El Toro que no se puede cazar

Por Ángel Javier Castro Sánchez. Cuentos espirituales

El Toro que no se puede cazar es un breve cuento del escritor peruano Ángel Javier Castro Sánchez, que siempre nos da una mirada espiritual para diferentes temas. En este caso, un tema de tanta actualidad como la pandemia mundial Covid-19, generada por el Coronavirus. Sin entrar en discusiones vacías, nos gustaría que tanto jóvenes y adultos nos regalen sus comentarios sobre lo que piensan sobre el tema y sus reflexiones sobre el cuento.

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El Toro que no se puede cazar

El toro que no se puede cazar - Cuentos espirituales

Con los brazos trenzados de tensión, varios médicos de primera línea, integrantes de la Academia de Ciencias de París, discutían ardientemente algo que ya iba crispando más y más la incertidumbre en sus ánimos. 

– “¡No puede ser!” -explotó Brigton, puntualizando- “¡Esta es una carrera, donde el Toro no puede sacarnos ventaja. Hay que seguir explorando el enigmático virus que nos tiene encrespados; porque resulta ahora que ni los fármacos” -puestos en calidad de prueba- “garantizan la eficacia del tratamiento contra el mal.” 

– “¡Es cierto!” -contestó Wells– “¿Pero que hacer contra el Covid 19 que siendo tan móvil va cambiando de procedimiento, que cuando ya lo tenemos al alcance se nos va de las manos?”

Interviniendo en aquel disloque académico un hombre que no había aportado nada a favor de la ciencia. 

– “Señores, disculpen. Sé que ustedes están tan preocupados por este asunto. Yo solo quiero decirles que el virus en cuestión no es un virus en realidad, por las características que ostenta y que los tiene confundidos.” 

Saltando de su mesa con el rostro desencajado, Brigton, corrigiendo de inmediato al atrevido profano, amigo del eximio biólogo nuclear Wells

– “Caballero. Usted ¿qué sabe de cosas que manejamos en la arquitectura maravillosa de la ciencia médica, tejida magistralmente por nosotros? Le ruego no intervenga. Para mí el tiempo es valioso, porque hay una humanidad que detrás de estos recintos se va muriendo, esperando la ansiada vacuna que salve sus vidas.”

Contestando a favor de Nasting el aludido biólogo nuclear. 

– “¡Cálmese “Charles”! No convirtamos la mesa en una fuente de agua. Le recuerdo que a veces los profanos saben más cosas que lo que sospechamos. Usted mismo acaba de referir que hay una ola de resurgimiento de la pandemia en todo el planeta; y que no necesariamente quien haya logrado superar el mal no volverá a infectarse. Es más; y esto es lo paradójico: los re infectados resultan ahora asintomáticos, agravando la incertidumbre científica. Además de saber que ellos están expuestos a un virus más letal que el anterior. Siendo así ¿Por qué no dar oídos a mi amigo?”

El Presidente de la mencionada academia, entonces, retrayendo algo su ánimo, bajando los codos a la mesa; mirando al hombrecillo que tenía un aspecto humilde, le preguntó: 

– “Ejem… ¡Disculpe! Bien. ¿Decía que? Continúe por favor.”

– “Señores, gracias por darme esta oportunidad que es para el bien de la humanidad. ¿Ustedes piensan dar caza a un Toro que no se puede coger?” 

– “Señor, Nasting, al punto ¿quiere?” -demandó el impaciente “Charles”, cuyos ojos amenazaban salir de sus cuencos y clavar su aguijón en Wells por haber permitido ingresar a un loco que seguiría hablando, sin duda, mas disparates. 

– “¡Les repito! Ustedes no podrán cazar al Toro, que en realidad es el Espíritu Ardiente que cumple su obra en el mundo por la voluntad de Dios, a fin se vuelvan de corazón a Cristo Jesús.”

– “¡Vaya, vaya! ¿No decía yo?” -formuló la pregunta el  investigador,  mirando con desdén a Nasting.

Ordenando en enseguida a la guardia de seguridad que sacaran fuera del recinto al desquiciado mental. En tanto, Wells, acercándose a su amigo, le dijo:

– “¡Espérame fuera! Presiento que algo ocurrirá aquí. ¡Tenías razón! El mundo de la ciencia no creería tu revelación. Tranquilo. Sigue confiando en Dios.”

Gritando instantes luego Brigton en medio de la sala:

– “¡Auxilio, auxilio, me ahogo, me ahogo! ¡La respiración me abandona!… ¡El oxígeno, el oxígeno!… ¡Pronto, pronto que muero!”

Mirando consternados los demás científicos a Brigton que cuando abandonaba Wells la sala de reunión le había dicho:

– “¡Pobre de ti! ¿Tú también has caído en la trampa?”…  Derrumbándose aquel instante para el medico el látigo de la justicia divina.

Fin.

El Toro que no se puede cazar es un cuento corto del escritor Ángel Javier Castro Sánchez © Todos los derechos reservados.

Sobre Ángel Javier Castro Sánchez

Ángel Javier Castro Sanchez - Escritor

Ángel Javier Castro Sánchez es un escritor peruano que nació en 1972 en Acolla, Provincia de Jauja (Junín). Cursó los estudios superiores en las universidades de U.N.C.P, U.N.M.S.M Y U.P.L.A. y es Licenciado en la especialidad de Historia y Geografía. 

Castro creció en la soledad de la noche y el frio que brinda coloquialmente el valle de Yanamarca. En su niñez vislumbró cruzarse en su camino la cruz de Cristo, sea en forma de madera o pajitas. Afianzándose su alma de escritor hacia la aurora de su adolescencia transcurrida en Tarma, escribiendo cortas piezas teatrales y más adelante ir forjándose en su seno un mar de poemas y relatos, que esperan ser publicados.

Sus relatos escarban el sedimento de la historia humana, cuyo epílogo retrata un final apocalíptico anunciado. Mientras sus poesías de carácter trascendental sondean el dolor humano de una flor muerta; resurrección que solo es posible hallarla en la luz de Cristo.

Ha publicado las siguientes obras: “Esclava de Cristo” y “Entre la cruz y el fuego” (2011) y numerosos artículos y poesías publicadas especialmente por Facebook: asociación cultural Alejandro Palomino Vega de Tarma y en Blog: relatos y poesías de Angel Javier Castro Sánchez.

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