El arte de estimular la lectura y la creatividad de los niños

El arte de estimular la lectura y la creatividad de los niños.

El arte de estimular la lectura y la creatividad de los niños.

Bajo el cielo azul y el sol ardiente, rodeados del verdor del monte o de la selva, hombres y mujeres de piel cobriza, realizan sus labores habituales, ellas preparan los alimentos, ellos cultivan la tierra, esculpen la piedra erigen templos en forma de pirámides. Los niños asisten al cuicacalli, en donde se cultivan las bellas artes.

Ahí los maestros transmitían el espíritu de la cultura humana en la música, el canto, la poesía, las letras. Con sentimiento los alumnos repetían las palabras de sus poetas, palabras sabias que aun hoy nos estremecen.

 

Amistad en la tierra

¡Que haya ahora amigos aquí!

Es tiempo de conocer nuestros rostros.

Tan sólo con flores

se elevará nuestro canto.

Nos habremos ido a su casa,

pero nuestra palabra

vivirá aquí en la tierra.

Iremos dejando

nuestra pena: nuestro canto.

Por eso será conocido,

resultará verdadero el canto.

Nos habremos ido a su casa,

pero nuestra palabra

vivirá aquí en la tierra.

 

En esos pueblos, cientos de años antes del encuentro de las culturas que vinieron del otro lado del mar, en el mundo náhuatl, con su influencia en la mayor parte de Mesoamérica, existía ya una intención educativa que se vivía en las casas y se transmitía en las escuelas. La Tlaca huapa hualiztli, que significa crianza o educación, deja ver que entre los nahuas existía lo que se conoce ahora como el arte de educar.

Esta intención educativa buscaba, en la expresión del mundo náhuatl, dar sabiduría al rostro, hacer que la persona tuviera un rostro.

Los hombres sabios no solamente transmitían conocimientos sino el espíritu que llegaba de manera oral, vivo, de familia en familia. Los sabios, eran los directores de esta intención educativa; hacer que los hombres tuvieran cara y corazón. No era suficiente con impartir conocimientos, había que dar a la persona cara con que presentarse y formar el corazón, es decir dar integridad a la persona. Hacerlo el dueño de su rostro y de su corazón, tener dominio de sí mismo, ser dueño de su mirada, de sus expresiones faciales.

Una segunda etapa en el proceso de la Tlaca huapa hualiztli, se iniciaba con el ingreso del niño a los centros de educación, que hoy llamaríamos públicos. A los quince años los jóvenes nahuas podían entrar al telpochcalli (casa de jóvenes) o al Calmécac, escuela de tipo superior en donde se educaban los nobles y los futuros sacerdotes.

Los nahuas daban gran importancia al hecho de que ingresando en cualquiera de las escuelas, se incorporaba al niño o al joven a las formas de vida y cultura de la comunidad.

Cuando los padres entregaban a sus hijos a los maestros decían: – hijo aquí estamos tu madre y tu padre que te hemos engendrado, pero aquí están tus verdaderos padres y tus verdaderas madres que te han de abrir los ojos y los oídos y te enseñarán las cosas de nuestro señor.

Una forma de educación integral aplicada ya desde hace 9, 10, 11 siglos.

Durante estos siglos y después de la llegada de los españoles esta intención de cultivar las bellas artes y educar integralmente a las nuevas generaciones, continuó. El espíritu de entrega absoluta predominó en el maestro, había congruencia entre padres y maestros. Había entrega deliberada consciente de mi paternidad a ti maestro; recepción consciente de ti maestro de la paternidad mía que ahora es tuya.

Pero vinieron los cambios, se perdió la congruencia de padres y maestros. Unos cuantos tomaron en sus manos la educación, impusieron leyes y programas que fueron matando el espíritu de dar, enseñar, transmitir conocimientos. Dar rostro y corazón a los educandos, dar integridad a las personas.

La educación ha perdido el humanismo en el laberinto de la técnica, se ha despersonalizado, en una educación masificada, sin valores éticos, fría, sin corazón, que ha dado por resultado, en incontables ocasiones, analfabetismo funcional.

¿Y cómo rescatar ese espíritu?

Todos básicamente somos educadores, el mundo en el que vivimos no es el mismo de los sabios del Calmécac o el cuicacalli, hoy día nuestros hijos, nuestros alumnos no se asombran al ver una estrella fugaz, ni un eclipse de luna o de sol. Este poder de asombro se ha perdido. Los niños de hoy poco han heredado de sus ancestros o poco han querido tomar de ellos.

¿Y los padres de hoy, y los maestros de hoy…?

Sin embargo no son pocos los que han querido construir su propio cuicacalli y, con el espíritu de los sabios nahuas y de tantos otros que nos antecedieron, luchar por educar, por formar personalidades.

Y aquí estamos en vísperas del siglo XXI llenos de anhelos, ilusiones y deseos de pulir y acrecentar el trozo de cristal que junto con otros forman el calidoscopio del hombre íntegro.

El cristal ámbar de las letras y su lectura. El libro, que recoge la antigua sabiduría, el recuerdo de nuestro pasado y tanto más. Cuenta Sahagún que en tiempos remotos en el mítico lugar Tamo a chan, los sabios eran poseedores de los libros de pintura y todas las artes. Pero un día estos sabios, obedeciendo la inspiración de su Dios, tuvieron que marcharse a oriente, hacia la región de las aguas inmensas.

Al descubrir la gente del pueblo que con la ida de los sabios quedaban privados de la antigua sabiduría y del recuerdo de su pasado conservado en los libros de pintura, dejaron escuchar el siguiente clamor:

 

¿Brillará el sol, amanecerá?

Por qué se han ido, por qué se han llevado

la tinta negra y roja? (los códices)

¿Cómo existirán los macehuales? (el pueblo)

¿Cómo habrá estabilidad?

¿Qué es lo que nos mostrará el camino?

¿Cuál será nuestra norma, nuestra medida?

¿De dónde habrá que partir?

¿Qué podrá llegar a ser la tea y la luz?

 

El cristal ámbar, de la literatura sólo lo podremos pulir e integrar si estamos poseídos de un espíritu de entrega, si estamos enamorados de nuestra tarea. El amor es la mejor pedagogía: el amor es el que impulsa todo el quehacer educativo. Pero “no sólo de amor vive el hombre” Conocimientos, creatividad, sensibilidad, son indispensables para dar brillo y valor a nuestro trabajo.

Nuestro trabajo, nuestro empeño.

Hacer que los niños lean, que gocen sus lecturas, que se manifiesten oralmente y por escrito. Recoger el cúmulo de palabras llenas de sabiduría, de amor y humor de los libros antiguos o recién nacidos. Atrapar los sonidos, los ecos, de las leyendas, los consejos, las metáforas, la poesía, el canto que aún sale de boca de los ancianos que repiten y reinventan lo que sus antepasados y los antepasados de sus antepasados han contado y fabulado.

Apropiarse de los juegos que han jugado los niños americanos generación tras generación.

Nuestro trabajo, nuestro empeño.

Llegar a la lectura cantando, contando, jugando, leyendo.

Nuestro trabajo, nuestro empeño.

Jugar, con las palabras, con los cuentos, con sus personajes. Habitar sus lugares, adivinar sus pensamientos, Hermanar los libros, la literatura, la palabra con los juegos tradicionales, los nuevos o los inventados formará lectores.

Año 3 Concejo (1430)

El sol evapora las gotas de rocío de la madrugada la tierra huele a humedad y se siente fresca al tacto.

Xóchitl y Huitzi alisan la tierra y con una vara trazan un cuadro, saltan, avientan piedrecitas, ríen, se divierten jugando mientras la madre prepara los alimentos y el padre trabaja de alfarero en el palacio del rey.

Cuántos niños en tierras americanas estarían haciendo lo mismo que Xóchitl y Huitzi? No dudamos que muchas manos y piernas morenas se balanceaban y movían al mismo tiempo siguiendo algún juego propio de su lugar. Estamos seguros que el sonido de las bellas palabras a menudo los acompañaba.

Año 1996

El sol refleja su luz en el cristal de la ventana encortinada. No se le permite entrar. Raúl y Claudia manejan los controles del video-juego en la semi oscuridad para que la luz no le quite brillo a la imagen de la pantalla. Juegan y sufren tratando de destruir al enemigo en un instante, mientras los padres se ocupan de asuntos importantes.

¿Cuántos niños en nuestras tierras estarán apretando botones y con la vista fija en muñecos que destruyen para tener éxito? ¿Cuántos de nuestros niños son totalmente ajenos a la magia de la palabra?

Padre, madre, maestro, maestra, es tiempo que todos construyamos nuestro cuicacalli, ese lugar impregnado de arte, de palabras que suenan y se quedan en el corazón, lleno de sensibilidad y sabiduría.

Reemplazar ese nombre poético y melodioso por el de “taller” parece sacrilegio. Pero qué importa el nombre si podemos llenar el taller, “nuestro cuicacalli” de arte, música, juego, libros y magia. Si podemos convertirnos en los sabios de los tiempos prehispánicos. Y transmitir las emociones y belleza de la palabra, si podemos imbuir a nuestros niños del espíritu de las letras y el arte, pero sobre todo si podemos reencontrarlo consigo mismo y alejarlo de diversiones que requieran únicamente de reflejos medulares.

Con la nostalgia de otros tiempos, pero con la esperanza en el presente y con el pleno convencimiento de que hoy, más que nunca, la lectura atraviesa por una fuerte crisis y se encuentra en franca y desventajosa competencia con la promoción de una cultura insulsa, banal y peligrosa, es necesario encontrar la forma de acercar a los niños a la lectura. La tarea no es fácil, los padres quieren que sus hijos lean pero ellos no lo hacen, la educación no está organizada para que el niño piense, sino para que memorice, a muchos maestros no les interesa si el niño comprendió o no, lo único que cuenta es que den la respuesta adecuada.

La lectura no es una vocación natural en la mayoría de los niños y, además, la asocian siempre con una obligación de tipo escolar o como una manera de sustraerlos de ocupaciones que les son más gratas, como ver la televisión, o cualquier otra actividad que les produzca placer y diversión.

Por tanto deberá apoyarse el acercamiento y la motivación por la lectura, como una voc

ación natural desde temprana edad a través de diversas actividades de promoción de la lectura.

Managua 5 de junio, 1996. Primer seminario nacional de Literatura Infantil en Nicaragua. Programa de Acercamiento a la Literatura Infantil “Te regalo un sueño”, auditorio Neysi Ríos. Universidad Centroamericana UCA.

Martha Sastrías. Fundadora de Te regalo un sueño.

posgrado habilidades de la lectura y escritura

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