Desencuentros

Desencuentros. Lucía Belén Córdoba, escritora argentina. Cuento para padres, historia de un amor que no fue.

Eran pequeños cuando se conocieron, apenas una niña y él casi adolescente. Pero se quedaron prendados uno del otro, ella lo erigió en su príncipe azul, propio de la época, y el la llenó de ternuras como sólo se puede hacer con alguien a quien se le ama de niño.

Pasó la vida, él la olvidó. Ella jugaba a que era su novia, que él venía a buscarla para salir, como sabía que él lo hacía con su chica. También ese tiempo pasó, cada uno hizo su vida. Cuando él se separaba de su esposa ella se casaba… El volvió y se reencontraron, tal vez casi sin acordarse del pasado, fue un flechazo. Comenzó una terrible lucha entre el decoro que había que demostrar y el gran amor que desgastaba las entrañas, sin siquiera poder encontrarse en una mirada.

Claro, alguien notaba aquello escondido, pero latente. Y eran tiempos de recato, de vergüenza, no se podían transigir las reglas… o tal vez fueron cobardes… Sus vidas continuaron separadas por el mar de la incertidumbre, por la hipocresía, por el temor. Había pasado tanto tiempo, que ya los sentimientos eran otros, transformados en amistad. Otra vez volvieron a encontrarse en una relación más moderna, más de la época, con el auge de la cibernética, esta vez.

Ya eran ancianos y aprendieron a manipular éstos artefactos, para poder contarse cosas de las que jamás habían hablado… Esta vez desde la experiencia, las pérdidas, propias del tiempo, de los hijos de la pasión por escribir, leer, algún recuerdo por ahí afloraba, ¡incluso se aclaraban cosas que habían transcurrido hacía 40 años! Pero todo desde el respeto que merecía el sacrificio de no haber traicionado a los demás. Ahora era tiempo de descuento en la vida, ya no se permitían nada, ni siquiera las miradas de otrora. Querían el respeto de la gente, ¡que se habían ganado en buena ley!

Hasta que un día uno de los dos debió partir, luego de una breve y cruenta enfermedad, lo que siempre hablaban se hizo realidad, “no te acerques, no sufras, no veas mis despojos, recuérdame como estoy ahora, a pesar de la vejez.” Así terminó la historia que no fue, que no pudo ser, y que ahora, el paso del tiempo se encargará de borrar…

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Fin

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