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Brigada de héroes 🦸🏻‍♂️ Se puso el disfraz de su héroe preferido y salió para el parque… como cada noche antes de acostarse.

Por Francisco Javier Arias Burgos. Cuentos con valores para niños y niñas.

Descubre el conmovedor cuento «Brigada de Héroes» de Francisco Javier Arias Burgos, donde Pablito, un niño lleno de valores, se convierte en un héroe cotidiano. Armado con su disfraz y dos bolsas de plástico, cada noche limpia el parque, ignorando la indiferencia de sus vecinos. Un día, encuentra una billetera con dinero, pero su integridad y generosidad lo llevan a realizar una acción ejemplar, marcando el inicio de una transformación en su comunidad. Acompaña a Pablito en esta inspiradora historia que destaca la importancia de la honestidad y la solidaridad. ¡Una narrativa que enseña a pequeños y grandes el verdadero significado de ser un héroe!

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Brigada de héroes

Brigada de héroes 🦸🏻‍♂️ Se puso el disfraz de su héroe preferido y salió para el parque… como cada noche antes de acostarse

Pablito se puso el disfraz de su héroe preferido y salió para el parque con dos bolsas de plástico, como solía hacerlo cada noche antes de acostarse. Uno a uno fue recogiendo los desperdicios que encontraba: botellas de plástico y de vidrio, empaques de golosinas, cáscaras de banano, servilletas, en fin, todo lo que afeara el sitio. No entendía por qué las personas que frecuentaban el parque tiraban todo al suelo a pesar de tener a su alcance los recipientes que había, que no eran pocos.

Pero no lo hacía por lucrarse, porque a pesar de su pobreza, se limitaba a llenar las bolsas, cerrarlas bien y dejarlas en los dos grandes botes de basura que el municipio había dispuesto para recogerla. Jamás se le ocurrió que la basura pudiera producir dinero, algo que en su humilde hogar faltaba con frecuencia.

Terminada su labor se ocupaba en hacer las tareas escolares y se acostaba a las nueve. Su mamá, que siempre lo reprendía por salir en la noche, ignoraba la razón de esas salidas. Pablito nunca le decía el motivo y ella, sentada en su silla de ruedas, no podía salir a ver qué era lo que su niño hacía a esas horas.

Los vecinos observaban sin inmutarse lo que este niño hacía cada noche y lo tomaban como un reciclador más de los que frecuentaban el barrio todos los días. De hecho, les prohibían a sus hijos relacionarse con él por considerarlo una persona indigna para ellos. Y pensar que algunos eran aun más pobres que Pablito.

Pero algunos niños tan pequeños como él sí se intrigaban por lo que veían hacer a nuestro amiguito. El temor a un regaño les impedía pedirles permiso a sus padres para acompañar a Pablito en su labor, que les parecía bonita. También tenían en sus casas disfraces de héroes como Batman, Supermán o Linterna verde, que solo se ponían en Halloween y que les gustaría ponerse todos los días, como ese niño.

Una noche lluviosa, con un frío tan intenso que obligó a Pablito a cubrirse con un plástico, el niño vio una billetera tirada detrás de una de las bancas del parque. La recogió como si se tratara de una basura más, pero antes de echarla a la bolsa la revisó. En ella había una tarjeta de identidad de una señora, tres tarjetas de crédito, unas fotos, un pase de conductor y, lo que más lo asombró, una gran cantidad de dinero.

¡Cuántos problemas solucionaría con ese platal!

La señora de la foto era la mamá de uno de sus compañeritos de clase, uno de aquellos a los que sus padres prohibían terminantemente tratar con él. Guardó la billetera en el único bolsillo sin rotos de su pantalón y salió para su casa.

Esa noche no durmió. Ni se le ocurrió comentarle a su mamá del hallazgo que podría calmarles el hambre por muchos días porque algo en su interior le decía que no podía quedarse con ese dinero. ¿A qué sabría la comida comprada con una plata que no era suya?

Cansado y con unas ojeras que asustaban, se levantó a la mañana siguiente y antes de entrar al colegio, sin haber siquiera desayunado, tocó a la puerta de la casa donde vivía la dueña de la billetera. Le abrió el esposo de la señora, que lo miró en forma despectiva y le dijo que no tenían nada que regalarle, dando por sentado que el niño iba a pedirle una limosna.

– Buenos días, señor -le dijo Pablito con una sonrisa.

– Niño, no hay nada para darle hoy -le respondió el señor.

– Anoche encontré en el parque esta billetera, don Juan -y se la mostró al hombre, que, poniéndose colorado como un tomate, no supo qué decir.

Los dos hijos de don Juan presenciaron la escena y se miraron con incredulidad. ¿Cómo era posible que un niño tan pobre no se hubiera quedado con ese dinero? ¿Habrían hecho lo mismo si se hubieran encontrado en la misma situación? Y quedaron mucho más asombrados cuando Pablito rechazó la propina que el señor quiso darle. Nunca habían visto nada igual.

El caso se regó como pólvora en el barrio.

Ahora ya no se ve a Pablito solo en el parque. Una brigada de niños lo acompaña cada noche a asear, no solo el parque, sino todo el vecindario, disfrazados con esos trajes que solo usaban la noche de brujas y acompañados por algunos padres. Sin proponérselo, pues no era su intención, este niño sembró una semilla que da sus frutos todos los días. En el barrio no se ve una sola basura tirada en el piso y el parque se ha convertido en un lugar que invita a estar en él.

Fin.

Brigada de héroes es un cuento del escritor Francisco Javier Arias Burgos © Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin la expresa autorización de su autor.

Sobre Francisco Javier Arias Burgos

Francisco Javier Arias Burgos - Escritor

Francisco Javier Arias Burgos nació el 18 de junio de 1948 y vive en Medellín, cerca al parque del barrio Robledo, comuna siete. Es educador jubilado desde 2013 y le atrae escribir relatos sobre diversos temas.

“Desde que aprendí a leer me enamoré de la compañía de los libros. Me dediqué a escribir después de pensarlo mucho, por el respeto y admiración que les tengo a los escritores y al idioma. Las historias infantiles que he escrito son inspiradas por mi sobrina nieta Raquel, una estrella que espero nos alumbre por muchos años, aunque yo no alcance a verla por mucho tiempo más”.

Francisco ha participado en algunos concursos: “Echame un cuento”, del periódico Q’hubo, Medellín en 100 palabras, Alcaldía de Itagüí, EPM. Ha obtenido dos menciones de honor y un tercer puesto, “pero no ha sido mi culpa, ya que solo busco participar por el gusto de hacerlo”.

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