Una ofrenda para mi hermana 💀 Tendrá que dejar una señal, algo para que la otra se dé cuenta de que vino, ¿qué te parece?

Por Raquel Eugenia Roldán de la Fuente. Historias cortas.

Para aquellos que no somos de países como México, Bolivia, Perú y Guatemala, donde está fuertemente arraigada la tradición del 1 y 2 de noviembre en que se realiza la festividad y la ofrenda de muertos, Una ofrenda para mi hermana es una de las fantásticas historias para el día de los muertos de la escritora Raquel Eugenia Roldán de la Fuente sugerida para adolescentes, jóvenes y adultos. En esta historia se repasan algunas de las costumbres más tradicionales de esta celebración principalmente en México, de donde es su autora.

Pero primero veremos algunos de los términos que se utilizan en el cuento y que seguramente muchos no conocemos.

¿Qué es el cempasúchil?

¿Qué es el cempasúchil?

La Cempasúchil es una flor nativa de México. Simboliza y es utilizada como ofrenda en la festividad del Día de Muertos, debido a su color y aroma es uno de los elementos más representativos de estas celebraciones. Su nombre proviene del náhuatl “Cempohualxochitl” que significa “veinte flores” o “varias flores”.

¿Qué son las hojaldras o pan de muertos?

¿Qué son las hojaldras o pan de muertos?

En la época prehispánica, las ofrendas para la celebración del Día de los Muertos consistían en “panes” de diversas figuras como mariposas o rayos (xonicuille) hechos a base de amaranto y “pan ázimo” que era un pan de maíz seco y tostado, otros ofrecían unos tamales (xucuientlamatzoalli) y maíz tostado llamado Izquitil. Casi toda la ofrenda tenía amaranto porque lo consideraban un alimento especial. El equivalente al pan de muerto, como ahora se lo conoce, sería el “huitlatamalli” que era una especie de tamal. En la época prehispánica se hacía la “papalotlaxcalli” o pan de mariposa que también era exclusivo de esta celebración tradicional.

¿Qué es el dulce de calabaza?

¿Qué es el dulce de calabaza?

El dulce de calabaza es una preparación hecha a base de Calabaza de Castilla cocida en miel de piloncillo (miel de panela o de caña de azúcar) y por lo general con rajas de canela. Es, seguramente, el dulce más importante en las festividades del Día de Muertos en México. La Calabaza de Castilla primera planta cultivada en Mesoamérica, La Calabaza de Castilla es un fruto que se caracteriza por tener una cáscara muy gruesa, pulpa carnosa de color anaranjado y pepitas en su interior. Pueden ser de color verde, con manchas blancas o anaranjadas, de tamaños y formas muy diversas.

¿Qué es el atole?

¿Qué es el atole?

El atole (del náhuatl atolli ‘aguado’), o atol, es una bebida de origen mexicano prehispánico consumida en Mesoamérica. En su forma original es una cocción dulce de maíz en agua, en proporciones tales que al final de la cocción tenga una moderada viscosidad y que se sirve lo más caliente posible. Es común que la bebida sea condimentada con especias aromáticas (cacao, vainilla, canela, anís, azahar, hojas de naranjo) y endulzada con piloncillo, azúcar o miel. También suele prepararse con leche en lugar de agua.

¿Qué es el mole?

Arroz con mole - ¿Qué es el mole?

Mole son varios tipos de salsas muy condimentadas hechas en México, principalmente a base de chiles y especias, y que son espesadas con masa de maíz, tortilla o pan. El origen del mole se da con las culturas prehispánicas donde los indígenas mezclaban varios chiles con semillas de calabaza, hierba santa y jitomate. Con la llegada de los españoles a México entraron nuevos productos que se fueron agregaron a las recetas de los moles como la pimienta negra, anís y la canela. El mole representa una celebración pues era y es el plato principal en fiestas patronales, bodas, 15 años y hasta en los funerales, siendo uno de los alimentos de origen prehispánico símbolo de su cultura. Entre los ingredientes del mole poblano, no puede faltar ✅ chocolate o cacao, ✅ jitomate, ✅ ajo, ✅ cebolla, ✅ almendras, ✅ nueces, ✅ pasas y especias como ✅ el clavo, ✅ la pimienta o ✅ el perejil, además de cuatro tipos de chiles: ➡️ ancho, ➡️ mulato, ➡️ pasilla y ➡️ chipotle.

¿Qué es el epazote?

¿Qué es el epazote?

El epazote (Del náhuatl epazotl), también denominada apazote, pazote, paico en México (camatai y cashiva en Perú), es una hierba aromática nativa de Mesoamérica, usada desde tiempos prehispánicos en México con fines medicinales y también como ingrediente para la cocina. Las hojas del epazote son alargadas y aserradas y existen variedades verdes y moradas o violetas, ambas con sabor parecido.

¿Qué son las calaveritas de azúcar?

¿Qué son las calaveritas de azúcar?

Las calaveritas de azúcar (de dulce o de alfeñique) es una galletita mexicana que tradicionalmente se prepara para el Día de Muertos principalmente con uso decorativo y simbólico para el altar de muertos. Típicamente, las calaveritas se fabrican con ✅ azúcar, ✅ agua caliente, ✅ clara de huevo y ✅ limón, mezclados hasta hacer una masa que es posible moldear. También se preparan calaveras de chocolate o de amaranto. Se suelen utilizar moldes con la forma de una calavera humana, donde se deja secar la masa para luego decorarla con colores vívidos. Cada calavera tiene en le frente una tira de papel brillante con el nombre escrito del ser querido que falleció, o bien de la persona a la que se le quiere regalar este dulce.

Y luego de leer el cuento, quieres utilizar la sección de comentarios y explicarnos qué significan en la cocina típica mexicana los términos: punche, pastel de natas, pay de queso, las tortillas, las pitayas, o cualquier otro plato, que nos quieras comentar, de la cocina tradicional de estas festividades.

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Una ofrenda para mi hermana

Una ofrenda para mi hermana - Historia corta

Cuando éramos niñas hicimos un trato. Mientras ayudábamos a mamá a poner el altar de muertos, todos los años, nos preguntábamos si en verdad los muertos regresarían alguna vez, si vendrían atraídos por las ofrendas que les poníamos, o si era solamente una tradición, bella y llena de fantasía.

Un año tras otro la acompañamos al mercado a hacer las compras y luego, en la cocina, a preparar los platillos típicos de la temporada, aunque a mamá le gustaba que pusiéramos, más bien, los favoritos de nuestros abuelos; si eran para ellos, nos decía, tenían que ser comidas que les gustaran a ellos.

Así, a los olores típicos de la temporada, en los que predomina el cempasúchil y el pan de muerto, el punche y el dulce de calabaza, se agregaban los del fideo y el pastel de natas. Fuimos aprendiendo a colocar las ofrendas, adornándolas con papel picado y cadenas de papel morado y blanco.

Pero, a la vez, fue entonces cuando empezamos a preguntarnos qué tan cierto sería todo eso, si siempre, al día siguiente, ahí veíamos la comida que habíamos puesto: nunca desaparecía nada. ¿Venían realmente los muertos a visitarnos?, ¿venían a comerse lo que preparábamos para ellos…? ¿Podríamos, acaso, verlos alguna vez…?

Claro que vienen −nos explicó mamá un día que se lo preguntamos−. Si ustedes prueban al día siguiente lo que hay ahí verán que ya no tiene sabor, eso es porque ya se lo comieron, sólo que como son espíritus se llevan sólo la sustancia, el sabor, y dejan ahí lo demás.

No lo entendimos muy bien, pero de verdad, esa vez al probar al día siguiente algo de lo que habíamos puesto no nos gustó ni siquiera un poco: aquello casi no sabía a nada. Pero nunca pudimos, ni Beatriz ni yo, ver a los muertos.

Vamos a hacer un trato −me dijo entonces mi hermana−; a la que se muera primero de las dos la otra le pone su ofrenda. Pero la que se haya muerto, si viene, tendrá que dejar una señal, algo para que la otra se dé cuenta de que vino, ¿qué te parece?

Bueno, de acuerdo. Si yo me muero primero tú me pones mi ofrenda y si vengo te aviso, y lo mismo haces tú si yo te pongo tu ofrenda.

Pasaron los años y no volvimos a hablar de ello. Cada año poníamos nuestra ofrenda como mamá nos enseñó.

Las dos nos casamos; murieron papá, y mamá, y siempre les poníamos su ofrenda. Tuvimos hijos y hasta llegaron nuestros primeros nietos, y ambas, cada una en su casa, continuábamos poniendo las ofrendas cada día de muertos.

Cuando yo tenía cincuenta y cuatro años y mi hermana Beatriz uno más, ella falleció de un infarto.

Todos la lloramos, pues era una mujer que se había dado a querer. Además, su muerte fue totalmente repentina, inesperada, pues el mismo día parecía estar llena de vida y salud. Unos meses después, el día de los muertos, yo incluiría a mi hermana entre mis difuntos para poner la ofrenda; por entonces tenía totalmente olvidado el trato que habíamos hecho muchos años antes.

Con anticipación fui al mercado a hacer mis compras, y acomodé todas las cosas para la ofrenda: las deliciosas y tradicionales hojaldras o pan de muertos, y el atole, agua y frutas y también preparé un pay de queso, que era el favorito de mamá; un plato de arroz con mole, que le encantaba a papá; una cazuela llena de frijolitos negros con epazote, como los comíamos en casa cuando yo era niña, y una buena cantidad de tortillas.

Además, pensando en mi hermana, ese año añadí un enorme plato de pitayas, que eran su golosina predilecta. Y tres calaveritas de azúcar con los nombres de mis tres queridos difuntos. Luego, coloqué dos fotografías: la que siempre había puesto, donde estaban papá y mamá el día de su boda, y junto a ellos una de Beatriz, del día que cumplió quince años y en la que se veía muy bonita, alegre como siempre, con su vestido color durazno y su primer peinado de salón.

Compré tres veladoras: dos chicas que eran las de mis padres, y la de Beatriz, como acababa de morir, era la más grande. El adorno también quedó un poco diferente ese año, pues siempre ponía, además de las tradicionales flores de muerto amarillas, la flor favorita de mamá, que eran las azucenas.

Pero ese año me costó mucho trabajo conseguir cempasúchil morado, había casi puro amarillo y yo sabía que Beatriz siempre había preferido las flores moradas. Y sus flores preferidas, las margaritas, tampoco me fue fácil encontrarlas. Pero al fin quedó mi ofrenda lista para recibir la visita de mis tres difuntos más queridos.

Por la noche, estando reunida la familia, esperamos a las doce para prender las veladoras. Mientras esperábamos que sonaran las doce campanadas percibíamos el aroma de los platillos recién cocinados, que nos abrieron el apetito a pesar de que ya habíamos cenado, y platicamos algunas anécdotas de la familia: recordamos las historias de cuando mis papás se conocieron y se hicieron novios, su boda, las travesuras de Beatriz y mías cuando éramos pequeñas, y luego cómo nos fuimos haciendo mayores, nuestros primeros novios, esposos e hijos.

La vida había dado muchas vueltas. Luego, cuando dieron las doce, haríamos una oración por los difuntos, breve pero muy sentida. Prendí las veladoras: primero la de mamá, luego la de papá… Al ir a prender la de Beatriz, perdió el equilibrio, cayó sobre la mesa y rodó al piso. La levanté, revisé que no se hubiera maltratado y la acomodé.

En lo que sacaba un cerillo se volvió a caer sobre la mesa. La levanté, la volví a poner con cuidado, alisando el mantel para que no tuviera arrugas que la hicieran caer otra vez, y encendí el cerillo. Al aproximar la flama a la veladora, pero aún a unos centímetros de tocarla, sin ningún motivo se volvió a caer.

¡Ja, ja, ja! −bromearon mis hijos−, es la tía Bety, algo te quiere decir.

Entonces recordé el trato que habíamos hecho. No pude evitar un ligero estremecimiento, pero me sobrepuse rápidamente.

Bienvenida, Beatriz… Como siempre, ya sabes que estás en tu casa− murmuré, como si hablara para mí misma.

Pero estoy segura de que mi hermana estaba ahí, junto al altar, y me oyó.

Fin.

Una ofrenda para mi hermana es un cuento de la escritora Raquel Eugenia Roldán de la Fuente © Todos los derechos reservados.

Sobre Raquel Eugenia Roldán de la Fuente

Raquel Eugenia Roldán de la Fuente - Escritora

Raquel Eugenia Roldán de la Fuente es una escritora Mexicana que actualmente trabaja como correctora ortográfica y de estilos en Gil Editores. Además es difusora de las técnicas de lectura rápida y escritora de cuentos y rimas infantiles.

También trabaja en la elaboración de juegos didácticos infantiles: crucigramas, laberintos, dibujos de unir puntos, rompecabezas, juegos de mesa, etc., sobre temas generales o específicos.

Algunos de los juegos que desarrolló y que está en proceso de comercialización son: ✅ Pulgas matemáticas, juego sobre la práctica del cálculo mental en sumas, restas y multiplicaciones para nivel primaria. ✅ Preguntaches, juego sobre educación vial y algunos conceptos de educación ambiental. ✅ Diez por diez cien, juego para que estudiantes de tercero de primaria en adelante practiquen las tablas de multiplicar.

Tiene escritos más de 160 cuentos de temas prehispánicos, históricos, mexicanos, infantiles, historias de familia, cuentos de fantasmas, entre otros. o Cerca de 30 artículos sobre temas históricos y de arte para el suplemento “Arte y cultura”, de Síntesis. Más de 60 textos para el fotocuento del suplemento infantil de Síntesis, durante año y medio. Dos fábulas publicadas en el mismo suplemento.

Algunos libros de Raquel Eugenia Roldán de la Fuente

  • Mil tips para guiar a tus hijos, dirigido a padres de familia, sobre la educación de niños y jóvenes (Gil Editores, 2007);
  • Los cuentos de Mariana, cuentos infantiles (Cabos Sueltos, 2006);
  • Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, historia de México para niños y jóvenes (Gil Editores, 2011);
  • El hospital de las palabras, cuentos de ortografía y reflexión sobre la lengua (2012, Ed. IMAR)

Algunas de las publicaciones de Raquel Roldán de la Fuente

  • Es coautora de 1001 juegos de razonamiento lógico matemático, Gil Editores.
  • Publicó el texto de divulgación Historias que merecen pasar a la historia, que contiene datos poco conocidos sobre personajes y hechos de la independencia de México (123 pág), parcialmente publicado por las revistas La Curul, del H. Congreso del estado de Puebla, y bulevar, revista local de contenido cultural (2010).
  • Curso de lectura rápida: para adquirir el dominio de las técnicas de lectura rápida. Ejercicios para incrementar la velocidad lectora, para la agilidad mental, la comprensión y la memoria.
  • Colección “Ponle color a tu cuento“: cuentos ilustrados para niños, a precios muy económicos, con dibujos preparados para que el lector los coloree. Historias: El Padre Sol y sus hijos; Cómo disfrazar a un elefante; Serapio, el gato científico; Gus gusanito y Ana gusana; La carcachita, Llina y sus diez Llitos, y varias más en preparación.

Otros cuentos de Raquel

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