El ángel de la Navidad

El Ángel de la Navidad

El Ángel de la Navidad. Marielena Rondinel, escritora peruana. Cuento de Navidad.

Cierta tarde había tanto alboroto en el cielo que los ruidos despertaron a Dios que descansaba plácidamente en esos momentos. Sí, porque Dios también hace siesta y deja encargado a sus ángeles el cuidado de los niños, pequeños y grandes.

Los ángeles estaban en una gran reunión y hablaba uno tras otro sin parar, no se ponían de acuerdo sobre el regalo que iban a entregar el día de Navidad y ya faltaba solamente una semana.

Un ángel de cara regordeta dijo: “Este año hay que darles sencillez para que vean el mundo con calidez” Otro ángel, alzando los brazos, expresó: “Mejor entreguemos prosperidad y los bolsillos llenos tendrán

Había un ángel que estaba pensativo, se acercó a ellos y murmuró: “Vamos a darles valentía para que afronten mejor las cosas de la vida” A lo lejos venía un ángel saltando de nube en nube, dijo: “Si les regalamos alegría, sonreirán noche y día” Sucesivamente, cada quien daba su opinión pero había un ángel con la carita pecosa que observaba todo con timidez y no se atrevía a decir nada.

Cuando Dios terminó de escuchar a los ángeles, se dio cuenta que el ángel pecoso lo miraba de reojo, entonces lo llamó y el ángel le entregó escrito en el pétalo de una flor lo que él deseaba regalar a los hombres de la Tierra.

Dios lo miró con ternura y le dijo: “Desde este momento te declaro El Ángel de la Navidad porque haz elegido el mejor regalo“.

Así que cada año, unas horas antes del 25 de diciembre, el ángel se viste con sus mejores alas, se coloca una aureola dorada y vuela por el mundo entero llevando entre sus manos “Semillas de amor y generosidad” y las deja plantadas en el corazón de los seres humanos.

Terminada su misión, el ángel regresa al cielo; espera ansioso la Nochebuena junto a Dios y a los demás ángeles para disfrutar el regalo entregado.

En algunas personas las semillas florecen más rápido que en otras, echan raíces firmes y dan flores y frutos hermosos y perdura mucho tiempo.

Es por eso que el espíritu de la Navidad se mantiene intacto y cada vez que compartimos lo mejor de nosotros, el ángel sonríe y una estrella nueva nace en el firmamento que servirá como semilla para el próximo año.

Fin

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