“Luna y el puma” leyenda infantil


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Cuenta una leyenda que hace muchos años, una hermosa niña llamada Luna caminaba por la selva misionera, cuando encontró a un cachorrito de puma llorando.

El pobre estaba solito y se notaba que tenía mucha hambre.

Le pareció tan bonito e indefenso que lo tomo en sus brazos y lo llevó a su choza. Grande fue la sorpresa de sus papas cuando la vieron llegar con el cachorro en brazos

– Hija qué haces con un puma en los brazos? pregunto preocupado su papa
– No puede quedarse aquí, es peligroso – agregó su mama.

El pequeño puma miró a la niña y la niña a él, luna ya se había encariñado con el cachorro y suplico a sus papas que lo dejaran quedarse.

No muy convencidos los papas accedieron, con la condición de vigilar día y noche al pequeño animal

Luna y Yaguá, así llamó al pumita, se convirtieron en amigos inseparables. Donde iba la niña, iba Yaguá Al poco tiempo, todos los demás indios también se habían encariñado con el pumita que creció feliz en medio de la selva y los bosques.

Yaguá dormía siempre junto a la choza de luna, velando el sueño de su amiguita. Una noche, unos indios enemigos decidieron atacar la aldea de luna para robar sus cultivos: maíz, mandioca, batata y zapallo

Yaguá los escucho antes que nadie y comenzó a rugir de tal modo que asustó a los ladrones, que huyeron sin poder robar ni un solo zapallo.

Todos agradecieron al puma que los había salvado del peligro y desde ese día, yagua se convirtió en algo parecido al ángel guardián de todos los guaraníes. Acompañaba a las mujeres a juntar frutos en medio de la selva, a los niños los cuidaba en el rio y a los hombres a cazar. Todos se sentían protegidos por yagua y el puma se sentía feliz de cuidar a su gente y a su aldea.

Los indios ladrones sabían que con el puma protegiendo a la tribu les sería imposible obtener los cultivos que desean.

Entonces, decidieron ir por el.

– Si nos llevamos al puma, podremos luego robar tranquilos – dijo el cacique de la tribu enemiga.
– Nos es lo mismo robar un maíz que un puma! se quejo otro
– Ya veremos, algo se nos va a ocurrir.

Y algo se les ocurrió: sabían que luna era lo más importante para yagua, entonces decidieron volver por ella, de ese modo el puma iría a buscarla y lo atraparían.

Otra noche volvieron dispuestos a llevarse a la niña, pero una ve más yagua la defendió con todas sus fuerzas. Dicen que sus rugidos se escucharon hasta las estrellas más lejanas y una vez más, los indios ladrones huyeron vencidos.

Sin embargo, el valiente puma sabía que volverían a intentarlo. Los cultivos de su tribu eran ricos y abundantes.

Entonces, tomo una triste decisión, por amor a su amiga y a su comunidad.

– Debo ir con ellos, de ese modo los vigilaré de cerca y nada le ocurrirá a luna y a mi gente.

La tribu enemiga vivía del otro lado del rio, pero al valiente y agradecido puma no le importo.

Se acercó a su amiga, dejo que ella lo acaricia con dulzura y con sus expresivos ojos intentó explicarle su decisión.

La miró, luego fijó su vista en los cultivos y por último miró del otro lado del rio y luna, con lágrimas en sus ojitos, comprendió lo que si fiel amigo le estaba queriendo decir.

Lo acompaño hasta la orilla del rio, le dio un dulce beso, Yaguá rugió como nunca antes a modo de despedida. Luna vio como su amigo se internaba en las aguas para protegerlos a todos del peligro.

– Te extrañaré amigo querido – dijo llorando la pequeña luna.

Yaguá siguió nadando, pero tal vez como una forma de no abandonar del todo a su amada amiga, el color de su pelaje fue tiñendo o las aguas.

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Desde ese día, Luna y todos los demás indios miran el rio, sabiendo que en cada gotita de agua, hay un poquito de Yaguá. Nadie volvió a verlo, pero el valiente y agradecido puma vivió por siempre en sus corazones y en las aguas del rio.

Fin

Leyenda original:

http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/publicaciones/publi_reinos/fauna/puma/leyenda.htm
Fuente: Red Escolar

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