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Por Francisco Javier Arias Burgos. Historias para adolescentes cortas.

La felicidad es un estado emocional positivo que puede ser experimentado como resultado de vivir una vida significativa y satisfactoria. Pero, ¿es la felicidad una sensación momentánea o duradera?, ¿puede ser la felicidad un sensación diferente para cada persona? Algunas personas encuentran la felicidad en las cosas simples de la vida, mientras que otras lo hacen consiguiendo logros más grandes o en experiencias más significativas. El cuento sobre la felicidad, de Francisco Javier Arias Burgos nos debe poner a reflexionar sobre esta fundamental cuestión ¿Tu qué piensas?

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Felicidad

Tal vez la cercanía al puerto sea la razón por la que mi padre decidió que nos mudáramos a esta bella ciudad. Como empresario y exportador de confecciones es indudable que le facilita mucho su trabajo y le ahorra dinero en transporte y todo eso, pero extraño nuestra casa en el interior, con un clima agradable y un estilo de vida moderno.

Echo de menos, quién lo creyera, su bullicio y su ajetreo, su clima caprichoso e impredecible que sorprende con mañanas soleadas y tardes frías y lluviosas. Aquí siempre hace calor y el sol nos quema desde el amanecer hasta el ocaso.

El edificio en el que habitamos ahora es muy diferente: no es tan bonito como el que dejamos atrás, ni tan alto. Solo tiene seis pisos y el apartamento es menos amplio. La vista da hacia el mar, por un lado y hacia un vecindario pobre por el otro, separado del nuestro por una calle amplia y una alta reja.

También extraño a mis primos y a mis compañeros de colegio, con los que solía jugar todos los días. Aquí no he podido conocer a mis vecinos y en el colegio todo es nuevo para mí. Se ríen de mi acento, de mi piel clara y de mi timidez.

Paso las tardes solo, encerrado en mi cuarto, jugando con mi Play Station o viendo televisión. Me siento aburrido, pero ¿qué puedo hacer? Ni siquiera Bellota, mi perro, está aquí, porque tuvimos que regalarlo. Se quedó en la ciudad que dejamos atrás. ¡Cómo lo echo de menos!

Desde la ventana de mi cuarto miro hacia la playa. Está llena de gente. No distingo muy bien si son adultos o niños los que la colman. Entonces cojo el telescopio que mis padres me regalaron en mi último cumpleaños. Hay muchos niños. Quisiera estar con ellos, divertirme como ellos lo hacen. Juegan fútbol con una pelota de trapo, su piel está bronceada, están descalzos. Y se divierten, no paran de reír.

Felicidad - Cuento para adolescentes

Mis padres están muy ocupados con su empresa, así que no me atrevo a pedirles que me lleven a la playa. Y ni pensar que me dejen ir solo. Además, los veo muy poco: en el desayuno o en la cena, antes que la camioneta escolar me recoja para llevarme al colegio, y cuando ellos llegan de su trabajo.

La criada me sirve el almuerzo, que siempre le queda rico, pero mis padres me tienen prohibido conversar con ella. Es una orden que acato sin preguntarles por qué.

Enfoco el telescopio hacia el vecindario. Está en una loma; sus casas se amontonan unas sobre otras, las calles son estrechas, sin pavimentar, hay gente por todas partes. Están conversando o jugando a las cartas, hay vendedores ambulantes y los niños juegan en la calle. Hay mucha vida ahí. Los perros deambulan sin quien los lleve atados, las puertas de las casas están abiertas de par en par. No veo rejas, las ventanas también están abiertas, no hay porteros ni vigilantes.

Y ríen. Los vecinos de ese barrio separado de nuestro edificio por una calle y por una alta reja ríen, se hacen bromas, juegan. Me parece que son felices así, con sus carencias y limitaciones. Quisiera estar allí ahora.

Hay un grupo de chicos de mi edad que siempre juegan fútbol en una cancha de arena y piedra, muy diferente a la cancha a la que mis padres me llevaban en la otra ciudad. ¡Juegan sin zapatillas! Y sin uniformes. Otros pasan en unas bicicletas destartaladas, sin asiento, despintadas. Y hacen piruetas en ellas, gozan.

Llevamos un mes en esta ciudad y no sabemos cómo es. Mis padres van del apartamento a su fábrica de confecciones y yo de aquí al colegio y ya. Regresamos para dormir. Es todo. La felicidad está afuera, la alegría está allá, en esa playa y en ese barrio.

– Mariela -le pido este día a nuestra criada-, déjeme ir con usted al supermercado, quiero acompañarla.

– Usted sabe que no puedo hacer eso -me responde-. Si su papá se da cuenta me despide.

No sé si papá cumpla la amenaza. Miro a Mariela con ojos tristes y lloro. Le suplico hasta convencerla.

– Pero no se separe de mí -dice al fin, conmovida por mis lágrimas.

La brisa, que allá llaman «la loca», refresca mis mejillas, me alborota el cabello, me refresca. Entramos a la tienda, llena de gente y de estanterías repletas de mercancía. Hay una larga cola en las cajas de pago.

– Mariela -le digo a nuestra empleada-, ¿me deja ir por unos pasabocas que me gustaron? No me demoro nada.

Con algo de reticencia me da el permiso. No me quita la mirada. Y me le escapo. Salgo de esa tienda a la carrera, directo a la playa. El sol me quema, oigo la bulla de la gente, los pregones de los vendedores de jugo, de fruta y de pescado con su peculiar acento, tan distinto al mío. Hay unos grupos de personas que cantan y me arrimo. Algunas parejas bailan animadas y corean las canciones, todas alegres.

Mariela debe de estar desesperada tratando de encontrarme. Me da pena pensar que ella tenga miedo de perder su empleo, pero en este momento no me cambio por nadie, estoy feliz. Ya me disculparé con ella y con mis padres cuando la policía me lleve de regreso y haya pasado la tormenta de mi momentánea desaparición.

He aprendido que ser feliz es muy sencillo: basta con compartir, con dejar de pensar que un estatus social determina el grado de felicidad. Ser lo que se quiere ser, nada más. No voy a protestar si me castigan por esta travesura. Lo que aprendí este día no lo enseñan en el colegio… ni en mi casa.

Fin.

Felicidad es un cuento del escritor Francisco Javier Arias Burgos © Todos los derechos reservados.

Sobre Francisco Javier Arias Burgos

Francisco Javier Arias Burgos - Escritor

Francisco Javier Arias Burgos nació el 18 de junio de 1948 y vive en Medellín, cerca al parque del barrio Robledo, comuna siete. Es educador jubilado desde 2013 y le atrae escribir relatos sobre diversos temas.

“Desde que aprendí a leer me enamoré de la compañía de los libros. Me dediqué a escribir después de pensarlo mucho, por el respeto y admiración que les tengo a los escritores y al idioma. Las historias infantiles que he escrito son inspiradas por mi sobrina nieta Raquel, una estrella que espero nos alumbre por muchos años, aunque yo no alcance a verla por mucho tiempo más”.

Francisco ha participado en algunos concursos: “Echame un cuento”, del periódico Q’hubo, Medellín en 100 palabras, Alcaldía de Itagüí, EPM. Ha obtenido dos menciones de honor y un tercer puesto, “pero no ha sido mi culpa, ya que solo busco participar por el gusto de hacerlo”.

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