Dagoberto ayuda a Santa

Cuento infantil sobre santa clauss

Dagoberto ayuda a Santa. Cuento infantil sobre santa clauss.

Dagoberto ayuda a Santa es un cuento infantil sobre santa clauss de la escritora Liana Castello sugerido para niños a partir de nueve años.

Dagoberto y su gato se encontraban decorando las calles para Navidad. Disfrutaban mucho esa época del año. Colgaban guirnaldas de muérdago, campanas y coronas en todas las puertas. De pronto Dagoberto se detuvo, miró a su gato y le preguntó:

-¿No te parece que Santa necesitará ayuda?

Rigoberto lo miró sorprendido.

-Tiene a sus duendes y sus renos-contestó el gato.

-Sí lo sé-dijo Dagoberto-pero me refiero a la entrega de los regalos a cada pequeño.

El gato lo miraba sin terminar de entender.

-Santa hace lo que puede y puede mucho, pero ¿te has fijado que en los lugares más pobres y alejados del reino a veces hay niños que no reciben regalos?

Rigoberto se quedó pensando. Era cierto lo que su amigo decía, pero no menos cierto era que Santa nunca olvidaría a ningún niño ¿podría tratarse de mucho trabajo tal vez? ¿Santa estaría cansando?

-¿Insinúas que Santa necesita ayuda?-preguntó la mascota.

-Estoy convencido-respondió Dagoberto.

-No creo que sea así, no puede ser así, Santa es Santa, él todo lo puede, tiene a sus duendes, sus renos, su trineo ¿Cómo podría ser posible que necesitase ayuda de alguien?-Rigoberto estaba intranquilo y cuando el gato se ponía nervioso movía su cola de un lado hacia el otro sin parar.

-Piénsalo Rigoberto, todos sin excepción podemos necesitar ayuda, Santa incluso. Te digo más, los seres verdaderamente grandes de corazón son humildes y en esa humildad es donde podemos ayudar.

-No sé, no sé realmente, tengo mis serias dudas. Tal vez haya otra razón-Dudaba Rigoberto.

-¿Qué otra razón puede haber? Santa no se olvidaría de nadie, yo lo que creo es que la humanidad ha crecido tanto que no da abasto y es nuestro deber darle una mano.

No era ilógico el razonamiento de Dagoberto, pero su gato dudaba ¿cómo ofrecerle ayuda a Santa? ¿Y si se enojaba? ¿Y si lo tomaba a mal? Rigoberto no estaba muy convencido pero al recordar lo que había ocurrido las dos Navidades pasadas, decidió que seguiría a su amigo y confiaría en lo que él decía.

-¿Cómo le ofreceremos ayuda a Santa?-preguntó intrigado el gato.

-Tengo todo pensado-contestó Dagoberto- ¿Has visto el buzón donde siempre se colocan las cartitas con los pedidos a Santa? ¿Ese verde y rojo tan bonito? Bueno, ahí colocaremos nuestra carta.

-Que no tendrá ningún pedido, sino un ofrecimiento ¿verdad?-continúo el gato.

-¡Eso es, mi sabia mascota! ¡Tú siempre tienes la palabra justa! Le ofreceremos nuestra ayuda.

Falta algún tiempo para la Navidad. Nos ofreceremos de ocuparnos de los niños que viven en las zonas más pobres y alejadas del reino.

Rigoberto miraba a su amigo con algo de emoción y una gran admiración. Dagoberto continuó:
-Le diremos que se quede tranquilo, que nosotros nos ocuparemos de los barrios más lejanos.

Es más, si Santa acepta, cosa que descuento, le diremos a los habitantes de los reinos vecinos que ayuden también y esta Navidad, ningún ningún niño quedará sin regalo.

-¡A escribir se ha dicho!-Gritó el gato feliz.

Y así lo hicieron. Escribieron juntos la cartita, le describieron a Santa dónde estaban los barrios que ellos querían ayudar, le pidieron disculpas por su atrevimiento y agregaron que solo lo hacían con el afán de que ningún niño se quedara sin regalo. También le dijeron que como sabían de su gran humildad de corazón creían que aceptaría gustoso que alguien en este mundo, alguien que no fuese en el Polo Norte le brindase algo de ayuda.

Y no se equivocaron. Para Santa esa carta fue un verdadero regalo de Navidad ¡Alguien quería ayudar! ¡Alguien pensaba en los que más necesitaban! Apresurado les respondió que “encantado recibiría la ayuda”, “que se sentía feliz y aliviado” y “que mucho les agradecía el generoso ofrecimiento”.

Dagoberto y su gato pusieron manos a la obra. Juntaron sus ahorros, pidieron colaboración del rey y todos los que habitaban el palacio, compraron y confeccionaron juguetes y muchos libros de cuentos para todos los niños. Contaron una y otra vez a los niños y a los regalos, a los regalos y a los niños para que el cálculo no tuviese error ninguno.

La noche de Nochebuena, cuando todos los pequeños esperaban ilusionados a Santa, los amigos se dedicaron a repartir los regalos y cuando emprendieron su camino hacia los barrios más pobres, encontraron un regalo para ellos. Santa les había hecho un muñeco de Navidad que les ayudaría con el trabajo.

Tal como Dagoberto y su gato lo habían soñado, esa noche ningún niño se quedó sin regalo, todos sin excepción fueron felices. Todos sonrieron, todos jugaron, todos sintieron que sus ilusiones se cumplían.

Tanto fue así que también para Santa fue la más feliz de las Navidades porque sintió que aquí muy lejos del Polo Norte las personas habían entendido que si unimos las manos de todos pensando en el otro, no solo la Navidad, sino la vida puede ser mejor, más justa y más feliz.

Fin

Todos los derechos reservados por Liana Castello.

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