El hombre y su bote. “Debes cuidarme, pues sino me perderás y las cosas queridas un día se van y no regresan”.

Por Gustavo Arencibia Carballo. Ilustración: Trinidad Quintana Perlingieri. Cuentos con valores para niños y jóvenes

A veces, principalmente de niños y jóvenes, pensamos que las personas y las cosas son para toda la vida. Que se van a mantener inalterables, o por lo menos íntegras, a lo largo del tiempo. Esto parece que es lo que le pasó al hombre de esta historia, pensó que su bote siempre estaría a su lado, a pesar de que no lo cuidaba, incluso considerándolo su compañero inseparable de tareas. Veamos que es lo que pasó, y la profunda enseñanza que nos deja este atrapante cuento de Gustavo Arencibia Carballo, recomendado para niños y adolescentes.

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El hombre y su bote

¡Quién sabe!
Doloroso icono
sin perdón
del mar contra la playa.

La arena imaginó
ola, el mar, la espuma.
¿Quién gana?
Y luego mar, espuma, ola.
Sonrió la arena.

El hombre y su bote - Cuento

Erase un hombre de mar y su bote, todo muy tranquilo y como paisaje de medio ambiente era una pintura muy linda de todos en plena armonía, al menos aparente.

El hombre salía todos los días al mar a pescar, era su afición y su vida, casi podría decirse vivía en el mar y no en la playa, pero sus deseos de pesca y de estar en plenas olas no se le calmaban nunca y era muy feliz así.

Su bote grande, usado y despintado con nombre de mujer, lo hacía estar en constantes deseo de navegar, de sentir el aire en su rostro como brisa salada que lo llevaba de ola en ola, cual niño jugando sus juegos, o tal vez corriendo en la arena y el agua de la orilla.

La playa era muy larga, kilómetros muy largos, y más kilómetros hermanos de los primeros, y en esa plenitud de costas vivían muchas personas, las cuales tenían ya muy bien visto al hombre y su bote, como parte del paisaje, acostumbrados a verlos de día, de noche por aquí, por allá lejos en las dunas, en el mar saltando los días de más oleajes y fuerte vientos, eran como decían todos, un elemento esencial de la pintura marina al pasar y mirarla.

Sin embargo el hombre, el cual amaba a su bote en ocasiones lo dejaba solo en la playa largas horas, hasta al anochecer que regresaba junto a él y ya en la arena los dos dormían placido a temperaturas muy húmedas y agradables, allí en la playa con sabor a mar.

Cuando el hombre y el bote navegaban, él sentía en ocasiones como si el bote le hablara y él sonreía, y casi nunca le hacía caso, pues el bote era muy cauteloso y celoso de las rápidas sacudidas del mar en su ir y venir.

Si se le perdía algo en el bote, el cual no era chico, misteriosamente aparecía al dar dos vueltas sobre si mismo. Entonces sonreía diciendo bajito, muy bajito – lo has hecho otra vez.

El mar y los peces

La pesca era siempre bondadosa y ambos lo sabían bien, el hombre y su bote, pero no era preocupación alguna de que no fueran a regresar con hermosos pescados a la orilla.

Por el contrario el mar, bello y bondadoso, siempre los sorprendía con una presa diferentemente bella, o poco usual, o solo distinta; pues la belleza no está solo en el físico, sino en el modo de hacer, de sentir, de decir y esos pescados al igual que su bote en oportunidad casi le hablaban.

Por supuesto el reía y pensaba o murmuraba bajo casi que su bote no lo oía, a veces.

En tiempos de arduo trabajo y luego de la bondadosa pesca, el hombre extenuado, o algo extenuado, se quedaba soñoliento en la cubierta del bote y dormitaba ratos, mientras el bote navegaba sin rumbo, lo cual molestaba al bote, que no le gustaba esa despreocupación a pesar que en el fondo era felicidad de tener al pescador allí descansando.

El bote con nombre de mujer, navegaba de un lugar a otro molesto y pensando no era buena esa manera de no atenderlo, no cuidarlo más, pues temía una tormenta lo llevara un día al mar abierto, sobrepasando sus fortalezas y ese temor, y la falta de atención del hombre feliz y despreocupado lo alteraba mucho, haciendo sonar las duras y resecas tablas golpeadas por el mar.

Un día con mucha pesca, el hombre llegó a la playa, cargó sus capturas y fue las vendió toda y regresó a la playa contento y muy alegre cayendo cerca del bote con cierto olor de cerveza y ron barato, que molestaba al bote.

El bote no decía nada, pero se movía doblemente con el suave oleaje.

La noche cayo, le siguió la madrugada y el amanecer suave y lento despertó al hombre quien estirando su humanidad miró a su alrededor, saltando de lado a lado y sorprendido no vio al bote, ¿qué había pasado? Si estaba allí junto a él toda la madrugada. O ¿fue solo sus repetidos sueños?

El bote, su querido bote ya no estaba allí junto a él.

Corrió playa arriba, paró, volvió con igual carrera playa abajo, pasó junto a las dunas, palmeras de playa y siguió más allá de las casas y bañistas, y turistas, más allá de jóvenes y niños.

Terminando el medio día fatigado, regreso al lugar inicial y emprendió camino de nuevo en dirección contraria.

Caminó tanto como pudo, tanto que perdió la noción del tiempo y cayó fatigado junto a la orilla y se quedó dormido.

Al otro día igual, y al siguiente y varios días después parecía un fantasma repitiendo de norte a sur y de sur a norte iguales caminos de arena. Aguas y olas lo veían pasar.

Se preguntó, sufrió y sufría; angustiado y muy desilusionado del mar y la playa, añorando a su bote quedó dormido junto a unos castillitos de arena, que los niños habían hecho cerca de él, mientras lo miraban y reían de aquel hombre pescador triste y loco, el cual había cambiado de muy alegre a muy triste.

Así entre sueños y más sueños, quedó dormido muy junto a las olas, que algo venían y se iban y a veces caminaban hacia él, despacio.

Ya al amanecer un golpe seco, casi lo despertó, pero no, y otro golpe de nuevo, y otro lo trajo al amanecer real.

Sus ojos se abrieron al ver al bote que le pareció reía, o no, tal vez era su imaginación y subió al bote y saltó mucho y rio sobre él, hasta que sentado oyó algo, el corazón le decía fuerte, él lo oía, esa voz maderosa del bote viejo que le decía:

– “No basta con quererme, debes cuidarme, pues sino me perderás y las cosas queridas un día se van y no regresan”.

Muy serio quedó, antes que la alegría desbordada lo invadiera súbitamente en muchos abrazos al bote.

Y desde entonces, nunca dejó el bote descuidado en la arena, y lo amarraba para que no se lo llevara el mar con olas atrevidas o su amigo cansado por la vieja despreocupación quisiera irse de nuevo.

Los amigos volvieron a ser felices, pero esta vez para siempre.

Jajajaja y ya no olvidó que “cuando se agota el pozo, se sabe cuánto vale el agua”.

El hombre y su bote felices

Fin.

La Habana, el Cerro, 12 de noviembre de 2021.

El hombre y su bote es un cuento del escritor Gustavo Arencibia Carballo © Todos los derechos reservados.

Ilustradora: Trinidad Quintana Perlingieri, 15 años. Tortuguitas, provincia de Buenos Aires,
Argentina.

Sobre Gustavo Arencibia Carballo

Gustavo Arencibia Carballo - Escritor

Gustavo Arencibia Carballo es un escritor cubano, nacido en La Habana en 1953. Es Licenciado en Bioquímica, graduado en la Universidad de La Habana, Doctor en ciencias en el Uso, Manejo y Preservación de los Recursos y Maestro en Ciencias del Agua, graduado en el CIBNOR, México.

Como escritor tiene publicado el libro titulado “Cuentos del Barrio mío“, libro de cuentos como resultado del primer premio en el concurso estatal de literatura del Instituto subcaliforniano de Cultura, Baja California Sur, México, 2005. Este libro de cuentos tiene una segunda edición en 2019 por la editorial de Cuba CITMATEL en formato de libro digital y en 2021 se publica en México la tercera edición, por la Editorial Unas Letras.

Además tiene un libro de poemas publicado en Colombia en el 2011 titulado “El amor y el agobio” (ISBN: 978-958-46-0656-3). Ha participado en varios concursos de literatura nacionales e internacionales. Tiene varios libros sin publicar como “Cuentos de este tiempo y otros espacio” de ciencia ficción presentado en el concurso el 13 de marzo de la Universidad de La Habana (1980), “Cuentos y poemas para niñas y niños“, poemario “Dispersa Lejanía” (2017), “A tu lado ahora” (2019) y otros en preparación.

Ha escrito para diferentes medios de comunicación como periódicos revistas y páginas web, con artículos de opinión y escritos de sus libros publicados o en preparación.

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10 comentarios en «El hombre y su bote. “Debes cuidarme, pues sino me perderás y las cosas queridas un día se van y no regresan”.»

  1. Isis Neyda Rodríguez Grimón

    Me encantó el cuento, bello, reflexivo, que nos sirve a todos no solo a niños, para darnos una lección, con un lenguaje claro, suave y armonioso.

  2. Triny querida, este cuento es tan lindo y tan real que se me escaparon unas lágrimas. Es muy cierto lo que dice, las cosas que uno quiere tiene que cuidarlas. Porque no viven toda la vida y es así la vida. Felicitaciones corazón, estoy muy feliz de poder leer todo lo que haces y así aprendo de vos personita adorada. Te quiero y lo mejor para vos y tus papis que siempre están presentes. Abrazos amor ¡Viva Trinyyyyyyy!

  3. Maravilloso cuento, el escritor, como nos tiene acostumbrados, nos transmite una excelente y educativa moraleja, válida no sólo para niñas, niños y adolescentes, sino para todo lector sin límite de edad.
    En lo particular transmito mis felicitaciones a Gustavo en mi modesto comentario.

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