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En el momento equivocado 🎪 Pasábamos en las afueras del circo mientras en nuestras mentes recreábamos las escenas.

Por Alberto Suárez Villamizar. Cuentos cortos para niños y niñas.

«En el momento equivocado» es un cuento conmovedor que muestra la vida de un grupo de niños de un humilde vecindario que anhelan asistir al circo, pero sus limitaciones económicas les impiden hacerlo. Cada noche, desde las afueras de la carpa, siguen las actuaciones a través de anuncios, viviendo la magia del circo en sus mentes. Cuando uno de ellos logra colarse en el circo, sus amigos esperan ansiosamente conocer los detalles.

La historia del escritor Alberto Suárez Villamizar explora valores como la perseverancia, la amistad y la importancia de aprovechar las oportunidades, sin importar cuándo se presenten.

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En el momento equivocado

Rony Roller Circus - Entrada de circo
Entrada al Rony Roller Circus (Nicola)

La llegada del circo alegraba a las gentes del humilde sector, donde algunos solo contaban con el mañana que vendría. La carpa multicolor se divisaba desde lejos, y era lo último que los integrantes enarbolaban como señal de que su instalación había terminado, y a partir del día siguiente iniciarían con las funciones diarias.

Ya el tigre, el elefante y los caballos árabes descansaban en las jaulas, mientras los artistas terminaban de armar las literas para tomar su descanso, mientras el director junto al encargado del sonido hacía las pruebas iniciales para saludar a la población y anunciar sus presentaciones.

— ¡Buenas noches, señores y señoras, el circo Nacional da a ustedes un cordial saludo, y anuncia la programación para el día de mañana en dos funciones, que iniciarán a las 5:30 p.m. y a las 8:30 p.m., en un espectáculo de dos horas de duración donde podrán disfrutar de los actos de acrobacias a cargo de los trapecistas, el paso de la cuerda floja, así como los números con las fieras y los caballos árabes, y lo que no puede faltar: los alegres payasos “campanita” y “garbanzo” que harán las delicias de grandes y chicos!

El saludo circense desde los altavoces, acompañado de música de distintos géneros se repetía durante las siguientes dos horas, cuando daban por terminada la labor, y apagaban las luces y el sonido.

Para nosotros el circo representaba una alegría a medias, pues por falta de recursos económicos no podíamos costearnos una entrada, y debíamos esperar hasta los últimos días de su permanencia, cuando ofrecían la promoción para que dos adultos ingresaran en forma gratuita a un menor de edad.

Al llegar los días de las ofertas debíamos rogar a los mayores para que nos entraran a la función; mientras tanto, íbamos todas las noches y desde las afueras de la carpa, seguíamos las incidencias del espectáculo a través de los anuncios que el director del circo hacía en su interior:

— ¡Recibamos con un aplauso al “caballero de plata”, quien pasará por la cuerda floja a una altura de doce metros, sin malla de protección contra caídas, en una demostración de arrojo y valentía!

Su salida al escenario era acompañada por una fuerte ovación de los asistentes. Luego de unos minutos:

— ¡Respetable público, a continuación “El caballero de plata” cruzará nuevamente la cuerda, ¡pero esta vez con una venda en sus ojos! ¡Les solicito guardar el máximo silencio, pues la vida del artista está en peligro!

Luego de un redoble de la batería —dando un toque de suspenso—, se hacía entre los asistentes un silencio sepulcral, que era interrumpido cuando el “alambrista” fingía perder el equilibrio y caer al vacío, y los asistentes lanzaban un grito angustioso.

— ¡A continuación, el circo Nacional tiene el gusto de presentar al indio “pluma blanca”, miembro de la tribu de los navajos, proveniente de Norteamérica quien hará una exhibición del dominio del manejo de los cuchillos!

En el escenario hace su aparición un indio navajo con su rostro maquillado con trazos rojos, su cabeza cubierta con un gorro coronado por un penacho de plumas multicolores, vestido con una túnica tejida, mientras de sus hombros cuelgan dos sendas mochilas en las cuales porta sus instrumentos de guerra: los mortales cuchillos con sus hojas envenenadas. Después de hacer sus malabares con las armas, el anunciador se dirige a los asistentes:

— ¡Pedimos la colaboración al público, para continuar la presentación del indio “pluma blanca”, necesitamos un voluntario!

Luego de algunos instantes de espera, una persona dentro del público se dirige al centro de la pista, donde es instruido por parte del indio navajo sobre el papel que debe desempeñar. Los ayudantes del circo colocan un tablero de madera contra el cual se ubica el voluntario, quien deberá permanecer quieto a la espera que “pluma blanca” haga en el tablero la silueta de su cuerpo arrojando los cuchillos desde una distancia de veinte metros, aclarando al colaborador que cualquier rasguño que llegue a sufrir será mortal por la potencia del veneno con que están impregnados.

Uno a uno el navajo va lanzando las mortales armas, mientras el anunciante va indicando la cantidad que hacen falta para completar un total de veintiuno. Termina el acto y los asistentes asombrados aplauden frenéticamente al artista, y a la persona del público que ha colaborado para su ejecución arriesgando su vida.

Así durante muchas noches pasábamos en las afueras del circo el tiempo de la función, mientras en nuestras mentes recreábamos las escenas. Con mis hermanos y algunos amigos, nos reuníamos a comentar sobre los pormenores de los diferentes números que ofrecía el espectáculo, tratando cada cual de impresionar a los demás con su interpretación, y la dramatización de los actos según nuestra imaginación.

Un día Arturo — mi hermano menor — nos sorprendió con un comentario:

— Ayer me “colé” en el circo —lo que significaba acceder a la función sin pagar— dijo muy eufórico, despertando la curiosidad de quienes nos hallábamos presentes, y no era para menos, tendríamos la versión de los diferentes actos que presentaba el circo por alguien de nuestro grupo que ya había asistido a la función.

Llenos de interés lo rodeamos y quisimos satisfacer nuestras inquietudes.

— ¿Qué tal las bailarinas?, ¿y qué tal el malabarista? — preguntamos en coro, incrédulos y sorprendidos, ansiosos por conocer los pormenores de su hazaña que nos aprestábamos a escuchar.

— Sí yo me colé en el circo a las 3:00 p.m. —respondió mi hermano.

El circo en el momento equivocado - Cuento de Alberto Suárez Villamizar
Foto de Nicola – Rony Roller Circus

Ahí terminó nuestro interés, y quedamos con “los crespos hechos”, pues a esa hora era sabido que no había función.

Fin.

En el momento equivocado es un cuento del escritor Alberto Suárez Villamizar © Todos los derechos reservados.

Sobre Alberto Suárez Villamizar

Alberto Suárez Villamizar - Escritor

Alberto Suárez Villamizar nació el 27 de enero de 1958 en la ciudad de Bucaramanga, departamento de Santander, Colombia. Cursó sus estudios de enseñanza básica media hasta finalizar en 1976, en Bucaramanga. Actualmente trabaja con empresas de ingeniería civil que se dedican a la construcción y mejoramiento de vías.

“Escribo por Hobby, y mi mayor satisfacción es que mis escritos lleguen a todas aquellas personas amantes de la lectura”.

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