El príncipe que perdió la memoria 🦪 ¡Recuerda la Perla por la que fuiste enviado a Egipto!

Por Begoña Ibarrola. Cuentos sobre la memoria para niños.

El príncipe que perdió la memoria es un breve relato de la escritora española Begoña Ibarrola. Cuentos para sentir: Educar las emociones. Este cuento está basado en «El canto de la perla» (también llamado «El himno de la perla«), narración que procede de un apócrifo del siglo III llamado Los actos o hechos de Tomás, que forma parte de la Biblioteca de Nag Hammadi.

«¡Despierta y levántate de tu sueño, y escucha las palabras de nuestra carta! ¡Recuerda que eres hijo de Reyes! ¡Mira la esclavitud en que has caído! ¡Recuerda la Perla por la que fuiste enviado a Egipto!»

Extracto de «El canto de la perla»

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El príncipe que perdió la memoria

El príncipe que perdió la memoria - Cuento

Se cuenta que había una vez un reino en un lugar de la Tierra que muy pocos conocían y al que era muy difícil llegar ya que se encontraba en la cima de una montaña muy alta, la más alta de todas las montañas.

Cierto día el rey llamó a uno de sus hijos y le dijo:

Hijo, siguiendo la tradición de nuestro reino tienes que emprender una misión muy importante. Es una prueba de valor que todos los príncipes deben llevar a cabo al cumplir tu edad, con el fin de prepararte para ocupar mi trono algún día. Debes rescatar una maravillosa perla que está protegida por una peligrosa serpiente y oculta en una cueva que se encuentra en un país muy lejano. Allí tendrás que pasar desapercibido para que nadie se entere de tu misión y, para ello, cambiarás tu aspecto y tus ropas, te adaptarás a sus costumbres y aprenderás su lengua, pero, por favor, hijo mío, nunca olvides tu misión.

Prepararon al príncipe para el viaje y le facilitaron unos guías que lo acompañaron hasta los límites del lejano y desconocido país. Una vez allí, lo dejaron solo. Cuando caminaba por un sendero que parecía conducir a un pueblo se encontró con otras personas que, tomándole por un viajero más, le dieron conversación y compartieron su comida.

La gente del país le acogió generosamente, le ofreció trabajo, casa y comida, y, poco a poco, el príncipe se olvidó de cuál era la misión que allí le había conducido. Se acostumbró al país, aprendió su lengua y costumbres y se vistió igual que los demás.

Su padre, preocupado al no tener noticias de su hijo, envió en secreto mensajeros que, a su vuelta, le informaron de su triste situación: estaba tan adaptado a las costumbres de aquel pueblo y se sentía tan a gusto que había olvidado quién era y cuál era el objetivo de su viaje. Juntos planearon enviar un ave mensajera que susurrara al oído del joven príncipe un mensaje que le ayudara a recordar.

Una noche, estaba el príncipe durmiendo cuando, sobresaltado, despertó al oír a alguien que susurraba en sus oídos las siguientes palabras:

«Despierta, despierta, joven príncipe, recuerda quién eres y cuál es la misión que te fue encomendada».

Al abrir los ojos sólo pudo ver un ave que alzaba el vuelo, pero al instante recobró la memoria y se dio cuenta de que había llegado hasta allí con la misión de rescatar la perla maravillosa.

El joven príncipe dudó de su valor para enfrentarse a la terrible serpiente que la custodiaba hasta que se dio cuenta de que era hijo del rey y, a partir de ese momento, se sintió fuerte y seguro.

Con decisión se dirigió a la cueva donde vivía la gran serpiente y, por medio de unos encantamientos y sonidos que había aprendido en su reino, consiguió que se durmiera y así pudo rescatar la maravillosa perla.

Entonces se despojó de las vestiduras propias de aquel lugar sintiendo que no eran las que le correspondían e intentó vestirse con sus ropas de príncipe, pero en ese momento se dio cuenta de que la ropa le quedaba pequeña porque había crecido mucho en ese tiempo.

Emprendió el viaje de regreso a su país muy contento por haber cumplido la misión que le habían encomendado. Su padre y toda la corte salieron a recibirle con gran alegría ofreciéndole nuevas vestiduras propias de un príncipe y acordes con su estatura, pues a la vista de todos estaba lo que había crecido durante su viaje a tierras lejanas.

En la corte recibió la felicitación por haber rescatado la maravillosa perla y haber superado la prueba, y sintieron que el príncipe que regresaba era muy diferente del que había partido, no sólo por su aspecto externo sino también en su interior. Y, según cuenta la historia, cuando llegó el momento de ocupar el trono y gobernar lo hizo con gran sabiduría y nobleza.

Fin.

El príncipe que perdió la memoria es un cuento de la escritora Begoña Ibarrola © Todos los derechos reservados. Madrid, SM, 2003.

Sobre Begoña Ibarrola

Begoña Ibarrola - Escritora

Begoña Ibarrola nació en Bilbao en el año 1954, aunque, desde hace muchos años, reside en la ciudad de Madrid.

Begoña es Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Ejerció como terapeuta infantil durante quince años y hasta 1996 trabajó con niños y adolescentes con trastorno del desarrollo intelectual y problemas de conducta en diversos centros de la Comunidad de Madrid.

Desde 1994 realiza cursos de Educación Emocional en varios Centros de Formación de Profesores dependientes del Ministerio de Educación, y desde el año 2000 es profesora del Master de Musicoterapia de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.

En aquel tiempo empezó a escribir cuentos con los que lograba captar la atención de pequeños y jóvenes, y se dedica desde entonces a la escritura, a la investigación y a la docencia. Durante todos estos años a logrado desarrollar un extenso catálogo de cuentos en los que les muestra el camino de las emociones como recurso para la vida.

Actualmente, además de sus reconocidas cualidades como escritora, Begoña es una consagrada divulgadora y docente en temas como la educación emocional, la neuroeducación, las inteligencias múltiples y musicoterapia, actividad esta última en la que fue pionera en España.

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