Un día diferente

Un día diferente

Un día diferente

Un día diferente. Claudia Funes Cacho, escritora mexicana. Cuento de niñas. Cuento sueños que se hacen realidad.

Eran las 12 del día, Adela salía de la papelería directo a la oficina, atendió algunos asuntos pendientes, y a las 2:00 P.M. salió de su trabajo para la escuela de sus hijas que en 10 minutos salían de clases.

Llegó a la escuela y entró directo al salón de clases de cada una de ellas donde las profesoras le entregaron a las niñas, salieron muy contentas, platicando acerca de unos libros que habían rentado en la biblioteca del colegio; camino a casa cantaban canciones de la radio y comentaban en momentos la tarea que les habían dejado para el día siguiente.

Bien, después del fuerte calor que se sentía dentro del coche, durante 20 minutos de camino, llegaron a casa, Clau y Dea bajaron a abrir el portón de la casa, Adela metió el coche, entre las tres bajaron las mochilas.

Cuando Adela abrió, la puerta de la casa, fue como abrir un acuario, la casa estaba llena de agua, no se podía ver hasta dónde; las niñas de inmediato sacaron de sus maletas de natación, que aun estaban en la cajuela del coche, los gogles, para poder observar lo que habían encontrado dentro de la casa.

¡Woow!, ¡woow!, hermosos peces de colores desfilaban por los sillones, anémonas de tonos rosáceos y morados translucidos, se movían de la cocina al pasillo, ¡que deleite! había un sinfín de especies de peces de arrecife, Clau y Dea disfrutaban todas esas maravillas nadando tras los delfines juguetones casi en la superficie. Algunas tortugas nadaban en grupo, grandes y pequeñas, con gran facilidad de movimiento, todo parecía tan real…

– ¡Buenos días!, ¡Buenos días princesas!

Entre sueños, Dea escuchaba la voz de Adela quien tiernamente las despertaba para ir a la escuela. Poco a poco despertando, las niñas se levantaron para tomar su vaso de chocolate en la mesita de su cuarto.

Con el cuerpo aun adormecido, Dea se sentó y sin querer empujó con el codo una botellita llena de agua de mar que habían traído, de Ixtapa, en sus últimas vacaciones.

Adela, quiso levantarla.

– ¡Ten cuidado chiquita! Se puede regar el agua.

– No mami, está bien cerrada.

Con las prisas del momento, se olvidaron de la botellita que gota a gota empezó a vaciarse sin que nadie se diera cuenta. Corrieron a la ducha, los uniformes, el peinado, el desayuno, lavarse los dientes, el lunch para el Cole, besos a papi y finalmente arriba del coche rumbo a la escuela…

Dea le contó a su hermanita su inolvidable sueño. Adela ha tenido un día un poco complicado, incluyendo una visita al dentista, transcurre el día, Adela se percata de la hora y se dispone para recoger a las niñas. Llega a los salones por cada una de ellas, la reciben muy contentas porque las boletas de calificaciones salieron satisfactorias.

De regreso a casa, pasan a la tienda a comprar algunas cosas para la comida. Compran carne y las niñas le piden a mamá que por favor les compre quesito para untar en el pan.

Al salir de la tienda se suben al coche; comienza el camino algo largo y caluroso a casa, al llegar, las niñas bajan corriendo para abrir el portón, Adela estaciona el coche entre las tres bajan las mochilas y las bolsas de la tienda, en eso Adela introduce la llave en la chapa y notan que sale agua por abajo de la puerta, Clau y Dea se ven una a la otra y salen corriendo a la cajuela del coche por los gogles que están con el equipo de natación…

… Colorín colorado que este cuento está empezando.

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Fin

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