Adiós al colegio

Adiós al colegio

Adiós al colegio

¡Riiiiin ..!… ¡ riiiin..!….¡ riiiin..!

12:45 p.m : Fin de la jornada

Tuvimos una reunión de despedida de compañeros, hoy finalizamos la educación secundaria. Abandoné el salón lentamente y en silencio, detrás de mis compañeros en busca de la salida, que se encuentra a unos 400 metros de distancia caminando por senderos peatonales y amplias zonas verdes.

Miré los jardines y aspiré el aroma de sus flores, di una mirada a las aulas donde recibí clases, el gimnasio, la biblioteca, la cafetería: queriendo gravar para siempre estas imágenes del Colegio al cual hoy digo adiós. Pasé en él los últimos seis años de mi vida aquí, vine terminando mi niñez y me voy empezando a ser mayor. Las lágrimas nublaron mis pupilas y los recuerdos cabalgaron en mi mente………….

– ¡Niñas, basta ya! ¡No molesten más a ese niño! – Decía María T. a sus compañeras.

Se convirtió en mi ángel guardián, me defendía del asedio y las burlas de algunas de mis compañeras, las cuales al notar mi timidez me hacían pasar malos ratos. Los primeros meses la tuve a mi lado siempre lista a ayudarme y evitarme ser molestado. Pero un día María T. no volvió a clases, nunca supe más de ella. ¿Qué pasó contigo María T.?.

– Para mí, lo mejor es dejar el colegio – decía a la psicóloga, en quien busqué ayuda para que me cambiara de grupo, y así alejarme de aquellas compañeras que me hacían sentir mal.

– No joven – decía ella -, todos los grupos son mixtos, y debes adaptarte a la realidad.

-Pero doctora- Le insistía – yo vengo de estudiar solamente con varones, y no estoy acostumbrado a compartir con niñas.

-En la vida – replicaba ella- siempre tendremos que compartir con personas de otro sexo, tanto en el estudio, el trabajo, la comunidad, etcétera. Debes superar la timidez y enfrentar la realidad. ¡No te dejes amilanar, ánimo!

Finalmente continué….

-¡Señores estudiantes!- decía la voz del rector- en esta ceremonia queremos destacar los logros deportivos de nuestros representantes en los torneos inter-colegiados.

Haremos entrega de los trofeos y medallas obtenidos por nuestros alumnos…….etcetera, etcetera.

¡Qué emoción!…escuchar mi nombre y subir a la tarima a recibir la medalla o el diploma ganado, de manos de los directivos del plantel, y escuchar la felicitación y el aplauso de mis compañeros que se convocaban para estos actos. Era sentir el corazón salirse del pecho, erizarse la piel….¡Como nos cambia la vida!….Era un triunfador………

En el grado once estamos cerca de ser mayores de edad y miramos la vida con otros ojos, tenemos otros intereses. Ahora nos fijamos en las compañeras, en las profesoras,….¡en las profesoras!

Competíamos por llamar la atención de nuestra maestra de física. Una mujer bastante simpática que hacia palpitar fuertemente nuestros corazones….. Por esos días se acercaba el día de su cumpleaños y entre varios compañeros – Guillermo, Mario Fernando y yo-, acordamos llevarle una serenata en ese día. Mario era un gran músico y tocaba muy bien la organeta, y sería el intérprete de la música.

– No está bien lo que va a hacer Mario – Me dijo Fernando el día anterior a la serenata. El quiere salir ganando: como es el músico se ganará la admiración de la profe, y ¿Nosotros qué?.

– Es cierto Fernando, pero, ¿Qué haremos?

– Compraremos un ramo de flores y usted lo entregará – respondió.

-Pero Mario se dará cuenta. – le increpé yo.

– Yo llevaré el automóvil de mi padre y allí esconderemos el ramo. Llegado el momento usted lo tomará y lo entregará. Seguro usted será el ganador.

Así fue….. interpretaba Mario la segunda canción del repertorio que había preparado, cuando la profesora Luz – la homenajeada- abrió la puerta de su casa y salió para dar las gracias Yo me adelanté, le entregué el arreglo floral le di un abrazo y un beso de felicitación, a los cuales ella correspondió emocionada….

Jamás olvidaré el desconcierto de Mario. Por unos días fui como un príncipe para la profe Luz…..

¡Apúrese joven necesito cerrar! -era la voz del Sr. Olave – el portero del colegio- , quien había estado allí a la entrada y salida de clases durante los últimos seis años.

Avance unos pasos más y salí. Tras de mí se cerró la puerta, volví a echar la última mirada, y yo también cerré con doble seguro el baúl de mis recuerdos.

Fin

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