El gallo Cirilo y la gallina Marina

GALLO ANIMADO

El gallo Cirilo y la gallina Marina

El gallo Cirilo y la gallina Marina. Cuento infantil de gallos y gallinas sugerido para niños a partir de seis años.

Aquella mañana el gallo Cirilo no pudo cantar.
Lo intentó una vez.
Lo intentó dos.
Hasta tres y cuatro veces probó
Pero de su pico nada salió.
¡El pobre Cirilo estaba ronco, casi sin voz!

-¡Ayayayayay! -pensó Cirilo- ¿Qué voy a hacer ahora? ¡Ayayayay! Si no canto nadie se despertará.
Cirilo, subido en lo más alto del gallinero, pensó y meditó.

-Igual si doy palmas,,,

Y Cirilo dio una palmada:
¡CLAP!
Y luego dio dos:
¡CLAP! ¡CLAP!
Y hasta con tres probó:
¡CLAP! ¡CLAP! ¡CLAP!

Siguió con cuatro, con cinco, con seis, con siete y así hasta diez y mucho más…

Pero nadie se enteró.

Cirilo, en lo alto del gallinero, volvió a pensar y a meditar.

-Igual si doy golpes con el pico…

Y Cirilo dio un golpe con el pico:
¡TOC!
Y luego dio dos:
¡TOC! ¡TOC!
Y hasta con tres probó:
¡TOC! ¡TOC! ¡TOC!
Siguió con cuatro, con cinco, con seis, con siete y así hasta diez y mucho más…
Pero nadie despertó.

-¡Ayayayayay! -pensó Cirilo- ¿Qué voy a hacer ahora? ¡Ayayayay! Si no canto nadie se despertará.

Y Cirilo, preocupado, siguió pensando sentado en lo más alto del gallinero.
La gallina Marina, que también madruga, al verlo tan preocupado le quiso ofrecer su ayuda.
Despacito, con cuidado, subió Marina a lo más alto del gallinero.
Se sentó junto a Cirilo y, después de colocarse las plumas, habló:

-Si tú no puedes cantar, lo haré yo.

-¿Tú? -dijo Cirilo muy, muy bajito- ¡Si no puedes cantar!

-Bueno, lo puedo intentar.

-¡No sabes decir Kikirikí! -Cirilo gruñó.

-Pues diré Cocorocó -Martina insistió.

-¡Pero eres una gallina! -dijo Cirilo para acabar.

-¿Y eso qué más da? -respondió Marina sin dejarse asustar.

Cirilo, en lo alto del gallinero, volvió a pensar.
El tiempo pasaba.
El sol estaba a punto de llegar.
En la granja dormían y nadie los iba a despertar.

-Vale -dijo Cirilo-. Está bien. Si no queda más remedio, lo tendremos que intentar.

Y Marina la gallina, muy ufana y muy contenta, se puso en pie, arregló sus plumas, colocó su cresta, se estiró muy estirada, agitó sus alas y cantó con todas sus fuerzas:

-¡COCOROCÓOOO! ¡COCOROCÓOOO!

Poco a poco, toda la granja despertó: el cerdo, la vaca, el perro, la oveja, el caballo y hasta el granjero, que era un poco dormilón.

El gallo Cirilo nombró a la gallina Marina gallo honorario. Y, desde entonces, cada vez que Cirilo se pone enfermo, o se va de vacaciones, Marina sube a lo más alto del gallinero, se arregla las plumas, se coloca la cresta, se estira muy estirada y canta con todas sus fuerzas:

-¡COCOROCÓOOO! ¡COCOROCÓOOO!

Fin

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