La discriminación “Si tu juzgas a la gente no tienes tiempo de amarla”

Tema de la semana: Discriminación. “Si tu juzgas a la gente no tienes tiempo de amarla” Madre Teresa de Calcula Más allá de ser mucho más justo y productivo emplear nuestro tiempo en amar a los que nos rodean en vez de juzgarlos ¿quién es cada uno de nosotros para hacerlo? Dios no ha hecho […]

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Tema de la semana: Discriminación.

“Si tu juzgas a la gente no tienes tiempo de amarla”
Madre Teresa de Calcula

Más allá de ser mucho más justo y productivo emplear nuestro tiempo en amar a los que nos rodean en vez de juzgarlos ¿quién es cada uno de nosotros para hacerlo?
Dios no ha hecho a todos iguales, no importa qué color de piel tengamos, ni de qué país seamos oriundos, cuánto pesemos, etc., por dentro, como hombres, somos todos iguales a sus ojos. Entonces, si para Dios somos todos iguales ¿por qué será que no podemos verlo de esa manera? Será que no miramos el interior del otro, sino lo externo, cómo habla, cómo luce, si puede o no caminar, ver, por citar algunos ejemplos.

Según el diccionario de la Real Academia Española la palabra discriminar significa: “Seleccionar excluyendo” y “Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.”.

Sabemos que son muchos más los factores por los cuales se discrimina que los que define el diccionario, la gama es amplia por desgracia,  Veamos otros motivos que, nos indica el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo):
 
- Personas mayores
- Discapacidad
- Diversidad ideológica, sexual o religiosa
- Inmigrantes y refugiados
- Personas en situación de encierro y liberadas
- Ex soldados combatientes de Malvinas
- VIH – SIDA
- Personas en situación de pobreza
- Pueblos originarios

Cuando uno ve este tipo de datos que parecen “impersonales” o estadísticas, suele pensar que se está muy lejos de ser parte de ellas, sin embargo y tal vez sin darnos cuenta, estemos dentro de las personas que discriminan.

Sería muy bueno, no sólo por nosotros, sino por nuestros hijos, ponernos a pensar cuál es nuestra actitud frente a la multitud de personas y sus características propias ¿No habrá en ese listado que hemos visto alguna persona que pertenezca a ese grupo y a la que no hayamos hecho sentir bien?

Este año el INADI presentó una campaña gráfica contra la discriminación en el lenguaje. No olvidemos la importancia fundamental del lenguaje a la hora, no sólo de comunicarnos, sino de expresar nuestros sentimientos hacia el otro.

Muchos recordarán los afiches con los cuales se empapeló la ciudad y las frases que estaban escritas en ellos. Si no es el caso,  se los se los recuerdo

“Y qué querés, son bolitas…”, “¡Gordo, al arco!”, “Es un negro villero”, “¡Dale, mogólica!”, “¡No llores, maricón!”, “¡Andá a lavar los platos!”, finalizadas por la leyenda “No discrimines”

Las frases expresan sexismo, xenofobia, racismo, homofobia y tienen que ver con las causas de discriminación más extendidas en la Argentina: por aspecto físico, por lugar de residencia, por nivel socioeconómico, por género, por diversidad sexual, entre otras (INADI),

Pensemos con una mano en el corazón: ¿no habremos dicho más de una vez alguna de estas frases? ¿o alguna parecida, pero con idéntico significado?
Muchas veces decimos cosas sin pensar, sin querer, pero que pueden herir al otro. Creo, sinceramente,  que muchos de los conflictos entre los seres humanos, se podrían solucionar tratando de ponerse en el lugar del otro, imaginar cómo puede sentirse.

De todos modos y antes tal vez de pensar cómo se sentirá el otro con determinada actitud nuestra, sería mejor pensar quiénes somos nosotros y qué derecho tenemos de tomar esa actitud. Primero debemos mirarnos por dentro y si lo hacemos en forma realmente profunda y sincera, veremos que no somos diferente a nadie, que nos asemejamos a todos y no importa qué característica tengan los otros y cuáles sean las nuestras. Partiendo de esa premisa, no hay discriminación posible.

Lamentablemente, la discriminación sigue siendo moneda corriente en este mundo. Para que esta moneda, que ningún valor posee, comience a escasear hasta desaparecer por completo, debemos empezar a no usarla nosotros.
También y fundamentalmente debemos enseñarle a nuestros hijos, no sólo a no discriminar, a entender que todos somos iguales en nuestra esencia, sino además a que no se acostumbren a convivir con esto.

Hay muchas maneras de frenar algo que no es bueno, ni justo, ni sano. Una es no hacerlo, otra es no permitirlo y otra es denunciarlo. Todo ciudadano tiene derecho a no ser discriminado, hagamos valer nuestros derechos y si vemos que no se cumplen, denunciémoslo. Tenemos donde, hay quien nos escucha. Hay mucha gente que lucha para cambiar las cosas, pongámonos del lado de estas personas, pasémonos a la vereda de los que hacen algo por cambiar la realidad que tenemos a una más justa y feliz para todos.

Denuncias INADI: 0800-999-2345 (las 24 hs de todos los días)


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