El fútbol no tiene la culpa ⚽ Todo está en lo que tú creas de ti y en tú potencial. ¿Qué dices Alex?

Por Carmen María Rondón Misle. Cuentos sobre enfermedades de niños.

Alex es un niños con una afección, es asmático, y además, le apasiona el futbol pero el médico le ha prohibido jugarlo. El fútbol no tiene la culpa es un cuento de la escritora venezolana Carmen María Rondón Misle. Cuento sobre como, algunas veces, el pensamiento positivo puede ayudar a las personas a enfrentar los problemas.

Pero para ayudar a entender mejor el cuento, veamos: ¿Qué es el asma?

¿Qué es el asma?

¿Qué es el asma?

El asma es una enfermedad que afecta los pulmones. Es una de las enfermedades de duración prolongada más comunes en los niños, aunque los adultos también pueden padecerla. Es una enfermedad crónica que provoca que las vías respiratorias de los pulmones se hinchen y se estrechen. Esto hace que se presente dificultad para respirar como sibilancias, falta de aliento, opresión en el pecho y tos durante la noche o temprano por la mañana. Cuando se presenta un ataque de asma, el recubrimiento de las vías respiratorias se inflama y los músculos que las rodean se tensionan. Esto reduce la cantidad de aire que puede pasar por estas.

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El fútbol no tiene la culpa

El fútbol no tiene la culpa - Cuento
Imagen de Michal Jarmoluk

Alexander regresaba como todas las tardes de su práctica de fútbol. Estaba más agitado que de costumbre, su respiración se acelero hasta quedar casi sin aliento y su mamá se asustó y lo llevó de inmediato a emergencias. Después de la crisis, el doctor se acercó y habló con los dos.

Alexander lamento mucho decirte que no puedes jugar más al fútbol, eso sería muy arriesgado para ti.

– Pero doctor, eso es imposible. Yo adoro jugar, no me lo puede prohibir.

Si doctor, siempre se lo hemos dicho, su médico especialista le tiene prohibido, pero es imposible retenerlo. Siempre se nos escapa, ya no se qué hacer -dijo desesperada la madre.

Entiendo, se lo difícil que es para ti Alexander, pero tienes que aceptarlo, si no le quieres causar tus padres un susto mayor.

Con estas palabras el médico se retiró y dejó muy abatido a ambos.

Más tarde en su casa entró Julio, el padre de Alex, como lo llamaban cariñosamente sus seres queridos.

¿Qué tal, cómo sigue Alex?

Está mejor, se normalizó pero está muy triste porque el médico le prohibió terminantemente jugar o hacer cualquier actividad física forzada.

Hablaré con él.

Julio ¿Qué vamos hacer? Me da tanta tristeza verlo así, es tan joven y tiene tanta vitalidad.

Calma Rosa todo estará bien… -respiró profundo- tenemos que ser enérgicos si no queremos que lo lamentemos, tu debes dejar la lástima, sino quien sabe que… -se apretó los labios, ya se estaba encolerizando pero volvió a tomar aire y se apretó los labios y aguanto las lágrimas.

Rosa, en cambio, si dejó que rodaran por sus mejillas.

Julio tocó la puerta.

Nadie respondió, así que la abrió lentamente y vio a su hijo sentado a en la orilla de la cama pensativo. Este no alzó la cabeza, sabía que lo reprendería por haberse ido a escondidas a jugar.

– Alex, tu eres un chico muy inteligente, no es necesario legar a estos extremos contigo. Sabes el peligro que es el que juegues, estuviste todo este tiempo engañándonos. Decías que solo practicabas sin excederte y resulta que llamé y me informaron que estás en el equipo, y que te anotaste, no solo para jugar, sino para competir, sabes el esfuerzo que requiere esto.

Si, lo sé papá.

Si, de verdad, ¿sabes que tu vida están en riesgo y que tu madre está sufriendo por ello de angustia, también sabías eso?

Si papá, lo sé -contestó alzando la voz- y ¿qué quieres que haga? no puedo evitarlo, yo amo el fútbol.

¿Más que tu vida?

– No lo sé,  sólo sé que adoro jugar y que me parece injusto que por esta maldita enfermedad, me tenga que alejar de algo que me apasiona.-

Su voz se quebró ante la impotencia de la situación.

Lo lamento hijo.

¿Seguro? ¿Seguro que lo lamentas? Yo diría que te alegra, odias el fútbol, odias el juego, odias todo esto.

No es así hijo, solo me preocupa perderte, sólo tengo miedo de eso -los dos hablaban ya casi gritando entre rabia y llanto.

El fútbol no tiene la culpa de lo que me pasa papá.

Lo sé hijo mío y lamento tener que hacerte esto, pero es por tu bien. Sólo queremos lo mejor para ti, perdónanos por favor, pero no puedes jugar más fútbol.

Abrazó a su hijo lo apretó contra él, pero este se sacudió. Era muy injusto y por más que quería entenderlo no podía, ¿por qué a él?

Pasaron los días y Alex se incorporó a clases.

Después de clases sus compañeros de deporte lo alcanzaron casi llegando a su casa.

Hola Alex ¿como estás?

Si amigo, ¿cómo te va? Supimos que estuviste enfermo.

– Vinimos a verte pero tu mamá no nos dejó, nos dijo que necesitabas reposo.

– Si, es verdad, pero ya estoy bien.

También nos dijo que no podrás jugar más.

No, sí jugaré esta tarde, iré a la práctica, espérenme allí.

Ok Alex, te esperamos.

Alex jugó con toda su energía.

A pesar de que se cansó, pudo controlar la ansiedad que le producía el asma que padecía, con su inhalador.

Al terminar, salió de allí directo a la oficina de su papá.

Hola papá, ¿estás ocupado?

Si pero pasa Alex, ¿qué se te ofrece?

Jugar papá eso quiero.

Hijo, ya hemos tenido esta discusión antes.

Si, pero siempre la acabas para no ver angustiada a mamá.

Si, pero con o sin tu mamá, está decidido, no jugarás más.

Pero no pueden decidir por mi.

Claro que si, somos tus padres.

No es justo, no es jus… -se le quebró la voz.

– Lo siento hijo, pero es nuestra última palabra. Tu madre y yo no nos perdonaríamos si te llega a suceder algo malo.

Pero yo sé cuidarme solo… -chilló Alex.

Lo siento de verdad hijo, pero es nuestra última palabra.

¡Te odio… los odio a los dos! ¡lo haré de todos modos es mi vida! -salió llorando de rabia.

Julio cerró los ojos, apretó duro los labios.

Le daba tanto dolor ver a su hijo así, se puso las manos en la cara y se sentó frente a su escritorio con las manos y tapándose la cara robándose la cabeza desesperado sin saber qué hacer.

Los días trascurrieron y Alex siguió asistiendo a las practicas sin ningún contratiempo. La temporada comenzó y sus padres ignoraban que seguía jugando. Este se las arreglaba para escurrirse, mintió al entrenador consiguiendo permisos falsos. Finalmente, llegaron a las finales y se disputaban la copa de fútbol juvenil de la región.

Alex se esforzaba cada día más y era demasiada la presión. Ya el inhalador no daba abasto, ese día en las finales estaban compitiendo para llegar al último juego y llegar a la final del campeonato. Todo dependía de él, nadie notaba su agitación, excepto su amigo Juan Carlos que, al verlo, se asustó y se acercó al entrenador.

Entrenador mire, a Alex se lo ve muy cansado, debería sacarlo.

Alex estaba en la banca reponiéndose de la última entrada y agarraba su último aire para salir al campo de nuevo.

¿Sacarlo? ¿estás loco? Es mi mejor jugador, vete a tu puesto -volteó a mirarlo y no vio nada anormal, sólo un chico cansado por correr en el campo- yo lo veo perfectamente bien.

Alex metió un gol, su compañero metió otro, estaban empatados.

Tenía que meter ese último gol para ganar.

Estaba finalizando el juego, pero no pudo más. Sentía un dolor profundo en el pecho, sus pulmones ya no recibían aire, la respiración se acortó cada vez más. Sintió asfixiarse y por más esfuerzo, ya no pudo resistirlo.

El último minuto cayó al suelo. Al darle la ultima patada a la pelota metió un gol, pero no pudo disfrutarlo. Yacía en el suelo inconsciente, totalmente morado, sin aliento. Tres días después, sus amigos lo visitaban en el hospital. Gracias a Dios pudieron atenderlo a tiempo.

Después que se recuperó, sus padres lo reprendieron, pero se sentían tan felices de que estuviera aun con vida que no insistieron más. Al darle de alta, pasaron por el consultorio del especialista que además era su médico tratante. Los tres frente al escritorio del Dr. González lo miraban fijamente, este le sonrió:

¿Así que te gusta mucho jugar al fútbol eeeh? -este asintió.

Agachó la cabeza, sabía que el médico lo reprendería y otra vez le prohibiría jugar al fútbol.

Bueno, es normal, eres un joven con mucha vitalidad. Verás Alex estuve investigando tu caso y hay una posibilidad de que puedas practicar tu juego favorito sin que atente contra tu vida.

A Alex se le agrandaron sus hermosos ojos grises.

Los padres se miraron sorprendidos.

Si, así es.

En ese instante, entró una joven doctora.

Ella es la doctora Aurora Meléndez, psicóloga especialista en casos como el de Alex. Ella les dirá de qué manera podemos hacer que Alex pueda jugar sin peligros.

Más tarde la doctora caminaba con Alex, sus padres y el Doctor González por un pasillo largo. Afuera se divisaban personas jóvenes, adultas y niños practicando deportes variados. El doctor dijo:

La afección de Alex, el asma, hace que, abusando de él, pueda causarle daño. Pero si sabe ser moderado, podría usar su enfermedad a su favor. Así es que acá, en este hospital, tenemos jóvenes y adultos con padecimientos del corazón, además de asmáticos, también hay quienes padecen leucemia, diabetes, y a través de tratamientos cuidados y una preparación especial, pueden hoy día usar los ejercicios a favor de sus padecimientos.

Decía esto mirando a los pacientes que jugaban afuera con entrenadores especializados, además claro, de su poder mental trabajando de una manera positiva, alegre, en equipo, y creyendo vehementemente, en que solo con el poder de su mente y haciendo los tratamientos adecuados pueden, no solo mejorar, sino hasta curarse.

Todo está en lo que tú creas de ti y en tú potencial. ¿Qué dices Alex?

¿Viste papá?, yo te lo decía siempre, el fútbol no tiene la culpa…

Todos rieron de la ocurrencia de Alex.

Sus padres aceptaron el tratamiento y Alex no solo se veía feliz de poder practicar su amado fútbol, sino además había mejorado. Ahora también leía todo libro, articulo, e investigaba por Internet cómo utilizar el poder mental con fe y convicción en Dios y más allá de su curación…

Alex llegó a las finales y ganaron el campeonato gracias a él, quien metió el gol ganador y definitivo para el triunfo. Sus amigos corrieron a alzarlo en hombros, con la copa muy en alto.

Fin.

El fútbol no tiene la culpa es un cuento de la escritora Carmen María Rondón Misle © Todos los derechos reservados.

Sobre Carmen María Rondón Misle

Carmen María Rondón Misle - Escritora

Carmen María nació el 6 de abril de 1966 en La Victoria, estado de Aragua en Venezuela. Se graduó de Bachiller en Humanidades de la secundaria, no realizó estudios universitarios solo cursos de redacción literaria, de teatro, actuación para televisión y se formó como escritora solo leyendo, y con mucha imaginación.

Su primer cuento fue “El Burrito Inteligente” que escribió a los doce años, fue reescrito a los 30 y revisado varias veces hasta que fue publicado en EnCuentos a los 44 años, conjuntamente con cinco cuentos mas, “La cúpula de cristal”, “El maravilloso mundo de los libros”, “El futbol no tiene la culpa”, “El valle de las muñecas”, y este mismo, “El viejo y el tren”. Posteriormente escribió su novela Buenos días buen amigo y luego El Piano roto. También tiene escritos en casa Eolo varios artículos de diferente temas.

Actualmente tiene terminada dos novelas más sin publicación y, estrenándose en el género de terror, escribió un cuento llamado “La piñata” que participó en la categoría de terror del concurso Solsticio de verano.

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