Las decisiones

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Las decisiones

Las decisiones Lic. Julio César Vergara. Consultor Psicológico.

A menudo se piensa que cuando se toman decisiones, se deja despejado el camino para la acción posterior y que es el camino natural de la resolución de conflictos. Sin embargo, la toma de decisión sobre algún tema es apenas el comienzo de un proceso que, dependiendo de la personalidad de quien la toma o de la entidad de la decisión tomada, puede ser largo, confuso, complejo.

Puede ser vivido con culpa o con dudas. A veces con insatisfacción total o sencillamente con mala predisposición. Pero las decisiones deben tomarse, caso contrario nos estancaríamos en un momento de nuestras vidas y quedaríamos allí sin resolver el o los conflictos o las dudas que suelen presentársenos a lo largo de nuestra vida. Hay diversos tipos de decisiones.

Desde las más simples, como el color de la corbata o el gusto del helado que vamos a comer después de la cena, hasta aquellas decisiones vitales que involucran a terceros o marcan un rumbo determinado en nosotros mismos. Hay decisiones que son disparadores de otras y así nos encontramos ante una estrategia. Existen también las decisiones morales, que en su conjunto hacen a la ética de las personas. A aquello que queremos ser pero sobretodo a cómo queremos ser.

Decisiones estratégicas que nos definen como buenos o malos jugadores en el trabajo, en el estudio, en el ocio. En la consulta es posible ver un gran universo de estas decisiones. Muchas de ellas son el principal motivo de consulta en la primera entrevista, y cuando ya avanzamos un tiempo en el proceso de consultoría, aunque se difuminan un poco frente al problema o la causa de consulta real, no pierden el valor intrínseco de haber sido el catalizador adecuado para acercarse a la Consultoría Psicológica.

¿Cuál es el papel del Counselor frente a la toma de decisiones? En principio intentar quitar el manto de ansiedad que el consultante trae y que le impide un acercamiento libre de miedos, de angustias o simplemente de desconocimiento. Una vez hecho esto, el Counselor deberá intentar comprender cabalmente cuál es efectivamente la búsqueda del consultante y descubierta esta, ACOMPAÑARLO en la misma.

Contenerlo durante su propio proceso de búsqueda. De toma de decisiones. No es función del Counselor “interpretar” al Consultante. Sino escucharlo activamente para aportar algún dato que a este se le haya escapado a la hora de analizar sus circunstancias. Este aporte de traduce en una mirada diferente y “ajena” del conflicto. Una mirada lo más despojada posible de subjetividad.

La imagen que me parece más acertada es la de un acomodador de cine. Él alumbra el camino. Muestra cosas que ya estaban allí. Ilumina sectores que por alguna razón están cubiertos de sombra. Pero no los nombra ni les da entidad alguna. Solo los pone en evidencia. Los Counselors hacemos algo similar. Ponemos la luz de nuestra linterna en aquellos sectores que por razones diversas no se muestran con claridad. Pero no decimos cuál de esos sectores es el más conveniente. Solo decimos que está eso ahí y que puede ser una alternativa posible.

Pero el que decide qué, cómo y cuándo es el consultante. Y una vez que decide, nuestro deber profesional es seguir acompañando esa decisión. Aún cuando nos parezca que no es lo que nosotros haríamos. Pero de eso se trata precisamente. No somos nosotros. Son ellos. Es por eso que hay que prepararse muy bien para enfrentar ese momento en que instintivamente queremos poner nuestra opinión por encima de la del otro.

Debemos ser cautelosos a la hora de “aconsejar”. Del otro lado hay alguien que se pone en el rol de “aconsejado” y por ende puede llegar a creer que cada palabra que sale de nuestra garganta tiene destino de gol. Y no es así. Debe quedar claro que frente a la toma de decisiones el que tiene la última palabra es el Consultante.

El que toma la decisión es él. Es quien conoce mejor que nadie cuáles son sus necesidades. Nosotros, mientras tanto debemos continuar “alumbrando” la escena para que salga a la luz la mayor cantidad posible de herramientas que ayuden a construir la opción deseada. QUIEN DECIDE ES EL CONSULTANTE. Y la actitud del Counselor debe ser muy clara. Acompañamiento, contención y sobretodo un cristalino mensaje: Ud. es el artífice de su futuro. Ud. es lo suficientemente capaz de tomar decisiones y asumir la responsabilidad de las mismas.

Y aquí es donde volvemos al principio. Algunas decisiones pueden ser dolorosas a pesar de ser las más convenientes. Y de eso se trata. Asumir el compromiso frente a decisión tomada. TODA DECISIÓN (TODA ELECCIÓN) supone un riesgo y ese riesgo hay que asumirlo de manera plena para que el proceso decisorio no se transforme en una tortura. Un cambio de trabajo, una mudanza, una separación, una inversión, un consejo, un viaje, la compra de un auto. Lo que sea.

Cuando hay más de una opción siempre se pierden las otras. Pero no podemos ir por la vida sin elegir un camino dejando de lado otros por temor a fallar. Sencillamente tenemos que optar por uno y confiar en nuestro instinto, en nuestra capacidad. Y en ese mismo momento tenemos que hacer un pacto con nosotros mismos: Si el camino elegido no es el que realmente esperábamos o no nos conduce finalmente adonde queríamos ir, pues entonces desandaremos el camino y volveremos a empezar, haciéndonos cargo del “error” o la desilusión sin que esto signifique una actitud poco prudente o desinteresada.

Hacerse cargo significa que no siempre se pueden tomar todos los recaudos posibles a la hora de decir. A veces faltan datos, a veces la pasión enceguece, o la oportunidad se presenta repentinamente sin anuncio previo y tenemos que improvisar sobre la marcha. De otra forma, estaríamos todo el tiempo en una actitud contemplativa, displicente y decididamente de estancamiento. Y no podemos vivir sin tomar decisiones porque ciertamente esa es la manera de no avanzar, de estancarse en la mal llamada “zona de confort” que de confortable no tiene nada.

Porque ese falso confort del “status quo” es el que se pone en evidencia en momentos en que nos aburrimos, nos frustramos, nos empantanamos. Es cierto que a veces es preciso “desensillar hasta que aclare” como dicen en el campo; pero esa también es una decisión. La decisión de esperar. Que es totalmente diferente a la inacción. Es como el ocio bien hecho. No se trata de no hacer nada. Se trata de “hacer” nada ex profeso. Con conciencia de ello y con disfrute de tal condición.

Resumiendo. Cada uno de nosotros debe tomar sus propias decisiones. Desde las más simples a las más críticas. Esa es la ley natural. Cuantas más herramientas contemos para hacerlo, mejor aún. Los Counselors estamos preparados para acompañar esos procesos de toma de decisión de la mejor manera posible. Evaluando juntos los pro y los contras de las situaciones a las que nos enfrentemos. Siempre, y ese es el compromiso profesional de nuestra labor, serán los Consultantes los que tengan la última palabra.

Para bien… o para bien.

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