Representación Navideña

REFLEXIONES PARA ESPERAR LA NAVIDAD

CUENTOS DE NAVIDAD: REFLEXIONES PARA ESPERAR LA NAVIDAD CON EL CORAZÓN ABIERTO: HOY: RECIBAMOS A JESUS CON UN CORAZÓN DE NIÑO REPRESENTACION NAVIDEÑA.

Era Navidad y en el pueblo iban a hacer la representación del nacimiento de Jesús. Todos estaban muy entusiasmados, querían que la obra fuera un éxito. Los niños la iban a representar, pero entre ellos había un niño con problemas; quién sabe por qué causa, era más lento en aprender que los demás.

El quería estar en la obra, y a la maestra le dio ternura verlo con tanta emoción que le dio un papel pequeño: el del posadero que rechazaba a la Virgen y a José porque la posada estaba llena.

El día de la obra, el teatro estaba a reventar; hasta había gente de pie. Y cuando llegaron a la parte en la que llegan José y María a la posada, donde este niño con problemas tenía que hablar, paso algo inesperado.

José toco la puerta y salió el posadero, y cuando ya los iba a rechazar, al ver a la joven pareja y sobre todo a la mujer, embarazada de quien iba a ser nuestro salvador, al niño se le llenaron los ojos de lágrimas y les dijo:

“Pasen, pasen, la señora puede dormir en mi cama, que yo dormiré en el suelo.”

Hubo un silencio intenso en la sala y a muchas personas les salieron lágrimas. La obra fue un éxito, a pesar de que no fue fiel representación de lo que realmente paso en esa noche de Navidad, pero sentimos que algo había cambiado en nuestras vidas, pues ese niño nos enseñó una lección de amor; en su inocencia nos enseñó que debemos amar y ayudar a otros, no importa quienes sean, porque somos hijos de Dios y estamos aquí para hacer el bien, sin pedir nada a cambio.

Fin

Fuente: www.sanmiguel.org

Para reflexionar:

En el relato que acabamos de leer, quien “enseña la lección de amor” es un niño, inocente, como todos los niños. En el mundo, quien vino a darnos una lección de amor eterno también se presentó ante nosotros en forma de niño. Dios no eligió encarnarse en una forma poderosa, espectacular, fuerte para demostrarnos su grandeza. Eligió hacerlo en un niño, humilde, sencillo, inocente. Como ese niño, debería ser nuestro corazón. Pareciera que cuando uno es chico, el corazón “es más blando”, más receptor de alegrías, más abierto a recibir y ofrecer demostraciones de afecto. Por desgracia, a medida que uno va creciendo y los años van pasando nuestro corazón se va endureciendo, como sí así se hiciera más fuerte para no sufrir. Los fracasos que hayamos tenido, las desilusiones que hayamos vivido parecen enquistarse en ese corazón endurecido que ya muy poco tiene de inocente y muchas veces, tampoco de humilde. Podríamos aprovechar la proximidad de la Navidad y el maravilloso milagro que Dios vuelva a nacer una y otra vez, para pensar que nos da a cada uno de nosotros, también una y otra vez, la oportunidad de volver a nacer. Podríamos también intentar limpiar nuestro corazón de las durezas con que se ha contaminado con los años, para transformarlo en un corazón como el del niño del relato, para quien pudo más sus sentimientos, que el libreto de la obra. Hagamos un esfuerzo, la vida muchas veces no es fácil, pero vale la pena tratar de salirse del libreto que está escrito para nosotros y dejar hacer a nuestro corazón. De esta manera, podremos recibir a este Jesús niño que vuelve a nacer para todos nosotros con un corazón un poquito más parecido al suyo. Valdrá el esfuerzo, sin dudas.

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