Lunapia y Toritorio



Lunapia y Toritorio

Lunapia y Toritorio. Kike el Duende, escritor español. Cuento infantil.

No sabía que existían hasta que entré en aquella tienda. Buscando un regalo para una amiga que estaba de cumpleaños, los vi.

Primero a Lunapia, más amarilla que el limón, estaba en una estantería en donde no le daba la luz del día. Suave como el algodón os diré que es un cojín de espuma con la forma de la luna.

Más tarde y escondido en un cesto de paja encontré a Toritorio, negrito como el carbón, con dos cuernos blancos y un poquito de hollín, es una cabeza de toro que también es un cojín.

Los llevé a casa después de comprarlos y aquí comienza la historia de esto que me ha pasado Lunapia vivía en el cielo con una sola ilusión: Hacer de cojín bajo la cabeza de una niña para cantarle cada noche una canción. Hacía todo lo posible por acercarse a la tierra pero su órbita no la dejaba.

Un día probó a cortar su órbita con una gran tijera pero como es una línea imaginaria no pudo hacer nada con ella. Otro día quiso saltar y así poderla estirar pero, aunque al principio algo estiró, para llegar hasta la tierra no le dio. Una noche tranquila cuando alumbraba de blanco los montes se percató de que un pequeño toro se bañaba en un sucio charco de lodo.

Pero por mucho que se ensuciaba, observó nuestra amiga Lunapia que los dos cuernos siempre los tenía muy blancos.

– ¿Cómo te llamas?-le dijo Lunapia.

–Me llamo Toritorio y tengo un secreto en ésta bolsita y bajo un envoltorio.

Enseguida se hicieron amigos y cada noche hablaban de sus asuntos hasta que Lunapia le preguntó:

-¿Cómo puedo bajar a la tierra y hacerme cojín?

-Pues déjame pensarlo hasta mañana, a ver que se me ocurre pequeña luna de porcelana.

A la mañana siguiente Lunapia madrugó como nunca lo había hecho y se presentó con un color amarillo ante un Toritorio más dormidito que pillo.

Se levantó y como si fuera a dar un discurso, discursó: “Les diré a los lectores, querida Lunapia, que si ese nombre tienes es por la larga napia que posees, y por ello se me ha ocurrido esta gran idea. Engancharé a mis blancos cuernos una larga cuerda y el otro extremo a tu amarilla nariz, así te acercaré y a mi charco de lodo te tiraré. Pesarás tanto cuando estés mojadita que después tu órbita ya no te podrá recuperar. Quitaré luego el secreto de mi bolsita y lo desenvolveré de su envoltorio, que para eso soy el torito Toritorio”.

Sacó unos poquitos polvos y rociando a Lunapia y también a sí mismo dijo: “Con este hollín y de principio a fin, que nos convirtamos en cojín. Que durmamos bajo la cabeza de una niña y que para dormir le cantemos, entre almohadones, muchas canciones”.

Aparecieron sin más en una estantería y en un cesto de paja, en una tienda de regalos en donde entraría una niña muy maja. El deseo de Lunapia se cumplió y para no estar sola como cojín, Toritorio por siempre le acompañó.

La niña para aquel cumpleaños no los regaló, le compró a su amiga otros juguetes, mochilas, muñecas o patines pero para ella se quedó los dos cojines.

Fin
 
Lunapia y Toritorio. Literatura infantil y juvenil, cuentos que no pasan de moda. Lecturas para niños de primaria. Historias para aprender leyendo.

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