Jerónimo el ratoncito que perdió el miedo a pedir ayuda

Jerónimo el ratoncito que perdió el miedo a pedir ayuda es un bello cuento educativo sobre un acto que suelen evitar muchos niños e incluso, adolescentes y adultos, a los que, quizás por vergüenza o por ser poco comunicativos, les cuesta pedir ayuda. Debemos saber que existen en el mundo muchas personas a las que les encanta ayudar a los demás, y que lo único malo que nos podría pasar es recibir como respuesta un no. Veamos cuáles son las enseñanzas de este hermoso cuento.

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Jerónimo el ratoncito que perdió el miedo a pedir ayuda

Jerónimo el ratoncito que perdió el miedo a pedir ayuda

Érase una vez una familia de ratoncitos que vivía en una aldea encantada en el claro del bosque. José el hermano mayor Lisa, Ana y Jerónimo el hermano menor que era muy tímido. Luis, el papá ratón era un ingeniero que acudía al llamado de las personas que pedían ayuda para reparar sus chozas y casi nunca estaba en casa. Johana la mamá ratón había trabajado toda su vida y aun con sus hijos no dejaba de hacerlo.

Un día Luis llegó a su casa y reunió a toda su familia.

– “Quiero que escuchen atentos una anécdota que me ocurrió. Estaba terminado de reconstruir la última choza antes de volver a casa, cuando llegó ante mi Pedro, un gato cazador.”

– “¡Necesito alguien que me ayude!” -exclamó él. “Junto con mi esposa y mis hijos hemos tenido que salir de casa. ¿Alguien conoce a Luis?” -preguntó.

Soy yo, respondí intimidado. Pero luego de atreverse a pedir ayuda y escuchar su historia decidí ayudarlo.

La choza del gato Pedro estaba en malas condiciones y me tomaría más de un día arreglarla, así que me dispuse a trabajar muy duro, pero al cabo de un rato llegó a mí el rumor de que Pedro estaba planeando comerse los ratones que estaban en la villa.

– “Debí imaginarlo” -pensé intimidado, sin embargo seguí con mi trabajo.

Luego de semanas de trabajo, le dije al gato Pedro:

– “Está lista, puede volver a vivir en su choza.”-

A lo que el gato Pedro respondió:

– “¡Oh, que maravilla! ¿Es en serio? ¡La choza está perfecta!” -exclamó lleno de júbilo mientras saltaba Pedro al ver los resultados-. “¿Pero cómo puedo pagarte, Luis?” –

Luego de un par de minutos de reflexión hablé con timidez pero con todo el valor que pude, poniendo ambos pies en la tierra, puse mis manos en la cintura y parándome tan firme como roble, exclamé.

– “Si en verdad estás tan agradecido, quiero que no te comas a ninguno de mis amigos o familia, de hecho ¡quiero que no te comas a nadie de mi especie!” –

– “El gato Pedro, aún con una sonrisa de agradecimiento por su casa reparada, prometió no hacernos daño ni a mí ni a ninguno de nuestra especie.” –

– “Así que hijitos” -siguió Luis,- “Quiero que decidan que quieren ser en sus vidas, saben que respetaré la carrera que elijan, pero me gustaría que por lo menos uno de ustedes llevara en su corazón la vocación de ayudar. -¡Realmente eso me haría muy feliz!” -pensó…

Pasaron los días y ya los ratoncitos habían decidido.

José, el mayor, por su parte, sería arquitecto. Lisa quería ser modelo – “Con mi trabajo ayudaré a los diseñadores y diseñadoras a mostrar sus creaciones” -dijo emocionada. Ana decidió ser cirujano, -“Podré ayudar a la gente que tenga accidentes y recupere su autoestima.” –

De esta manera todos pensaban que igual que su padre estarían ayudando a la gente.

Pero Jerónimo aún no sabía que hacer de su vida-, “Sería genial que me pagaran por dormir. Eso sería perfecto para mi!” -pensaba mientras miraba su reflejo en el agua del lago.

Jerónimo iba al lago todos los días. Un día, mientras veía su reflejo, apareció un loco pececillo que todos los días paseaba en el lago.

– “¡Hola!” -gritó el pececillo para asustarlo, Jerónimo dió un salto y por poco cae al agua.

– “¿Quién eres?” -no me hagas daño.

– “¡Mi nombre es Camilo!” -exclamó sin que nadie se lo preguntara.- “No te preocupes, solo quería saber ¿por qué estás triste?” -respondió Camilo entre dientes, pues no paraba de sonreír.

Después de un rato Jerónimo le contó a Camilo la razón por la que estaba triste.

– “¡Las matemáticas son difíciles, no entiendo el español, mucho menos puedo hablar y escribir en inglés, la química me parece aburrida y tengo dos manos izquierdas a la hora de querer dibujar como un artista. Papá quiere que decidamos que hacer y yo soy el único que un no se decide por nada por que no sirvo para nada!”

– “No te preocupes, del otro lado del lago hay un profe que recibe muchos niños, yo solo lo escucho pues no puedo salir del agua para ir a sus clases ¡ven conmigo, te ayudará!” -dijo Camilo mientras daba círculos en el agua y saltaba chapoteando.

Al otro día Jerónimo un poco triste llegó hasta el lago y con su nuevo amigo partieron a lugar donde Camilo podría ver al profesor.

– “¡Es verdad, se escuchan muchos niños allí!” -exclamó Jerónimo un poco nervioso.- “¿Dónde está el profe?” –

– “No se, nunca lo he visto, como no puedo salir del agua nunca he entrado a una de sus clases” -respondió Camilo.

De repente apareció una sombra grande en el salón de clases y con una voz muy aguda dijo:

– “¡Buenos días amiguitos!”-

Jerónimo dió un gran salto y cayó al agua donde estaba su amigo, el cual huyo gritando:

– “¡No me comas, no me comas, no sería de gran alimento para ti!” –

De entre las sombras salió del salón de clases Carlos, una serpiente de gran tamaño que era un profesor jubilado. Este se dedicaba a ayudar niños que, como a Jerónimo, les costaba entender algunas asignaturas.

– “Los llevaré a mi salón” -dijo Carlos, mientras su largo cuerpo entraba lentamente.- “Allí te podrás secar y te resguardarás del frío.” –

En el salón de Carlos había muchos niños de muchas especies.

Grandes, pequeños pero todos con el mismo propósito de buscar apoyo escolar. Después de contarle su historia, Jerónimo le dijo a Carlos:

– “¡Necesito ayuda escolar, pero no quiero ser tu alimento!” -a lo que Carlos respondió: “No tengas miedo de pedir ayuda. Cuando pides ayuda escolar, eres feliz y haces feliz a la persona que puede ayudarte.” –

Decidido por las enseñanzas del profe Carlos, Jerónimo volvió a casa con una cara muy triste pero con el propósito de pedir ayuda. Les dijo a sus hermanos con lágrimas en los ojos:

– “No sé qué hacer, no quiero estudiar pues no entiendo nada en la escuela.” –

– “¿Porque no lo dijiste antes?” -respondió Lisa– “A mí me encantan los idiomas, y soy muy buena enseñando, cuando quieras te ayudo.”

A ella se sumaron Ana y José, los tres resultaron ser muy buenos en todas las materias. Ahora las lágrimas de Jerónimo eran de felicidad, porque sus hermanas y hermano le ayudarían.

Pasado el tiempo Luis quería escuchar las carreras que sus hijos eligieron.

– “¡Decidí ser profesora, me sentí muy bien ayudando a mi hermano!” -exclamó Lisa entusiasmada.

– “¡Que casualidad!, yo también quiero ser profe” -dijo Jerónimo-, “Quiero ayudar a todos los niños que como yo les da miedo pedir ayuda.” –

Jerónimo visitó a Carlos para agradecerle por el consejo y continuó con sus estudios, llegando a ser un gran profesor dispuesto a dar ayuda escolar a los estudiantes que la necesitaban, incluso cuando les daba miedo pedirla.

Fin.

Jerónimo el ratoncito que perdió el miedo a pedir ayuda es un cuento educativo de EnCuentos © Todos los derechos reservados.

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