El árbol de Navidad

Por Nataly Bóveda Benitez. Cuentos cortos de Navidad

El árbol de Navidad es un tierno cuento corto de Navidad de la escritora Nataly Bóveda Benitez. Cuentos de Navidad para los más pequeños.

El árbol de Navidad

El árbol de Navidad - Cuento de Navidad

La ranita Chimi se fue a conocer el mundo sin la compañía de su mamá.
Después de mucho saltar llegó a la sala de una casa, vio un extraño árbol que nunca había visto en el bosque, quedó impresionada por sus adornos y algunos de ellos resplandecían en medio de la noche.

— ¡Que bonito es! Lo quisiera tener para mí— se dijo.

Se le aproximó en el momento justo en que una brisa hizo tintinear a una campanita y saltó de alegría. Se fijó en las bolas de cristal de diferentes colores, en la muñequita vestida con un traje rojo y pelo negro, en una estrella plateada en la copa del árbol, en los abundantes bombillos con luces intermitentes, en otros ornamentos tan preciosos que si la hubieran puesto a escoger uno de ellos para tenerlo como recuerdo, no sabría con cual quedarse.

Una niña, se acercó al árbol a poner otros adornos y cuando la vio fue tanto su desconcierto que lanzó un grito agudo y despertó a los otros habitantes de la casa quienes vinieron a ver qué le había sucedido.

La rana, asustada por tal chillido, se escondió debajo de una silla.

— ¿Por qué gritó de ese modo? ¿Por qué todos han venido a la sala? Solo tienen ojos para la chiquilla y le hacen mil preguntas que ella no responde y no miran al árbol que está ahí, tal parece que no le importa su belleza —habló consigo misma Chimi y luego oyó una vocecita que dijo entre sollozos.

—No quiero estar aquí, quiero ir a mi cuarto.

—Hija, si hace un rato no querías ir porque deseabas estar mirando al árbol de Navidad —le dijo una señora de pelo largo tan negro como el que tenía la muñeca y abrazó a la niña.

Y los demás asintieron afirmativamente.

—Es que, es que… —y lanzó otro gritó que hizo temblar a los presentes.

— ¿Es qué? Dinos —dijo un señor bigotudo, parecía ser el padre de la pequeña y también la abrazó.

A pesar de los mimos, ella siguió lanzando chillidos hasta que al fin dijo que no quería ver a esa rana fea cerca de su árbol de Navidad.

— ¿Yo una rana fea? Fea es ella que tiene el pelo como pelusa de maíz tierno. ¿Así que eso es un árbol de navidad? ¡Que bien! Quiero tener uno así— anheló.

— ¿Viste una rana aquí? Ay, hija, no puede ser —dijo su madre, puso a la niña en un sofá y dando saltos como si fuera la misma rana se encaminó a una habitación y desde allá preguntó que por dónde había entrado.

—Que pregunta más tonta ¡Por la puerta!—dijo Chimi y soltó una risita.

—No sientas miedo, las ranas no hacen nada—dijo un niño mientras reía e imitó el croar de las ranas.

—Se hace el gracioso, pero no lo es, no sabe hacer lo que yo y se lo voy a demostrar —y la rana comenzó a emitir sus sonidos.

—Ay hija, mejor vamos para tu cuarto—dijo el señor bigotudo con cara de espanto y se la llevó mientras que el niño comenzó a buscar a la rana, que sin perder tiempo se fue por donde mismo había entrado sin ser vista por el pequeño que como no la halló, se fue a dormir y los restantes también.

Chimi cuando se encontró con su mamá le contó sobre la belleza del árbol de Navidad y despertó en ella tanta curiosidad que quiso verlo.

—Mamita, ¿y si nos atrapan?

—No hija, ya deben estar durmiendo, vamos…

Y allá fueron las dos. Cuando llegaron a la casa encontraron la puerta cerrada. Desanimadas se pusieron a pensar en la manera de entrar hasta que a mamá rana se le ocurrió esperar el amanecer.

Cuando salió el sol, alguien abrió las puertas y ventanas de la casa.

Momento después ambas pasaron y vieron al árbol.

—Ay mamá, siento decirte que no luce como anoche, ¿por qué será? No te dije mentiras…

—Lo sé hijita, vamos a dar un paseo y mientras tanto te diré muchas cosas que no sabes y debes saber.

Mamá rana le explicó que las cosas no se veían igual de día que de noche, agregó que el cielo lucía más hermoso en el anochecer cuando las estrellas lo adornaban y le habló de ellas.

—Mamita, nunca me he fijado en el cielo ni de día ni de noche.

—Pues tienes que hacerlo en lo adelante, ¡tienes poco tiempo de nacida!

Ahora mira hacia arriba…

La ranita lo hizo y preguntó:

— ¿Cómo ese conejo subió hasta el cielo? ¿Cómo el sapo está también allá si no tiene alas junto con un caballo que tampoco la posee? Hasta le falta una pata.

Mamá rana rió tanto que Chimi se preguntó por qué lo hacía si no había dicho nada chistoso.

Como adivinando los pensamientos, la rana le explicó:

—Me río por tus palabras. Esas son nubes que toman formas de muchas cosas, de animales, de objetos, de… ah, mira, ves aquella nube, ha tomado la forma de una charca llena de cisnes, pero que no te asombre, verás como se deshacen y forman otras figuras —y le fue explicando muchas cosas interesantes que debía saber.

Así las sorprendió la noche y las dos volvieron donde estaba el árbol de Navidad.

Se asomaron por la ventana y lo vieron.

Chimi, se puso contenta porque su mamá pudo ver el árbol de Navidad y rió tanto, pero tanto que los que estaban en la sala la escucharon. Principalmente la niña, que dejó de colocar adornos al árbol y Chimi, como estaba emocionada, saltó y se posó en una de las manos de la niña quien al sentir tal humedad, lanzó un grito.

—Otra vez con lo mismo, prefiero irme antes que escucharte decir que soy fea, “pelusa de maíz tierno” —dijo Chimi y se fue a otra parte junto con su madre.

—Hija, nunca en el bosque he visto un árbol tan lindo, tenía estrellas relucientes; vamos a buscar sin descanso en el bosque hasta encontrar uno igual —dijo mamá rana cuando estuvieron lejos.

Cuentan que todavía andan mamá rana e hija buscando por los bosques un árbol de navidad como el que vieron en casa de la niña de cabellos de color como pelusa de maíz tierno.

Fin.

El árbol de Navidad es un cuento de Navidad enviado por Nataly Bóveda Benitez para publicar gratis en EnCuentos.

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