El rey sordo. Cuentos de príncipes


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El rey sordo. Cuentos de príncipes

Cuentos de príncipes. Historias de monarquías.

Érase una vez un Príncipe muy apuesto, pero era sordo, pero a pesar de su condición, era muy feliz, su infancia fue muy hermosa, jugaba fútbol, pescaba, practicaba natación y amaba montar a su caballo llamado Rayo.

Rayo hacía honor a su nombre, era un hermoso corcel negro, fuerte, veloz, imponente, se lo regaló su padre a los doce años y desde ese día fueron amigos inseparables.

Su padre enfermó y decidió abdicar al trono para que su hijo gobernara, pues decidió retirarse para disfrutar de las bellezas del campo, la tranquilidad y la paz que dicho lugar le proporcionaba.

Tremendo escándalo se formó en el Palacio con dicha noticia:

– ¡Es demasiado joven para gobernar!

-¿Cómo va a gobernar si es sordo?

– ¡El Rey se volvió loco!

Esos comentarios se escuchaban en todo el reino…pero el Príncipe ni pendiente.

Llegó el día de la coronación y mucha gente fue al Palacio, fueron a protestar para que el Rey se retractara de su decisión, pero aunque usted no lo crea el Príncipe ahora convertido en Rey pensó que esa gente fue a apoyarlo y se sintió muy feliz y comenzó a trazarse muchas metas para ayudar a toda esa gente del Reino.

Agradeció con un hermoso gesto colocándose la mano en el pecho y se fue a descansar. En la mañana decidió salir a visitar el pueblo para constatar las necesidades de sus habitantes, confirmó que había mucha pobreza. La gente saludaba al Rey y cuando daba la espalda murmuraba:

– No va a funcionar

-¿Cómo va a oír nuestras necesidades si es un Rey sordo?

Pero el Rey no los escuchaba, sólo les saludaba y al llegar al palacio anotaba en un pergamino todas las necesidades y las ideas que tenía para el mejoramiento del pueblo. Iba plasmando todas sus ideas y su ayudante mandó a llamar a los mejores constructores, carpinteros y herreros de todo el Reino y del Reino vecino.

La gente veía llegar a dichas personas y se imaginaban que el nuevo Rey iba a dar una gran fiesta para gastarse toda la fortuna que le había heredado su padre. ¡Pero qué equivocado estaban todos!

A la mañana siguiente, comenzaron a llegar muchos cargamentos de madera y materiales de construcción, pero la gente seguía comentando y pensando que el Rey iba a agrandar su Reino, pero el Rey no les escuchaba, era sordo. Solo les saludaba y sonreía.

Dos días después los constructores iniciaron su trabajo construyendo casitas hermosas, pero aún pensaron: – esas casas deben ser para sus amigos visitantes…

También se inició la construcción de una Iglesia, una plaza, un parque para los niños, un mercado y un pequeño hospital… y casi todos los empleados eran del pueblo, quienes ahora percibían un sueldo para comprar alimentos y hasta enseres para sus humildes casitas.

La gente estaba cambiando de pensar respecto al nuevo Rey…

Una vez finalizadas las obras el nuevo Rey fue al pueblo y en una asamblea de ciudadanos habló:

– Ciudadanos del Reino les invito a que me sigan para que observen algo.

Siguieron al Rey y tras caminar pocos minutos se encontraron con unas casitas hermosas, la plaza, la iglesia, el mercado y el hospital. El Rey habló y les dijo:

– Sé que no soy perfecto, soy muy joven y aunque no puedo escuchar sus voces, no soy ciego, aunque no puedo oír sus palabras puedo ver sus necesidades porque mi corazón puede escuchar sus lamentos y por eso hoy les invito a ocupar sus nuevas casas, también tienen el mercado para que puedan comprar y vender sus alimentos, la Plaza para que se entretengan y el parque para que sus hijos e hijas se diviertan, pero sobre todo les dejo la Iglesia para que tengan un lugar para que se encuentren con Dios, para que abran su alma y encuentren la paz.

La gente saltaba de alegría y el Rey estaba feliz. La gente comprendió que había juzgado a su nuevo Rey sin conocerlo, basándose en su condición, pero no conocían el alma noble que escuchaba a su gente. De ahí en adelante, los habitantes del pueblo se unieron para ayudar al Rey, inventaron un lenguaje de señas para comunicarse con Él y compartir ideas. El pueblo fue creciendo organizadamente gracias a su Rey sordo, quien nunca escuchó las palabras negativas.

Moraleja: escucha las palabras positivas y sé tú mismo, no dejes que nada ni nadie afecte tus planes e ideas. Ser sordo no es una discapacidad es una pequeña condición que no debe limitarte.

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Fin

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