Por María Teresa Di Dio.

Entre las cumbres es una de las interesantes historias escrita por María Teresa Di Dio, sugerida para niños, jóvenes u adultos.

Entre las cumbres

El agua dulce y fresca abandona el manantial corre formando un sendero líquido desde lo alto de la montaña.

Las hojas amarillas caen sobre el suelo del bosque.

Camino entre las piedras que surcan el camino desde las cumbres de las montañas filosas hacia bosque.

Un viento suave reclama al cielo un reguero de remolinos polvorientos y los árboles dejan escapar su perfume a madera.

Más adelante un claro en el bosque deja entrever una cabaña al borde de un acantilado, me acerco lentamente esperando poder descansar de mi travesía.

La vieja puerta de dura consistencia que mantiene la entrada de la casa cerrada, está abierta…

Llamo pero nadie contesta,llevaba caminando mucho tiempo y la cabaña me pareció un lugar ideal para descansar,además en pocas horas sería de noche.

Me asomo despacio y el lugar parecía habitado, pues estaba bastante limpio y ordenado.

Una cama, mesa, dos sillas componían todo el mobiliario, en un rincón un fogón a leña aún tenia algunas brasas despidiendo un agradable calor.

La noche llegó rápido y busque en mi mochila un trozo de pan y queso poco después me tendí sobre la cama nadie había llegado… y si llegaba pediría disculpas.

Un sueño profundo me invadió y de pronto un golpe me hace levantar de un salto.

Una persona con un gorro y abrigo de piel se encontraba de pie junto a la cama.

La linterna no estaba a mi alcance, pero la luna iluminaba un poco el centro de la habitación dejando entrever la alta figura.

_Perdón señor no era mi intención ocupar su cama ni invadir su casa.

Un gruñido me responde se da vuelta y va a prender un farol que se encontraba sobre la mesa.

Se quita el gorro y el abrigo, para mi sorpresa una mujer anciana muy alta me observa entre curiosa y divertida.

_Cómo se llama usted?

_José ignacio

_Yo soy Cecilia

_Comió algo?

_ Si, pan con queso.

_Ajá, fui a cazar y traje carne la pondré al fuego y dicho esto agregó leña al fogón que comenzó a crepitar.

Capitulo II

La noche era fría, me acosté en el piso de madera cerca del fuego, la cama le pertenecía a la sra Celina.

La mañana me encontró con dolor de espalda y los huesos crujientes, pese a ser joven, dormir en el piso no era lo habitual para mi.

Salí para ayudar a cortar leña luego de reunir una buena cantidad regresamos a encender el fuego y desayunar, un trozo de carne de la cena, huevos y unas galletas muy duras y secas que alegraron mi estómago.

Al día siguiente partí, prometiendo a mi regreso pasar a saludarla.

Debía dirigirme cuesta arriba, hacia las cumbres y de allí descender hasta el valle dónde debía hacer mi trabajo como biólogo.

Pero en ese momento estaba trepando por laderas muy empinadas y me concentré en ello.

Desde lo alto de la cumbre me maravilló el paisaje, sentado sobre las piedras contemplé al cóndor sobrevolar los picos.

El valle estaba oculto a la mirada de los viajeros, un bosque de pinos y arroyos mantenían al ecosistema, haciendo un lugar privilegiado, entre tantas ciudades y megaciudades que convergían en ese continente.

Arduo el descenso, pero al fin llegué al arroyo y acampé, después me aboqué a la tarea que me había traído hasta el valle, recabar información, calificar y censar animales.

Capitulo III

Llegó la noche, encendí un fuego frente a mi carpa… completé la cena con una taza de café bien caliente.

Tres personas se me reunieron dos colegas y un ayudante que oficiaba de camarógrafo, llegaron desde el norte en un helicóptero que los trajo al valle.

Varios días después el campamento era demasiado bullicioso para mi gusto, cuatro carpas incluyendo la mía, mesas, cámaras fotográficas, muestras de plantas y animales… todo muy bien organizado.

Diego y su retórica sobre geología, estudiando la superficie del planeta y todos los procesos por los cuales ha ido evolucionando a lo largo del tiempo.

En cuanto a mi amigo Fernando en paleontología ,cada roca o escombros que parecía extraña era recortada para su posterior estudio.

En mi caso yo con biología donde mi estudio se extendía en recolección de especímenes y plantas para su catalogación.

Un mes después, muchas muestras y fósiles habían sido embarcados en cajas y marcados los potenciales lugares donde había restos mayores.

Llegó el momento de la partida.

_José Ignacio no vienes con nosotros?

_No ,Diego yo regresaré por donde vine.

_No tienes mucho tiempo, el invierno ya comienza y es muy frío en esta zona.

_Me quedaré unos meses pòr estos lugares, Fernando no te preocupes amigo sé cuidarme.

Partí de nuevo hacia la cumbre, dos días después una tormenta de agua y nieve me retuvo, mi avance fue muy lento, hasta que el intenso frío me obligó a buscar abrigo en una saliente de rocas para pasar la noche.

A la mañana siguiente todo estaba blanco y la ruta que yo había trazado, había desaparecido…

Capitulo IV

La mañana se presentaba helada, hasta donde alcanzaba la vista estaba todo cubierto de nieve, algunos picos ennegrecidos sobresalían desde los acantilados mostrando figuras fantasmagóricas.

La travesía pasó a ser lenta y cansadora, mientras avanzaba con pasos cortos enterrando mis pies en la nieve, pensaba que si continuaba la nevada se complicaría mi avance.

De los tres días que era el tiempo estimado para llegar a destino, me llevaría por lo menos dos días más…

Me encontraba exhausto y unas ramas me dieron el indicio que pronto llegaría al bosque de pinos, fabricar unas raquetas o esquíes no me vendrían nada mal.

El avance continuó un poco más rápido, así fue durante toda una jornada, acomode mi carpa en un lugar protegido y me dormí profundamente.

La mañana siguiente se complicó… una saliente cubierta de nieve ,pero con cierta inestabilidad me llevó directo cuatro metros hacia abajo, rodando junto a nieve y piedras.

La rodilla izquierda me dolía mucho y estaba sangrando…

Mi vida dependía de como evolucionaba la herida y la rapidez con la que podría avanzar.

Llevaba seis días de marcha la herida me dolía mucho y la comida se había terminado.

Tan solo agua y algunas bayas eran mi alimento, después de la última nevada el cielo se mantenía limpio y azulino, poca energía me quedaba cuando entre los árboles divise la conocida figura alta cubierta de pieles, grité con todas mi fuerzas.

_Celina! ayuda!

Pero se perdió entre lo árboles y mi desaliento se transformó en pesimismo, hasta que mi cuerpo exhausto cayó cuan largo era y perdí el conocimiento.

Cuando desperté alguien me arrastraba sobre unos troncos…

_Celina exclame con vos ronca.

Se rio_ Bien ya estas a salvo José Ignacio.

Por suerte para mi, Celina era hábil con las heridas, en poco tiempo ya me encontraba de pie y reponiéndome.

Los días pasaron y los tres meses se convirtieron en cinco hasta el comienzo del verano.
Me despedí de una persona, de esas que marcan una huella en nuestra vida fortalecida con la amistad…

Fin.

Entre las cumbres es una de las interesantes historias escrita por Maria Teresa Di Dio, sugerida para niños, jóvenes u adultos. 

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