La bicicleta y el desafío

La bicicleta y el desafío

La bicicleta y el desafío

La bicicleta y el desafío. Cuentos cortos infantiles

Tenía once años y lo que mas quería en el mundo, era andar en bicicleta, cosa que me estaba totalmente prohibido porque eso, era solo para los varones.

Mi papá tenía una bicicleta inglesa para hombres y a mí me quedaba muy grande, pero igual no la podía mirar ni de lejos.

El domingos era el día mas lindo de la semana porque íbamos de visita a la casa de mi tío José y el tenía una bicicleta igualita a la de mi papá.

Cuando todos los grandes estaban muy entretenidos, mi prima y yo, le robábamos la bicicleta a mi tío y nos íbamos a la vuelta para ver que podíamos hacer.

El corazón latía a mil, la bicicleta era muy, pero muy alta y yo aprovechando que la naturaleza no había sido generosa con mi estatura metía el cuerpo por debajo del caño.

Al principio trataba de mantener parada la bicicleta caminando con los dos pies para hacer equilibrio y después subir a un pedal con un pie mientras arrastraba el otro por la tierra, porque por supuesto la calle era de tierra y bastante poceada.

¡Del dolor ni que hablar! pero lo mío era andar en bicicleta como fuera. Lo peor era que cuando estaba en lo mejor, llegaba lo peor…..dejar la bici en su lugar para que no se dieran cuenta y llegaran las palizas.

Venía la semana y esperaba el domingo como nada en la vida. y así fue como domingo tras domingo insistí hasta que logré subir a los dos pedales y mantener el equilibrio. ¡no lo podía creer podía andar sin caerme!, pero por supuesto siempre por debajo del caño….y mi prima que se llamaba Franca igual que yo, corriendo al lado mío.

Mi escasa estatura me jugó a favor, y así continué practicando hasta que un buen día me dí cuenta que tenía suficiente coraje como para pasar la pierna izquierda por sobre el caño y apoyar el pie sobre el pedal, el tema era que al ser tan alta la bicicleta no me quedaba otra alternativa que usar el caño como asiento.

¡Qué dolor y que alegría!…….¡logré andar en bicicleta!, el desafío se había cumplido pero ¡creo que mi niñez quedó plasmada en ese caño!

Mis padres a los quince años me regalaron “mi bicicleta”, una Aurorita plegable preciosa.

Contar mi emoción sería imposible y hoy que tengo sesenta y cuatro años, con una moderna bicicleta, regalo de mi esposo, me siento un pájaro en libertad cuando salgo a pasear con ella.

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Fin

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