Otra dimensión

subte a estacion lima

Otra dimensión. Doctor Lazurus Kilyx, escritor argentino. Cuentos fantásticos.

Su triste y monótona vida, transcurría día tras día…


Vestía siempre de traje gris, sombrero del mismo color que tapaba su rostro
Llevaba consigo todo el tiempo, un portafolio negro.
Caminaba en la calle, entre la multitud, todos ellos vestidos de trajes negros y sombreros de mismo color, dando la impresión que él se encontraba caminando entre sombras…
Ellos avanzaban en manada, hacia ningún lugar.
Con miradas completamente perdidas.
Calles de la ciudad, edificios de gran altura, donde el sol no ingresaba.
Dando más oscuridad a la ciudad.
El hombre de gris caminaba hacia su trabajo.
Una tarde de mucho trabajo, se quedó después de hora.
Trabajaba en una Fábrica de Indumentaria.
El edificio había sido construido en 1867, donde antes los cuatro pisos que poseía, eran un viejo depósito.
El paso del tiempo lo convirtieron en modernas oficinas, pero siempre manteniendo la vieja estructura, incluso se podía apreciar, si uno veía al techo, las cañerías externas de agua, también se apreciaban las enormes columnas, que sostenían el enorme edificio.
La única luz prendida, era la de su box en todo el piso.

Apagó la computadora, en esa época las mismas poseían una pantalla con aumento como si fuera una lupa cuadrada gigante donde atrás de la misma se encontraba una pantalla muy pequeña y el teclado era una máquina de escribir.
Esa noche en particular, volvió en subte, era el último servicio, que funcionaba, el de las 23:50.

Caminando el largo túnel, para llegar al andén de Lima, vio dos personas de cabellera muy larga, de trajes negros y camisa de seda negra con corbatas rojas, uno tocaba el violín y el otro el bandoneón, tocaban perfectamente un tango, pero su música era bastante oscura y tenebrosa, al pasar por al lado de ellos, quiso divisar sus rostros, pero estos giraban mientras el caminaba, y no pudo verles las caras.

Mientras el avanzaba, las luces comenzaban a parpadear, hasta ir apagándose completamente detrás de él.
Comenzó a sentir ese escalofrió en la piel, en su cuerpo, que indica la señal de miedo.
Sus manos comenzaban a transpirar y sus palpitaciones subieron rápidamente.
Cuando al llego andén, se encontraba completamente sólo, las luces se prendían y apagaban como en cortocircuito.
Esa noche la sensación de soledad era más notoria que otras.
Realmente deseaba no estar solo en ese momento.

Esperando el subte, en la punta del andén, vio a una persona exageradamente alta, Muy flaca, casi daba la sensación de ser un esqueleto, su rostro era tenebroso, sus ojos estaban casi hundidos en su cara huesuda, vestía un traje con galera y tapado negro que le llegaba hasta los tobillos y en su hombro derecho divisó un cuervo con ojos rojos.
Que lo miraban fijamente a él.
– ¿Un cuervo?
– Pensó y musitó:
– “debe ser el cansancio”.
Vio como esta sombra alta y oscura avanzaba hacia él.
Paralizado por la escena, el hombre de gris, vio como esta sombra se acercaba a él.
El corazón comenzó a acelerarse y esto se incrementaba aún más con el constante parpadeo de las luces.
Cuando la figura estaba a unos metros, para su suerte llegó el subte, subió rápidamente, su sorpresa fue que al girar para ver el andén, la sombra de galera ya no estaba en el lugar.
Miró a su alrededor y tampoco estaba dentro del vagón.
Se encontraba completamente solo en ese lugar.

Primero un cuervo y después una persecución, definitivamente es el cansancio, stress o falta de sueño– pensó mientras se dejaba caer sobre un asiento de madera.

Las puertas se cerraron, dirigió nuevamente la mirada hacia el andén, ya que le pareció ver un movimiento y el horror inundó su cuerpo, allí estaba él, el hombre de gris en el andén sentado en un banco de madera y a su lado la sombra con el cuervo en el hombro derecho.
Se vio a si mismo sentado en el asiento del andén sin vida…
Perplejo y confuso se levantó y golpeó con fuerza las puertas, trato de abrirlas, para poder bajar pero ya era tarde y nada pudo hacer.
El subte comenzó a moverse y vio como el hombre de negro parado junto a su cuerpo sostenía con la mano derecha su corazón.
Se vio a sí mismo en el andén con su pecho abierto.
Mientras la sombra reía a carcajadas…
Sin poder entender nada, el hombre de gris con la mirada perdida, se sentó nuevamente en el asiento del vagón y descubrió a su lado un aparato de DVD portátil.

Lo encendió y, como si fuera una película, vio con tristeza, su vida, un día igual a otro, se vio existiendo como un ente, sin alegrías y en soledad.
Vio, como había desaprovechado su vida, convirtiendo su alma en completo vacío.
Debajo del aparato encontró un papel con un número.
“666.000.000.000″.
Levantó la mirada y miró por primera vez a su alrededor, sus compañeros de viaje no hablaban, no gritaban, no lloraban, no hacían nada, sólo miraban con espanto un aparato como el que él tenía en sus manos.
¿Son almas?– pensó
¿Yo qué hago acá? – preguntó, pero nadie contestó, ni siquiera lo miraron.

El hombre de gris siguió sentado en el asiento de madera de la formación.
Y así, el subte siguió avanzando a toda velocidad
Sin detenerse en ninguna estación y sin ser visto por nadie.
Perdiéndose en alguna curva…
Otra dimensión quizás.

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Fin

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