Mi pollito va al cielo


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Mi pollito va al cielo

Mi pollito va al cielo. Jorge Ricardo León Sánchez, escritor chileno. Cuentos espirituales para niños.

Rataplán, rataplán, rataplán, plan, plan, sonaba con gran compás el tambor de Juanito.

Iba gallardamente marchando luciendo sus botines viejos y un gran gorro de papel de diario cubriéndole sus larga cabellera rubia. Unos pasos más atrás, siguiendo el ritmo del tambor, marchaba su amigo Javier, con una corneta de cartón pregonando hacia las casas que cruzaban en su camino:

-Amigos, asistan a la casa de Anita. Comerán tortas, galletitas y mucho helado; ella los espera, su pollito se murió. No dejen de ir, ni lleven a sus perros. Lávense las manos y sus cochinas narices.

Carlito, Jorgito, Jaimito, Javier y Juanito, llegaron juntos muy calladitos con un ramito de flores cada uno. Ya habían llegado las niñas y estaban rodeando a Anita que no cesaba de llorar y decir:

-Mi pollito murió, el gato lo atrapó en el patio. Pobre pollito mío, ahí está en la cajita.

El pobre pollo, tapado hasta el cogote, era observado con gran curiosidad por los niños, algunos no habían visto nunca un animalito muerto.

-Mira, tiene un ojo abierto. ¿Estará mirando? – Preguntaba Jaimito.

-Cállate tonto. Lo mató el gato. Los gatos comen pájaros – Respondía otro.

Entró la mamita de Ana con una gran bandeja, repartiéndoles vasos de jugo, los que fueron recibidos con gran júbilo:

-Quiero uno grande para mí. – Pedía Carlito, empinándose para mirarlos.

-Uno grande para el perla, jajajaja. Coreaban, riendo algunas niñas. ¡Miren lo que quería!

-Vamos al patio, buscaremos un lugar para enterrar a mi pollito. ¿Vamos amiguitos? – Muy afligida decía casi llorando Anita.

Al llegar al lugar señalado, Juanito que era el más grande de los amigos tomó la palabra:

– Mira Anita, mi papá me dijo que los buenos llegarán a estar con Dios algún día, entonces creo yo, que tu pollito viaja ahora al cielo.

-Si – Gritaron todos, casi a coro – Se irá al cielo.

-Yo conocía a tu pollito, era muy bueno. Se subía a mis rodillas y me picaba mis manos. El tatita Dios lo curará muy bien. – La consolaba Juanito.

-Ahora cantémosle algo para que se vaya contento. –Pidió Anita a sus amigos.

-¿Qué le gusta a los pollito? ¿Quién sabe algo? Preguntó uno, intrigado.

-Todos sabemos la canción de los pollitos, ya vamos. – Ordenó Juanito mientras golpeaba despacito su tambor:

Los pollitos dicen:

Pío, pío pollo
Cuando tienen hambre
Cuando tiene frío…..

La mamita, que los sentía conversar, se sintió complacida por la gran amistad que existía entre esos amigos con su hija. Luego sonriendo, también en su interior, tarareó esa hermosa canción que todos desde niños la llevamos en el corazón.

Fin

 

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