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La casa del misterio « Pasaron años de esta historia y todo el que pasa por la gran casona… jura no volver a pasar por allí.

Por José Jair Nieto González. Historias cortas de fantasmas.

En un tranquilo pueblo, una familia de buen pasar, con su casa en el centro y la finca en las afueras, escondía un oscuro secreto. El padre, respetado abogado, y la madre, profesora de bachillerato, vivían con sus dos hijos, Martin y Sorelly. La tragedia estalló cuando la joven confesó a su madre una serie de inexplicables sucesos nocturnos. La investigación familiar llevó a la instalación de una cámara en el cuarto de la niña, revelando imágenes escalofriantes.

Entre discusiones y rumores de duendes, la policía intervino, desatando una serie de eventos sobrenaturales que transformaron la casa en un lugar maldito, donde los susurros del pasado resonaban entre ruinas y desolación. ¿Qué oscuro secreto alberga «La Casa del Misterio«? Descúbrelo en este cuento del escritor Jair Nieto, entre susurros de añoranza y ruinas olvidadas.

La casa del misterio

La casa del misterio - Cuento de fantasmas

Una familia de buen pasar como se decía en ese entonces, tenían casa en el pueblo y una finca en las afueras, donde pasaban casi siempre.

El padre era abogado y la madre profesora en el colegio de bachillerato. Tenían dos hijos, Martin de 16 años y Sorelly de 13 años. Un día la niña le contó a la mamá, que cuando estaba en la finca, su padre en las noches se pasaba a su cama y que la apretaba tan duro, que ella tenía moretones y picaduras.

¿Cómo así? -dijo la madre- ¿Por qué no me habías contado? Aclararemos esto -dijo-.

Llegado su esposo lo encaró, le dijo lo que la niña le había contado y muy indignada expresó que eso no lo soportaba. El esposo negó los cargos y llamaron a la niña, quién se mantuvo en la raya, que ella decía la verdad. La profesora llamó a su mamá y a algunos amigos y les refirió la historia. Todos quedaron estupefactos y uno de ellos dijo:

No me quiero meter en esto ni quiero defender a tu marido, pero me niego a creerlo. Aquí tiene que haber otra explicación. ¿Pero cuál?

Otra profesora que también conoció el caso le dijo:

Fabiola ¿Él se levanta de noche y tú no lo notas o qué?

No, No… Jamás lo he visto levantarse como no sea al baño.

Revisa la niña a ver qué es lo que le pasa -le dijo la colega.

Así lo hizo y unos moretones más una extraña picadura de algún animal en la yugular, la dejó extrañada, eso no era de un humano.

En medio del disgusto familiar consultaron al médico del poblado, quién manifestó extrañeza por todo esto. La colega que había sugerido la revisión de la niña y posterior revisión médica, sugirió:

No creo en vampiros en esta época, pero instalar una cámara en el cuarto de la niña es fácil y poco costoso, y así salimos de dudas.

Así lo hicieron. Pasada una semana al revisar la cámara sintieron un frio gélido que les recorrió de pies a cabezas. La imagen era borrosa y no se veía quien se le acercaba a la niña y la descobijaba. Unos decían que era un pájaro, otros enredaron todo diciendo que era un pterodáctilo, animal por cierto extinguido hace muchos años.

Martín su hermano dijo:

Es un anciano, miren lo encorvado que camina y tiene una nariz aguileña.

¿Cómo así? -pegaron el brinco-, en la casa no hay ancianos.

Eso sí -dijo la madre-, mi esposo no es, pues su estatura es más alta y gacho tampoco.

Se enredaron en discusiones bizantinas que no llegaban a nada.

Cambiaron la niña de cuarto y su padre y hermano la vigilaban. Fue entonces cuando un vecino borracho y trasnochador salió con el cuento de que había visto un duende en el techo de la casa.
¡Para creerle a un borracho!

El rumor se regó por el pueblo y llegó a la policía que destacó un agente secreto para que rondara la casa y buscara la verdad, pues el esposo de la profe, padre de la niña, abogado conocido por todos, estaba quedando muy mal parado.

El pesquisa, fiel a sus conocimientos, encaró el caso con seriedad, miró las imágenes de la cámara y se dedicó a seguir a un señor que vivía, en la salida del pueblo, a varias cuadras de la casa de los hechos. Consiguió con el juez una orden de allanamiento y de captura. Con dos agentes uniformados visitó la casa del señor y cuál no sería su sorpresa al ver la indignación de su familia, pues estaban de luto, ya que la persona a la que se refería el detective llevaba un mes de muerto.

Los policías avergonzados no se atrevían a pronunciar palabra, pero el agente secreto no se tragó el cuento.

Solicitó una orden de exhumación y manejando todo con el más grande sigilo, llegaron al cementerio y procedieron a abrir la tumba cavada en la tierra; un viejo enterrador acostumbrado a todo y quien no temía a vivos y mucho menos a muertos, fue el encargado de destapar el ataúd y salió una tremenda polvareda y encontraron el cuerpo desnudo, pero el pelo y las uñas le habían crecido. Todos miraban estupefactos el resto del cadáver, huesos, osamenta vieja, parecía tener varios años de muerto.

Llevaron un forense que no aclaró nada, y cuando trajeron al viejo cura con un acolito tullido de miedo. Ya era tarde, caía la noche y empezó a relampaguear, cuando llegaron a la tumba; los policías asustados desenfundaron los revólveres aunque no sabían para qué.

El cura esparció incienso y agua bendita y en seguida volvieron a enterrarlo. La energía eléctrica se fue a causa de un apagón. La lluvia empezó a caer y cada vez arreciaba más.

Al otro día el pequeño pueblo era un gran infierno; satanás se había venido a vivir allí; la profe y su esposo hicieron un exorcismo en su casa de campo y después de eso la abandonaron.

Han pasado años de esta historia y todo el que pasa por la gran casona lo hace por el frente, se santigua varias veces y jura no volver a pasar por allí. Alguna caminante pregunta de ¿quién es?

De una profesora y su esposo -le responden-.

El viento silba nostalgias y al pasar por los grandes corredores trae un aroma de viejas glorias pasadas; sus grandes paredes derruidas, si de nuevo cobraran vida contarían esa escalofriante historia. Solo quedan las ruinas enrejadas con alambre de púas, pero nadie la cruza, pues quién se va a atrever a hacerlo. sus techos caídos, sus hermosos corredores, puertas y ventanas desvencijadas, todo era ruina y tristeza añoranzas, de un lujoso pasado que cada vez parecia más lejano.

Fin.

La casa del misterio es un cuento del escritor José Jair Nieto González © Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin la expresa autorización de su autor.

Sobre José Jair Nieto González

José Jair Nieto González - Escritor

José Jair Nieto González nació el 15 de marzo de 1947 en Armenia, en el departamento de Quindío en Colombia. Jair estudió en Sevilla y Cali, ambos del departamento de Valle del Cauca.

Es tecnólogo del Sena Colombiano y trabajó 35 años en una empresa privada. Actualmente es pensionado.

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