientes pasos:

  1. Colocar la pasta sobre las cerdas del cepillo con una distribución uniforme.
  2. Se puede comenzar por un enjuague bucal previo al cepillado.
  3. Proceder a cepillar los diente inferiores con movimiento de abajo hacia arriba, por ambas caras.
  4. Cepillar los dientes superiores de arriba hacia abajo, por ambas caras.
  5. Cepillar los molares con movimiento circular.
  6. Posteriormente las superficies de contacto: encías y lengua.
  7. Todo este procedimiento se realizara por un tiempo de tres minutos.
  8. Al terminar el cepillado realizar varios enjuagues.
  9. El procedimiento se debe de repetir después de cada alimento.
  10. Guarde en forma adecuada el material utilizado.

Para contactar a Eugenia: [email protected] 

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