El rol del padre en relación a la crianza de los hijos


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El rol paterno, sostén y estructura.

Mucho se habla del rol de la madre en relación a la crianza de los hijos, pero ¿qué sucede con el papel que desarrollan los padres?

Luego del nacimiento del bebé, en un primer momento, el rol paterno se caracteriza por ser el sostén de la reciente mamá. La madre le presta su cuerpo a su bebé para que crezca y se desarrolle, brinda toda su energía y tiempo a maternarlo: acunarlo, amamantarlo, y necesita para poder continuar haciéndolo, recuperar energía sosteniéndose en su pareja.

Una vez concluido el puerperio, a partir de los 3 – 6 meses, la función del papá será la intervención de corte en la relación simbiótica madre- hijo.

El hombre llamará a la mujer que hay en cada madre y pondrá límites a su hijo para recuperar un espacio de intimidad con su mujer ahora devenida madre. Así como la función materna es la fusión, la paterna es la de separación. En las sociedades modernas, las ocupaciones de los padres se han multiplicado.

En otras épocas la tarea de crianza y asistencia de los hijos era un área excluyente de la madre. El padre solo se ocupaba de generar los recursos para el bienestar de la familia. Hoy ya no es así. El hombre ocupa un lugar protagónico en la crianza desde el primer día: asiste a las ecografías y consultas médicas relacionadas con el embarazo, comparte el curso de psicoprofilaxis, presencia el parto y cambia pañales.

Esta nueva manera de construir el rol paterno, más activo, con responsabilidades compartidas, genera un vínculo más cercano, de mayor intimidad y a partir de allí también se generan cambios sociales. Un ejemplo de ello es que la mayoría de los padres recientes se toman las vacaciones los días subsiguientes a la parto para poder quedarse junto a su mujer y su hijo, y también hay hombres que modifican sus estructuras laborales para poder teletrabajar y estar cerca de sus niños durante el día.

Por todo esto, el rol paterno está jerarquizado tanto por sus pares, otros padres, como por las mujeres que agradecen esta nueva posición que las corre del rol materno solitario e incomprendido de otras épocas. Lo esencial, es que tanto el rol paterno como el paterno encuentren un punto en el que se complementen, generando un verdadero trabajo en equipo, fundamental para lograr una crianza comprometida, saludable y disfrutable.

Según lo antes dicho, es muy importante que las mujeres puedan dar lugar al ejercicio de la paternidad con esta modalidad. Si así no fuera, cada hombre debe encontrar ese espacio en su pareja, pidiéndolo, ofreciendo su participación desde el primer día, tomando responsabilidades, resolviendo situaciones por sí solos.

Si pudiéramos resumir lo antes dicho, podríamos decir que el rol materno es esencialmente de fusión: acunar, enlazar, proteger, maternar. Y el paterno es de separación: el orden, las normas, los límites.

El padre es quien viene a realizar un corte entre la madre y su hijo, acto esencial para el comienzo de una identidad autónoma y singular. Ejerce el lugar de la autoridad, aunque no de manera exclusiva, pero debe encarnar la posición de quien prohíbe y habilita. Pone los límites, que son las reglas de juego que todos necesitamos saber para poder jugar al “juego de la vida”.

Esto da una versión clara de lo que se puede y de lo que no se puede, y genera confianza y tranquilidad a todos los “jugadores”. Para ello es necesario jerarquizar las prohibiciones, para no caer en que todo es no y éste pierda efectividad. Una tarea de todos los días, que requiere de una energía continua y sostenida.

Lic. Marisa Russomando, Psicóloga (MN) 23189 Directora de Espacio La Cigüeña.

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