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Aventura peligrosa ⊙ «El justiciero» es un espanto que juró que castigaría a los hombres que frecuentaran mujeres ajenas.

Por Alberto Suárez Villamizar. Hisotrias de fantasmas para jóvenes.

Adéntrate en las sombras de la noche en «Aventura Peligrosa«, un cuento del escritor Alberto Suárez Villamizar que te transportará a un mundo de misterio y peligro. Carlos, un hombre atrapado en una pasión prohibida, se encuentra inesperadamente en una encrucijada mortal.

Cuando sus secretas escapadas amorosas toman un giro oscuro y aterrador, la línea entre la realidad y la leyenda se difumina. Con la oscuridad como aliada y la amenaza del «justiciero» en el aire, la tensión se acumula a medida que Carlos lucha por escapar de las garras del miedo y la condena. La lucha interna del desdichado hombre, la atmósfera opresiva y la inminencia de la tormenta se combinan para crear un relato cautivador que te mantendrá en vilo hasta su sorprendente conclusión. ¿Qué destino aguarda a Carlos en medio de la oscuridad y la superstición?

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Aventura peligrosa

Con el resplandor de la luna que por instantes atravesó las negras nubes, que anunciaban la proximidad de un torrencial aguacero, pudo vislumbrar la figura que lo paralizó al instante: un hombre de apariencia robusta, blandiendo en su mano derecha una daga, mientras en la izquierda portaba una antorcha, con la cual trataba de orientarse en la oscuridad, como si estuviera buscando algo.

La oscuridad de la noche le ayudaba a mantenerse oculto del extraño ser, que a esa hora salía del camposanto del pueblo, observó detenidamente como dirigía su mirada en todas direcciones, como queriendo localizar el origen de algún ruido, o una sombra que había llamado su atención.

Presa de espanto Carlos detuvo sus pasos y se apoyó detrás del tronco de un frondoso sauce que se mecía con el viento, y conteniendo la respiración trató de mantener la calma, sentía el palpitar acelerado de su corazón, que parecía salirse de su pecho. Ahora estaba sólo en el lugar, y temía por su vida.

—«Debí esperar unas horas más y salir más tarde» —pensó —, «pero corría el riesgo de ser descubierto por el marido de Manuela, que podía regresar a su casa cualquier momento, y estaría en peligro, pues según dice ella, siempre porta en su cintura un arma de fuego. No debí cruzar por este bosque, pero de no hacerlo, tenía que atravesar por la calle de «los almendros», y podía ser descubierto por alguno de los vecinos de Manuela, que creo que sospechan de nuestra aventura, aunque siempre entro por la puerta del solar de su casa cuando hago mis visitas en la noche, pues la calle es más solitaria y permanece a oscuras, cuando la gente del pueblo duerme» —se decía.

Sentía el temblor de sus manos, y un sudor frio que recorría su espalda. En ese momento recordó la historia que le habían contado cuando llegó al pueblo, y que él consideró como «habladurías» de personas acostumbradas a una vida de rutina y cualquier suceso lo convierten en tema de conversación, exagerando muchas veces lo ocurrido.

No le prestó atención, pues consideraba que él era un hombre de mundo, pero ahora vino a su mente el relato de los viejos del pueblo que decían haber conocido su final trágico:

«El justiciero» es un espanto que aparece en las noches de martes trece cerca del cementerio del pueblo, donde reposan sus restos desde hace muchos años, tras quitarse la vida colgándose de un árbol una noche de frio invierno, después de dar muerte a su esposa, de quien vivía profundamente enamorado; y al hombre que le robaba su amor; al sorprenderlos por aquel solitario paraje dando rienda suelta a su traición. En una nota escrita de su puño y letra encontrada en su pantalón, juró que en adelante castigaría a los hombres que frecuentaran mujeres ajenas.

Hoy era martes trece, y Carlos no recordó la historia, y llevado por la lujuria que en él despertaba esa hermosa mujer de ojos verdes, no pensó el riesgo que podía correr. La había conocido al poco tiempo de llegar al pueblo, y su amistad poco a poco se convirtió en furtivas visitas nocturnas, aprovechando la ausencia del marido, para vivir una relación clandestina.

El miedo causado por la extraña aparición, lo llevó a prometer dar por terminada esa aventura que lo hacía exponerse demasiado. El espanto continuaba oteando hacia los árboles del bosque cercano, donde él sin hacer el más leve movimiento trataba de ocultarse.

— «¿Habrá notado mi presencia? o, ¿será sólo mi impresión?» —se decía visiblemente nervioso.

Presa de terror trató varias veces de recitar las oraciones que su madre le había enseñado en la niñez, para pedir protección ante cualquier clase de peligro. De repente un rayo iluminó el entorno iniciando la tormenta que desde temprano se veía llegar, al mismo tiempo que producía el corte de la energía eléctrica, quedando el pueblo sumido en la oscuridad.

Asustado por el estruendo, y temiendo haber sido descubierto, emprendió una veloz carrera en medio de la fuerte lluvia para alejarse del lugar y refugiarse en su habitación, que se encontraba a pocas cuadras.

Aventura peligrosa - Cuento sobre "El justiciero"

Al llegar a la casa estaba exhausto por el esfuerzo realizado, pero, se sentía protegido y a salvo del peligro. Se desvistió, cerró las ventanas y colocó doble seguro a la puerta. Se cubrió con las mantas, y se dispuso a dormir sin dejar de pensar el peligro en que se encontraba si el «justiciero» descubría su escondite, pues en su carrera creyó escuchar unos pasos que le seguían.

Ahora que por el momento sentía haber salido bien librado de ese trance prometió con mucho fervor a las «ánimas benditas», terminar con ese «romance» que ponía en peligro su vida, pues ahora comprobaba que la historia del espanto era real.

Se hallaba sumido en esos pensamientos, cuando sintió un ruido que lo hizo saltar de la cama y tomar la tranca con que acostumbraba a asegurar por dentro, la pesada puerta de la habitación. Estaba decidido a defenderse del ataque del «justiciero», a quien seguramente correspondían los pasos que sintió en su escapatoria a través de las solitarias calles.

Permaneció en silencio. Agudizó el oído y esperó. Instantes después pudo escuchar un ronroneo que demostraba que el ruido había sido producido por «Misifu», el gato de la dueña de la casa que regresaba de sus aventuras nocturnas, y en su veloz entrada tropezó con el jarrón de porcelana china que adornaba la mesa del corredor, frente a la ventana de su habitación, que cayó al piso haciéndose añicos.

Exhaló profundamente, mientras se santiguaba con su mano temblorosa.

Fin.

Aventura peligrosa es un cuento del escritor Alberto Suárez Villamizar © Todos los derechos reservados.

Sobre Alberto Suárez Villamizar

Alberto Suárez Villamizar - Escritor

Alberto Suárez Villamizar nació el 27 de enero de 1958 en la ciudad de Bucaramanga, departamento de Santander, Colombia. Cursó sus estudios de enseñanza básica media hasta finalizar en 1976, en Bucaramanga. Actualmente trabaja con empresas de ingeniería civil que se dedican a la construcción y mejoramiento de vías.

“Escribo por Hobby, y mi mayor satisfacción es que mis escritos lleguen a todas aquellas personas amantes de la lectura”.

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