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Salvando a mi perro Bon-Bril ⟪ ¿Esperaba que vinieran a rescatarlo o decidió quedarse a cuidar lo que le había sido encomendado?

Por Samuel Gutiérrez Ospina. Cuentos cortos para adolescentes.

«Salvando a mi perro Bon-Bril» es un conmovedor relato del escritor colombiano Samuel Gutiérrez Ospina que nos transporta a la costa pacífica colombiana de los años 60, donde una joven valiente se enfrenta al peligro para salvar a su querido perro durante un incendio que arrasa su hogar y su negocio. A través de su narración, nos adentramos en un mundo de emociones y sentimientos profundos que nos hacen reflexionar sobre el amor y la lealtad que nos une a nuestros animales de compañía.

Esta historia conmueve por su sencillez y por la ternura que emana de sus personajes, especialmente de la protagonista y su perro Bon-Bril. Sin duda, es una historia que cautivará a todos aquellos que aman a los animales y valoran la lealtad y el cariño que estos nos brindan.

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Salvando a mi perro Bon-Bril

Se llamaba así, pues su pelo era churoso (ensortijado) como la esponjilla de esa marca para lavar y brillar ollas.

Esta historia me fue relatada por Toya, mi esposa. Lo sucedido fue allá en el Litoral recóndito. Siendo ella Payanesa y yo hijo de padres paisas nacido en Buenaventura, nuestra infancia transcurrió allí. Somos hijos del viento fuerte, de la brisa salobre, del paisaje y del mar bravío.

Cuenta ella:

Tumaco. Era el año de 1965, un 30 de noviembre. -Tenía yo doce años. A la madrugada de ese día, un incendio se inició en la parte palafítica de la isla llamada Tumaco. Las otras dos son, La Viciosa y la Isla del Morro que configuran el pueblo.

La zona de casas levantadas sobre el mar, estaba separada de la parte habitada en tierra, por la Calle del Comercio, donde vivía yo con mi familia, mi perro, y donde también estaba situada la cacharrería de mi madre. La brisa marina era muy fuerte y las llamas, impulsadas por ella, pasaron sobre la calle y prendieron las fachadas de las casas todas de madera. La nuestra incluida.

Los gritos, carreras, desesperos, oraciones al cielo, se vieron en esa calle; todo el mundo, salvando lo que pudiera, -que la ropa primero, no, mejor las ollas, o los muebles-, en fin, cuando en medio de ese desorden y el bololó, me percate que no veía a mi perrito entre lo salvado.

-Sin pensarlo dos veces, corrí con el alma en la mano hacia la parte trasera, entré por el solar y me metí a esa casa ya en llamas. La cocina y el comedor, aún no ardían, pero las gruesas vigas de madera del techo, que sostenían el segundo piso ya empezaban a ser lamidas por el fuego. El tanque donde recogíamos el agua lluvia, por medios de canoeras en el techo, era una caldera enorme de un viejo barco, y estaba parada sobre polines de madera, y empezaba a calentarse y a hervir el agua almacenada allí.

Toda la parte delantera de la casa, las paredes de las habitaciones y el almacén, estaban totalmente en llamas y derrumbándose poco a poco ante mis ojos, incluidas las enormes vigas de madera del techo de esa parte. En ese infierno me metí. Y ahí fue cuando lo vi-.

Salvando a mi perro Bon-Bril - Cuento

-Estaba acurrucadito, temblando de miedo, encima de la mesa del comedor. Me lance sobre él, lo levante presurosa, acomodo él su hocico sobre mi hombro, dejó de temblar y buscamos el aire, que ya era escaso en nuestros pulmones. Salimos de allí y respiramos a bocanadas el aire caliente de la calle. Pero estábamos a salvo-.

¿Por qué se quedó allí, quieto sobre esa mesa? ¿Esperaba que viniera a rescatarlo su amita o decidió que era su obligación quedarse a cuidar lo que le había sido encomendado? Siendo un perrito criollo, es posible lo último, ellos son así.

-Fui fuertemente reprendida por mi locura, y considerada mi acción una estupidez. Hacer eso era una tontería me decían. Pero no me importo. Bon-Bril estaba vivo y era lo que importaba.

Se quemó, en fin, toda la casa, el negocio y todas nuestras pertenencias. Tocó emigrar a buscar refugio en otra parte. Partimos hacía Buenaventura, en un barco de la Armada, incluido el perrito, (esa es otra historia) con el fin de llegar a la casa de mi hermana mayor.

Pasó un tiempo y los niños, mis sobrinos, se encariñaron con el animalito. Cuando ellos se fueron para Bogotá se lo llevaron consigo. Conoció primero que yo esa ciudad, y allá murió, tal vez añorando el mar que lo vio nacer y a su amita que lo abrazó con cariño. Yo conocí Bogotá, en la compañía de mi hija menor Alejandra, mucho tiempo después.

Fin.

Salvando a mi perro Bon-Bril es un cuento del escritor Samuel Gutiérrez Ospina © Todos los derechos reservados.

Sobre Samuel Gutiérrez Ospina

Samuel Gutiérrez Ospina - Escritor

Por jugadas del destino, y en plena violencia política, año 1950, nació en el Puerto de Buenaventura, hijo de un manizalita y una armenita.

«¡Qué bueno ha sido ser porteño!»

El obispo Valencia Cano, quiso tener clero nativo y fue uno de los elegidos para ir al seminario. El sueño duro poco. Terminó el bachillerato y fue a Cali, porque quería licenciarse y ser maestro. Otro deseo fallido.

Sus cuatro hijos son profesores universitarios y de colegio de Bachillerato. Lo lograron por él, para cumplir su deseo. Su esposa da clases de manualidades y él trabaja con chicos como promotor de lectura.

Se graduó en el SENA técnico en Relaciones Industriales, y se dedicó a tender puentes con sus semejantes. Se convirtió en vendedor profesional.

Samuel Gutiérrez Ospina siempre ha estado ligado a los libros y la escritura ha sido una permanente compañera de vida. Caminar, mochiliar, montar bicicleta son sus pasatiempos.

Por su esposa, conoció a Historias en Yo Mayor y fue posible así, contar las historias que ya tenía escritas, y escribir otras.

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