Una jirafa Estirada. Es hora que entiendas que tener el cuello más largo no te hacer mejor que nadie.

Por Liana Castello. Cuentos educativos para niños

Una jirafa Estirada es un cuento infantil corto cuyo tema principal es la soberbia y una forma sencilla de explicarla a los más pequeños. Es un cuento educativo para niños y niñas de la escritora argentina Liana Castello. Al final, tenemos algunas preguntas para pensar un poquito y reflexionar.

Pero para comenzar, vemos un poco la definición de la palabra soberbia.

¿Qué es la soberbia?

¿Qué es la soberbia?

La soberbia es un sentimiento en el cuál una persona se valora o se siente por encima de las demás. Es un sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato distante, despectivo o despreciativo hacia estas personas. Aunque existen diferencias, en algunas ocasiones se utiliza “orgullo” como sinónimo de soberbia. Otros términos que son asociados a la soberbia y que pueden ayudarnos a comprender mejor de qué se trata serían: altivez, altanería, arrogancia y vanidad.

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Una jirafa Estirada

Una jirafa Estirada - Cuento sobre la soberbia

En el zoológico de la ciudad, había un animal que llamaba la atención más que cualquiera. Todo el mundo la miraba porque era muy bella y muy, pero muy alta.

La jirafa -de quien estamos hablando- se llamaba Estirada y ya veremos que su nombre, no sólo se debía a su largísimo cuello.

Estirada era una jirafa soberbia. Se jactaba de llegar a las copas de los árboles más altos y a la vez, poder bajar su cuello cómodamente para comer el pasto que tanto le gustaba. Podía hacer muchas cosas pues era una jirafa muy ágil. Decía no necesitar de nadie, pues estuviese alto o bajo, podía alcanzar lo que quería.

Como era tan bonita, era la mayor atracción del zoológico. Sus pestañas eran largas y curvas, parecían muchas letras “c” pegaditas a sus ojos marrones. Su pelaje parecía un helado de vainilla salpicado con miel o viceversa, como más les guste a ustedes.

Sin embargo, por más bella, atractiva y ágil que fuera, no tenía amigos.

Nunca jugaba con los demás animalitos y siempre consideraba a sus compañeros del zoológico inferiores a ella y no precisamente porque fuera más petizos.

Sin embargo, los animales querían ser amigos de Estirada. Todos menos Biruta y Chicharrón, dos cotorritas mellizas, verdes y charlatanas. A ellas dos en particular, les dolía mucho la actitud de la jirafa.

– “Te damos una ducha fresquita” -le decían los elefantes cuando hacía calor.

– “No gracias, yo se refrescarme muy bien solita” –contestaba en tono despectivo Estirada.

– “¿Jugamos a quién trepa más alto los árboles?” –le preguntaban los inquietos monitos.

– “A mi no me hace falta trepar a ningún lado, yo con mi largo cuello llego donde se me da la gana y sin esfuerzo alguno” -respondió la jirafa.

– “Déjenla muchachos, no vale la pena” -decía Biruta.

– “¿Y cuánto vale la pena?” -preguntó Chicharrón que solía hacer preguntas insólitas o de difícil respuesta.

Estirada creía que todo lo podía.

Era bella, ágil, admirada ¿por qué tendría que necesitar de otro animal?

Sin embargo, la vida muchas veces nos demuestra qué tan equivocados estamos.

No siempre uno se da cuenta solo de sus errores o defectos. A veces tiene que ocurrir algo que nos haga tomar conciencia de aquello que no estamos haciendo bien.

Eso fue lo que le pasó a Estirada.

Un día caminando en búsqueda de hojas frescas de la copa de un árbol, se raspó el lomo con una rama muy puntiaguda y comenzó a sangrar. La herida era profunda realmente.

Se asustó mucho, no sólo porque el dolor era muy intenso, sino porque no encontraba la manera de detener la sangre que seguía saliendo. Quiso curarse sola, como hacía todo siempre. Fue allí cuando se dio cuenta que muchas, muchísimas veces necesitamos de los demás.

Trató de girar su largo cuello para lamerse la herida, pero casi se lo quiebra. Restregó su cuerpo sobre las plantas recién regadas para ver si el dolor cedía, pero minúsculos bichitos se metían por la herida causándole más dolor aún.

Fue entonces cuando decidió pedir ayuda a los otros animales…

Jirafa Estirada y la soberbia

…que sí podían llegar a su lomo sin esfuerzo y curarle la herida. No es fácil para alguien soberbio pedir ayuda, pero es bueno aprender a hacerlo.

Por suerte los demás animalitos no eran rencorosos y se apresuraron a ver qué podían hacer por Estirada.

– “Hay que sanar esa herida cueste lo que cueste” -dijo Biruta.

– “¿Costará muy caro?” -preguntó Chicharrón.

– “No hay tiempo para preguntas tontas amigos” -intervino el elefante y alzando su trompa echó un chorro gigante de agua para lavar la herida de la jirafa.

Hecho esto, un monito tití trepó al lomo de Estirada y la vendó con una red que ellos tenían para treparse, no sin antes pedirle al elefante que la lavara muy bien.

– “¡Quedó una pinturita!” -exclamó contento el monito.

– “¿Pinturita o crayón?” -preguntó Chicharrón. Demás está decir que nadie contestó.

Estirada realmente parecía un dibujo, no se si de pinturita o crayón, pero se quedó quieta, inmóvil mirando a todos los animales que la habían ayudado.

No era el dolor lo que la inmovilizaba y la dejaba muda, sino la vergüenza, el pensar cómo se había comportado ella con sus compañeros y cómo, a pesar de eso, todos la habían ayudado.

– “No merezco tanta ayuda” -dijo triste Estirada.

– “Todos merecemos ayuda” -contestó el elefante- “Aún cuando algunos consideren que son más que otros. Creo que es hora que entiendas que tener el cuello más largo del zoológico no te hacer mejor que nadie ¿verdad?”.

– “¿Y qué tiene nadie para ser peor que una jirafa? es más…  ¿quién es Nadie?” -preguntó Chicharrón.

– “Nada hermanito, nada” -contestó Biruta– “nos harías un gran favor si te callaras la boca”.

– “Yo pregunté por nadie, no por nada” -insistió Chicharrón. Por suerte Chicharrón se calló la boca.

Estirada aprendió la lección, ayudó y se dejó ayudar por los demás.

Una cicatriz quedó en su lomo. A Estirada no le molestaba, por el contrario, no dejaba de mirarla. Sentía que de ese modo, jamás olvidaría lo que había vivido y no volvería a ser soberbia nunca más. 

Fin.

Una jirafa Estirada es un cuento infantil que nos envió Liana Castello para publicar en EnCuentos © Todos los derechos reservados a la autora.

Para pensar un poquito

  • A través de este cuentito ¿aprendiste que es la soberbia?
  • ¿Tienes actitudes soberbias que puedas reconocer?
  • ¿Puedes darte cuenta que no es bueno ser soberbio y creer que uno es más que los demás?
  • ¿No piensas que es mejor ser humilde a valorar a todos, que creer que somos mejores que las demás personas que nos rodean?

Sobre Liana Castello

Liana Castello - Escritora

«Nací en Argentina, en la Ciudad de Buenos Aires. Estoy casada y tengo dos hijos varones. Siempre me gustó escribir y lo hice desde pequeña, pero recién en el año 2007 decidí a hacerlo profesionalmente. Desde esa fecha escribo cuentos tanto infantiles, como para adultos.»

Liana Castello fue, durante varios años, Directora de Contenidos del portal EnCuentos. Junto con este sitio, recibió la Bandera de la Paz de Nicolás Roerich y se convirtió en Embajadora de la Paz en Argentina en 2011.

“Respecto de los cuentos para niños puedo escribir cortos y largos, en rima o prosa, lo que todos tienen como hilo conductor, es el mensaje que trato de transmitir. Siempre pienso en un valor para transmitir a la hora de escribir y esto puede ser a través de una historia corta o de un cuento largo.”

Si quiere conocer más sobre esta impresionante escritora, puede leer su biografía Aquí.

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5 comentarios en «Una jirafa Estirada. Es hora que entiendas que tener el cuello más largo no te hacer mejor que nadie.»

  1. Fantásticos todos tus cuentos, ¡con una enseñanza bella cada uno de ellos! Mi hijo tiene que realizar un trabajo en la escuela y estas historias son realmente hermosas para luego compartirlas con los compañeros.
    ¡Gracias por compartir tus cuentos con nosotros!

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