Un ángel para Don José


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Por Lydia Giménez Llort. Cuentos de enfermedades

Un ángel para Don José es una bella historia que relata los síntomas del infarto de miocardio, cómo reconocerlo y cómo actuar. Escrito por Lydia Giménez Llort. Cuentos de enfermedades.

Un ángel para Don José

Con cariño para la Sra. Felisa y Jese, de Tenerife, con los que un día de mayo compartí momentos que marcaron nuestras vidas.

Un ángel para Don José

De buena mañana, aún siendo Navidad, Don José quiso ir como de costumbre a ver a sus almendros. Justamente – pensó- ninguna otra fecha mejor que ésa para ir y, desde allí mismo, poder dar las gracias a Dios por todas las cosas que, un año más, aquella tierra le había regalado.

Salió pronto, no eran ni las seis, para poder así estar de vuelta antes de las 12 y asistir a la misa de Navidad. Allí, ya junto a los demás, volvería a dar gracias por todo y pediría por todos.

Subiendo por los montes llegó hasta el alto llano donde tenía sus almendros. Como en ningún otro lugar, la mirada panorámica de la inmensa serranía le premiaba con momentos únicos de paz y tranquilidad.

Podía escuchar las melodías de la tierra en medio del silencio. Podía sentir la dulce caricia del aire y los primeros rayos de sol que llegaban hasta él cruzando el océano azul del cielo.

Entonces, sin razón aparente, le sobrevino un sudor frío, excesivo, inexplicable, a lo que le siguió un pequeño aturdimiento y mareo. Parecía que fuese un pequeño malestar, como si de una indigestión se tratara, si no fuese por aquella repentina debilidad. Luego, la falta intensa de aire, la sed y el hambre por poder respirar. Y aquel extraño dolor como si un puño enorme retorciera su corazón.

En unos momentos, el dolor era tan intenso que le llegaba a los brazos, sobre todo al izquierdo. Aterrorizado, dejó de caminar para quedar parado quieto, pero el manto de dolor que le cubría no cesaba, le recorría ya la espalda, subía por los hombros y el cuello para llegar incluso a los dientes y la mandíbula. Con la piel ya color ceniza y los labios azulados, Don José empezó a pensar en la levedad de su existencia, en su mujer y sus hijas, en sus nietos.

Apareció entonces, como caído del cielo, un niño.

– Esté tranquilo, Don José, recuéstese aquí – le dijo el niño mientras sus angelicales manos le sostenían la cabeza y le ayudaban a sentarse bajo uno de los almendros.

Con la cabeza y las espaldas bien apoyadas en el árbol, Don José, sintió la fortaleza de sus queridos y fieles almendros. Qué gran consuelo ver que le acompañaban cuando le faltaba poco, tan poco. Quizás no le faltaba ya nada. Así que mientras el niño le ayudaba a poner las rodillas dobladas cerquita del pecho, alzó la mirada al cielo.

Casualmente entonces, vio como 112 rayitos de luz se cruzaban haciendo una extraña señal: una pequeña cruz y un destello. Al instante, oyó al niño hablar en alto, avisando de lo sucedido, como si hubiese alguien que desde lo alto atentamente le escuchara.

Le oyó describir el lugar, la serranía, el campo de almendros, y luego contar con increíble precisión todo aquello que sólo Don José había sentido en su interior. Era un relato asombrosamente minucioso que indicaba incluso cuánto rato hacía que todo aquello le había sucedido. Después de mirarle dulcemente al pecho, el niño dijo ver que Don José tenía un poquito de corazón muerto pero que el resto luchaba por seguir latiendo.

Luego el niño calló, levantó la mirada y dibujó algo con el dedo en el cielo. Y al momento, por allí donde su pequeño dedo había rozado, el cielo quedó cubierto de cirros, finas líneas blancas de nubes que indicaban un camino. El niño permaneció a su lado, como un ángel guardián, pendiente de si estaba consciente, de su respiración, de su pulso.

Fueron sólo minutos, no más, cuando los hombres vestidos de blanco llegaron. Y al querer darle las gracias al niño nadie supo verlo en todo el llano. En lo alto, sopló una suave brisa y los cirros se desvanecieron para dejar un leve halo blanco.

Fin.

En recuerdo de todos los Don José que se nos fueron demasiado pronto, y en agradecimiento a todos los ángeles anónimos que lograron que muchos se quedaran con nosotros.

Un ángel para Don José relata los síntomas que permiten reconocer un infarto de miocardio y la actuación de primeros auxilios. Conocer ambas cosas nos puede permitir salvar una vida, quizás incluso la nuestra. Desde cualquier país del mundo donde uno se encuentre, la llamada al número de teléfono 112 (N. del E., en algunos países es otro número, como el 911 o el 107), número de emergencias gratuito, puede salvar la vida. Si se encuentra en un lugar de difícil acceso, es muy importante indicar bien donde se encuentran y situar a alguien en un lugar visible para que el equipo médico llegue lo antes posible.

¿Qué es el infarto de miocardio?

El infarto de miocardio es una lesión que se produce en el músculo cardíaco cuando se interrumpe el riego sanguíneo. La causa más común es la obstrucción producida por un coágulo en una arteria coronaria.

El principal riesgo es que el corazón deje de latir. Sus efectos dependen en gran medida de qué cantidad de músculo queda afectada. Muchas víctimas se recuperan por completo.

Nuestro principal objetivo para ayudar a la víctima es conseguir que descanse para aligerar la tensión en el corazón y conseguir que sea trasladado urgentemente a un hospital. Se recomienda dar 300mg de aspirina y si la persona que sufre el infarto llevase consigo las medicinas adecuadas para una angina de pecho, como comprimidos o un aerosol, ayudarla a tomarlo. (Manual de Primeros Auxilios, Ed. Pearson, Alhambra, 2007).

Los principales riesgos que predisponen a un infarto de miocardio son la hipertensión, la aterosclerosis u otra enfermedad de las coronarias, antecedentes de angina de pecho, de un ataque anterior o de trastornos del ritmo cardíaco.

Hábitos como el tabaquismo, el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y de grasas, sedentarismo y niveles altos de estrés contribuyen a aumentar la probabilidad de un ataque al corazón.

Los infartos son más frecuentes en hombres mayores de 40 años y mujeres mayores de 50 años. Y si la persona tiene sobrepeso, obesidad o diabetes, el riesgo se multiplica. Por lo que tener un estilo y unos hábitos de vida saludables es muy importante.

Se ha observado que los excesos de las fechas navideñas aumentan la incidencia de los infartos y que el tamaño de la zona cardíaca afectada es mayor en aquellos que suceden entre las 6 y las 12 de la mañana.

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112 – Número telefónico de emergencias

Aún así, la rapidez en la atención médica es determinante para poder salvar la vida. Recuerde, llame inmediatamente al 112.

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