La niña de la laguna


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Por Ángel Estrada. Cuentos con valores

La niña de la laguna es un hermoso cuento con valores de Ángel Estrada que además incluye un poema con enseñanzas sobre las drogas, el machismo, la procreación responsable y el amor al prójimo.

La niña de la laguna

La niña de la laguna

Muchas han sido las aventuras que he vivido en esta maravillosa tierra llamada Venezuela. Un día, de los tantos de mi existencia; andando por un camino consolado de mi llano venezolano, me encontré con un increíble y muy avispado Paují, y sin dejarme hablar, comenzó a contarme una historia:

En una mañana de lluvia, misteriosamente, una niña desaparece de su humilde morada. Sus padres y todo el vecindario buscan a la pequeña sin poder dar con ella.

Varios años pasaron, cuando un día la madre de la niña pasaba cerca de una laguna al otro lado del pueblo, escucha una voz: ¡Mamá, mamá! Ella con temor se detiene, pero sólo alcanza a ver las aguas y los arbustos que rodeaban aquel desolado lago.

La mujer muy nerviosa llega a su morada y le cuenta a su marido, y él le dice que lo mismo le había pasado cuando caminaba por ese lugar.

Al día siguiente, muy temprano se van para la laguna, y sin poder encontrar nada deciden regresar. Pero de pronto escuchan un clamor y quisieron correr; pero una voz llamándolos los detiene: ¡Mamá…, papá! Y reconociendo la voz de su hija perdida, comienzan a llamarla: ¡Adónde estas, hija! ¡Adónde te encuentras!… corrían gritando de un lado a otro por aquellos matorrales. Pero la voz se había esfumado y no la volvieron a escuchar.

Desconsolados miraban las aguas, cuando ven acercarse a la orilla una tupida maleza y vuelven a escuchar la voz, pero muy cerca de ellos: ¡Mamá, papá!, estoy aquí! Pensaron que era el viento que traía aquella voz. Pero una mano toca un pie del hombre, y éste sorprendido comienza a revisar aquellos matorrales. Allí estaba su hija, con la misma edad y la misma ropa que llevaba el día que desapareció. El padre la toma en sus brazos, y la madre lloriqueando besaba y besaba a su pequeña niña.

Los vecinos al verlos llegar con la niña, corren afanosos a recibirlos. El cura del pueblo al escuchar aquel alboroto, sale a la puerta del templo, y mirando a la muchedumbre se acerca y ve que era la pequeña que había desaparecido hace cuatro años. Y pasmado queda al notar que no había cambiado en nada. Y tomando por un brazo a la madre de la niña los lleva a la capilla.

El sacerdote impresionado por la edad de la pequeña, les pregunta que si no habían notado que la criatura no había cambiado en nada en los años que estuvo perdida y que debería tener quince años ahora. Pero ellos ignoran lo dicho por el cura. Pero el sacerdote insiste y le pregunta a la niña si alguien la cuidaba, y ella muy dulcemente le detalla que una viejita muy cariñosa, le daba todos los días una tacita con café y un pan, y cuando se marchó le dijo que si no era feliz; y quería volver algún día con ella, se parara en la orilla de la laguna.

Con el pasar de los meses la niña fue creciendo, y con ella las peleas y discusiones que se habían desvanecidos en su ausencia, volvieron a esa humilde morada. Y la paz que era lo que ella siempre había buscado, se había esfumado.

Pero un día que se encontraba sola, escucha una voz que la llamaba: ¡Regresa mi muchachita, regresa! Ella se sorprende, pero enseguida recuerda a la viejita de la laguna, que le dijo al partir: si algún día quieres regresar, te estaré esperando. Y pensando en los momentos de paz y felicidad que había pasado junto a la anciana, se va corriendo a la laguna.

La viejita la esperaba en la tupida maleza que flameaba en las aguas. Y dándole su mano se abrazan y se alejan, dejando atrás las míseras guerras y ambiciones causantes de tanta tristeza. Nunca más la volvieron a ver.

Eso es todo, mi querido caminante, me dijo el Paují. Y yo le respondí: ahora escúchame tú, pajarraco de esta sabana hermosa.

Así, como esa niña se fue
cansada por tantos problemas,
muchos niños se encuentra ahora
pasando por ese mismo dilema.

Y a veces son los padres los causantes
de que muchos niños no tengan hogar
y que anden solos por el mundo
sin saber a dónde van.

Y es en ese momento
cuando el imperio del mal
los lleva al mundo de las drogas
para que nunca puedan escapar.

Y es por eso, que debemos hablar
con nuestros hijos de ese mal,
para que la droga perversa
nunca… los pueda atrapar.

Y no es peleando entre nosotros
que lo vamos a lograr,
es con amor y respeto
que se salvará nuestro hogar.

Pero es el machismo equivocado
el causante de ese problema,
porque entre más mujeres tengamos
somos más hombres que cualquiera.

Porque pienso, que ser macho
es querer a su mujer,
teniendo los hijos que quiera
pero que los pueda proteger.

No tener uno por aquí
y otro por allá,
porque si no tienes como mantener a uno,
mucho menos cantidad.

La mujer es lo más lindo
que nos ha dado la creación,
honremos su nombre precioso
dándoles dicha y amor.

Muchos tienen el parcito,
una hembra y un varón,
y el padre enseña al niño
hacer macho por tradición.

Pero no piensa en su damita.
Y otro a su hijo le está enseñando
lo mismo que él le instruyó al varón,
en su hija, lo están practicando.

Verdad, que no le va a gustar
que a su hija la hayan preñado.
Pero si su hijo lo hubiese hecho.
¡Has aprendido, lo que te he enseñado!

Lo que es bueno para la pava,
para el pavo, también lo es.
Enseñemos a nuestros hijos
responsabilidad con la mujer.

Porque una mujer nos parió
y hembras son nuestras madres.
Debemos respetarlas y amarlas
para que nunca… nos falten.

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Fin.

La niña de la laguna por Ángel Estrada

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