Santa María, madre de Dios

rosario

Santa María, madre de Dios es uno de los cuentos de misterio de la escritora Raquel Eugenia Roldán de la Fuente sugerido para adolescentes, jóvenes y adultos.

Mi bisabuela se llamaba Casimira, pero no le gustaba que le dijeran abuela y menos bisabuela, así que sus nietos y biznietos la llamábamos “mamá Casi”. Ella murió cuando yo tenía once años, y la recuerdo bien. No obstante, no fue ella quien me habló de lo perceptiva que era, eso me lo han contado después, como por ejemplo esta historia.

Estaba mamá Casi cierta tarde rezando el rosario sola, como acostumbraba. Lo rezaba en voz alta; ella decía que porque estaba casi sorda y a mí eso me parecía gracioso, si estaba casi sorda de poco servía que rezara en voz alta, digo yo, a menos que gritara. Además, cuando se reza lo mismo da oír o no oír.

En cierto momento, al terminar la primera parte del ave María, “bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”, e ir a contestar ella misma la segunda parte, alguien rezó con ella: “Santa María, madre de Dios”. Volteó para todas partes y no vio a nadie. “Amén”, concluyó la oración esa otra voz, junto con ella. Pensó que su imaginación o su media sordera le estaban jugando una mala pasada, pero no las dejaría interferir con su devoción, así que hizo correr una cuenta de su rosario y continuó rezando.

Una segunda vez ocurrió lo mismo; al terminar la primera parte, oyó otra vez la voz, muy cerca de ella, rezando: “Santa María, Madre de Dios…” Ya extrañada, o intrigada, pero todavía pensando que era su imaginación, al terminar por tercera vez la primera parte de la oración, con todo propósito se quedó callada y… “Santa María, madre de Dios…”, continuó la voz. Dicen quienes me lo contaron que la voz no era espantable, no parecía venir de ultratumba ni nada por el estilo.

Si la hubiera escuchado un poco lejana podría haber pensado que alguien le estaba gastando una broma, escondido afuera de su recámara, detrás de la puerta, o junto al ropero. Pero la escuchó clarita, nítida, como si quien rezaba estuviera justo junto a ella, y eso que estaba casi sorda…

Estaba tan cerca que a pesar de su sordera, además, tendría que haber reconocido la voz. Pero no había nadie; por las dudas se levantó y se fue a asomar junto al ropero y detrás de la puerta, y no había nadie. Yo me habría muerto del susto, pero ella sólo se salió rápidamente de ahí, no esperó a que la voz o ánima en pena, lo que fuera, terminase de rezar el rosario con ella. Salió corriendo de ahí y hasta se olvidó de continuar su oración.

Pero mamá Casi era tan buena gente que se arrepintió de haber hecho eso: tal vez era un alma en pena que quisiera purgar sus culpas y por eso quiso unirse a su oración, y ella no se lo permitió…

* * * * *

En esa misma casa, muchos años después, había una viejita sentada en la sala, una viejita que en realidad no estaba ahí. Nadie pudo saber quién era, pues mi tío, que la habría podido reconocer si fuera de la familia, la podía mirar sólo de reojo; él se sentaba en un sillón, y ella estaba sentada en el sillón de junto. Pero si él volteaba a verla de frente, ella desaparecía, así que pensó que podía ser su imaginación. Pero su hija la vio también un par de veces: al bajar la escalera frente a la sala con un amiguito suyo, jugando y corriendo, estaba la viejita sentada y les hizo la seña de que se acercaran.

Ambos niños, las dos veces, se alejaron corriendo de ahí. La descripción que hizo mi prima no corresponde a mi bisabuela ni a una de mis tías abuelas, pero podría ser de mi otra tía abuela.

Eran las únicas tres mujeres que habían muerto en esa casa. ¿Quién era la viejita de la sala? Tal vez era mi tía abuela que pasó ahí muchos y solitarios años de su vida, e incluso en esa sala y en esa escalera, en la recámara y entre todas las paredes de la casa, dejó casi toda su lucidez.

Pero, tal vez, fue una anciana que pasó por ahí mucho tiempo antes, o que se fue de este mundo en algún otro lugar del mundo y con muchos pecados a cuestas, a quien mamá Casi oyó rezar con ella y sigue esperando ahí alguien con quien rezar para dejar, por fin, de ser un ánima en pena.

Fin

Santa María, madre de Dios es uno de los cuentos de misterio de la escritora Raquel Eugenia Roldán de la Fuente sugerido para adolescentes, jóvenes y adultos.

De la serie “Sueños, voces y otros fantasmas”

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