MARCOS CUADROS, de vocación pintor – Capítulo I

Capítulo I – Papá y mamá

Cuentos infantiles para pensar

Cuentos infantiles para pensar. MARCOS CUADROS, de vocación pintor.

MARCOS CUADROS, de vocación pintor es uno de los cuentos infantiles para pensar de la escritora Liana Castello. Cuento para niños a partir de nueve años.

Capítulo I  – Papá y mamá

Cuando Julieta y Alvaro se conocieron fue amor a primera vista. Sólo así se podrían haber enamorado puesto que pocas veces se vio en el mundo personas tan diferentes.
Julieta era una joven de cabellos ondulados, muy largos y rojizos. Con tantas pecas en su piel como estrellas hay en el cielo. Tenía los ojos de color verde claro y siempre vestía largos vestidos floreados y multicolores.

Alvaro era un joven de cabello oscuro y corto. Su piel era mate, tenía los ojos marrones y usaba lentes. Siempre vestía de traje y corbata.

Julieta sonreía todo el tiempo, Alvaro –por el contrario- era una persona muy seria.

Julieta era una persona romántica, soñadora, con una gran imaginación. Pasaba el día cantando mientras arreglaba plantas y flores pues era jardinera. Amaba la naturaleza, hablaba con los pájaros y con las plantas y lo más sorprendente era que tantos unos como otros parecían escucharla.

Alvaro, en cambio, era contador e ingeniero. Sólo sabía de números y medidas exactas, de cálculos, reglas y escuadras. No era de muchas palabras, a diferencia de Julieta, él no creía en hablar con las cosas. De haberlo hecho, seguramente hubiera intercambiado algunas palabras con la calculadora o la regla T, pero eso nunca ocurrió.

A pesar de ser tan pero tan diferentes, el día que se vieron sus corazones se dieron cuenta que eran el uno para el otro y los corazones suelen tener más razón que la razón.

Se casaron al poco tiempo, para sorpresa de algunos y disgusto de muchos.

-Ella no es para él-decía la madre de Alvaro.

-Él no es para ella-decía el padre de Julieta.

-¿Han visto sus vestidos?-comentó una tía gorda.

-¿Se han fijado en sus trajes?-preguntó una tía flaca.

-No es de fiar, siempre está riendo-dijo el abuelo de Alvaro.

-No es de fiar, siempre está serio-dijo la abuela de Julieta.

-Esto no durará dos semanas-sentenció la hermana de Alvaro.

-Esto no va a funcionar-volvió a sentenciar el hermano de Julieta.

Sin embargo, contra todos los pronósticos, fueron felices desde el comienzo. Las diferencias que existían entre ellos, muchas por cierto, los enriqueció. Aprendieron uno del otro y lejos de separarlos, esas diferencias hicieron de cada uno una mejor persona.

Julieta se encargaba de la decoración del hogar y del jardín, mientras que Alvaro llevaba las cuentas del hogar.

Julieta seguía hablando con sus plantas y Alvaro la escuchaba divertido, esperando que alguna le contestase algún día y seguro de que si ese momento llegaba no se iba a sorprender.

El tiempo pasaba y a las familias de ambos, ya no les resultaba tan inexplicable esa felicidad, ni tan extraño que se amasen de esa manera. Es más, ese amor les enseñó a todos ellos que si las diferencias son respetadas y aceptadas, no tienen por qué ser un obstáculo para ser feliz. Y las opiniones comenzaron a cambiar:

-Tal vez ella si es para él-dijo la madre de Alvaro

-Quizás él sí es para ella-dijo el padre de Julieta.

-No son tan feos sus vestidos después de todo-comentó la tía gorda.

-Sus trajes son elegantes ahora que los miro mejor-dijo la tía flaca.

-¡Qué simpática, siempre está riendo!-decía ahora el abuelo de Alvaro

-¡Qué muchacho tan responsable, su seriedad lo demuestra!-decía ahora la abuela de Julieta.

-Este matrimonio durará toda la vida-dijo la hermana de Alvaro.

-Llegarán a viejos juntos-dijo el hermano de Julieta.

Julieta y Alvaro armaron su hogar y cada uno aportó su toque especial al mismo. Se querían, tenían trabajo y salud, sólo les faltaba algo para completar su felicidad y era un hijo.

Ambos sintieron la necesidad de ser padres y por sobre todo las ganas de serlo y como sabido es que si uno desea algo con todo el corazón, ese algo sucede, en poco tiempo esta pareja tan despareja supo que un bebé venia en camino.

La noticia no sólo alegró a los futuros padres, sino a la familia entera. A partir de que todos supieron que un bebé venía en camino, no existió otro tema más que ése.

-¿Tendrá las pecas de la madre?-se preguntaba la tía gorda.

-¿Necesitará usar lentes como el padre?-se inquietó la tía flaca.

-¿A cuál de los dos se parecerá?-preguntó el abuelo de Alvaro.

-Presiento que tendrá algo de cada uno-dijo la abuela de Julieta y no se equivocó.

Continuará…

Todos los derechos reservados por Liana Castello

MARCOS CUADROS, de vocación pintor es uno de los cuentos infantiles para pensar de la escritora Liana Castello. Cuento para niños a partir de nueve años.

Imprimir Imprimir

Comentarios