Marta, la arañita de Halloween

Marta, la arañita de Halloween es uno de los cuentos de brujas de la colección cuentos infantiles de halloween del escritor Cubano Lázaro Rosa.

Ilustración de Elizabeth Segoviano.

Marta era una arañita que estaba esperando con ansiedad que llegara la fiesta del Halloween para celebrarla junto a los niños de su aldea y por ello tejía una enorme telaraña con un traje color rojo para vestirse de flor, de tulipán.

Pero esta arañita tenía una gran preocupación. –¿Habrá construido nuestro alcalde la fábrica de caramelos y chocolates que tanto le había prometido a los niños?—Se preguntaba a la vez que se respondía a sí misma: la empresa será construida para finales del mes de Octubre, ya lo veremos…

Y sumergida en sus pensamientos cosía y cosía sentada frente a su moderna maquinita eléctrica. –Con esta telaraña envolveré completamente el horizonte y con este hermoso traje terminaré disfrazada de tulipán. Los niños van a tener el poder y el dominio total de la aldea durante el Halloween y los mayores van a trabajar haciendo golosinas y dulces ¿por qué no? —Comentaba la mística e inteligente arañita.

La colorida aldea de Marta se hallaba flotando sobre una inmensa nube cristalina que siempre deslumbraba por su limpieza. Además tenía una población de unos trescientos niños a los que el alcalde siempre les prometía la construcción de una enorme factoría donde se iban a cocinar cangrejitos de vainillas y dulces de coco con chocolates, pero los niños se sentían defraudados ante tantas promesas que nunca se cumplían.

Una tras otras transcurrieron las mañanas y las noches sobre la nube de cristal hasta que llegó el tan esperado Halloween. Una fiesta en la que los niños se vistieron de caracoles, de conchas marinas, de jirafas y de delfines azules y en lugar de marchar casa por casa, como era la antigua tradición, se pusieron de acuerdo, después de escuchar a Marta, en tocar a las puertas donde vivía el alcalde. Fue así que se llevaron la triste sorpresa de que éste no les abrió, no los recibió, con sus canastas llenas de golosinas.

El alcalde se encontraba escondido en el patio de su casa porque sabía que había incumplido sus promesas de construir la fábrica de dulces. Creía que nadie lo iba a descubrir pero se llevó tremendo susto cuando Marta descendió por un hilo fino, y alargado, y le cayó sobre una rodilla estando envuelta en su traje de tulipán. –

-Hola don mentiroso, vengo por los caramelos que tanto has prometido y para decirle que los trescientos niños de esta pulcra aldea están esperando por usted frente a las grandes puertas de su casa ¿qué me dice ahora? –Preguntó la arañita– La nariz le va a crecer tanto que se convertirá en el hermano mayor de Pinocho…

Don Miguel, así se llamaba el alcalde, quedó desmayado por el gran apuro que pasó y ese fue el momento aprovechado por los niños y la arañita para envolverlo en una gran telaraña y llevárselo a las afueras de la nube donde lo pusieron a trabajar bajo la amenaza de que si no terminaba la fábrica, antes del amanecer, lo vestirían como un burro orejón para que todos los vecinos lo vieran y se burlaran de él todo el tiempo.

El alcalde sudaba a cántaros pero trabajó tan duro que antes de las tres de la madrugada ya había sido capaz de levantar, él solo, una planta gigantesca en la que se produjeron barras de chocolates calientes, bastones de vainillas y caramelos de todos los tamaños y para todos los gustos. Además debo decir que a la planta vinieron a trabajar cientos de enanos que usaban grandes y puntiagudos sombreros negros con camisetas verdes que, según comentaban los pobladores de la aldea, habían salido de algunos libros y leyendas infantiles donde trabajaron de soldados en los bosques y también cuidaban los ríos junto a los lagos de aguas bulliciosas donde vivían tortugas, castores grises y miles, miles, miles de peces morados y violetas. –

-Ya ves, todo se puede realizar cuando uno así lo desea, ya ve usted don Miguel—Le gritaban al alcalde los niños convertidos en delfines, caracoles, flores y en conchas marinas mientras reían, corrían y saltaban de una a otra nube.

En lo adelante la aldea de la araña Marta se hizo famosa porque todos conocieron la historia sobre su enorme factoría para producir caramelos y chocolates. A partir de ahora muchos pequeños comenzaron a venir desde todos los pueblos vecinos a celebrar el Halloween en compañía del alcalde Miguel y los habitantes de la nube de cristal.

Pero esto no fue todo, se hizo también una fuerte tradición que los niños comenzaran a vestirse de jirafas, de flores, de conchas marinas y de delfines para que nadie se asustara ante los viejos temores por los muchos maleficios que podían traer consigo las brujas cuando descendían a los pueblos sobre sus temibles y voladoras escobas.

Fin

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Marta, la arañita de Halloween es uno de los cuentos de brujas de la colección cuentos infantiles de halloween del escritor de cuentos Lázaro Rosa.

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