Resiliencia en la bulimia y anorexia

Resiliencia en la bulimia y anorexia

Durante mucho tiempo las respuestas de resiliencia han sido consideradas como patológicas.

La psicología actual explica de forma categórica que la resiliencia es una capacidad que poseen algunas personas que, aun habiendo vivido una situación traumática, han conseguido asimilarla a su vida y pueden continuar desenvolviéndose, como si el trauma vivido y asumido, hubiera desarrollado en ellos recursos latentes e insospechados.

Su aparición, entonces, no indica necesariamente una patología. Puede tratarse de un ajuste saludable a la adversidad. Pero las personas que padecen de Anorexia Nerviosa o Bulimia Nerviosa tienen un perfil de personalidad de corte adictivo. Esto hace que el tratamiento se realice con recaídas.

Es por ello que nuestro tratamiento se ha diseñado en 3 módulos y pre alta. Acorde al módulo del tratamiento por la que atraviesan (al cual se accede mediante el cumplimiento de ciertos objetivos), las características de las recaídas van a tener diferencias en cuanto a sus manifestaciones (no así, en cuanto a aquello al cual remiten).

En las primeras etapas del tratamiento, las más comunes tienen que ver con el orden alimentario (selección de alimentos / atracones); las conductas compensatorias (vómitos, hiperactividad, restricción alimentaria, exceso de ingesta de líquidos.) y la utilización de productos anorexigenos, etc.

En las etapas siguientes, estas manifestaciones se transforman. Dejan de estar centradas en el cuerpo y la comida pasando a estar ligadas al crecimiento, a la vida de relación, al temor a las responsabilidades. Se observan dificultades para enfrentar las crisis vitales, presentándose como una huída de situaciones que les resulten estresantes, como por ejemplo evitando tomar decisiones sobre su futuro, etc.

Por último, las características que se observan durante la pre alta, son del tipo resolución del proceso separación individuación, donde la persona se acomoda y adapta a su nueva vida. Está diseñada para evitar el hospitalismo y que la persona tome conciencia de sus potencialidades.

Claramente entonces podemos inferir que los T.C.A. (Trastornos de la Conducta Alimentaria) no son solamente un problema con el cuerpo y la comida, sino un trastorno multicausal, un universo de conflictos desarrollados en una persona con sentimientos de vacío, con una pobre aprobación de sí mismo, una mala construcción de sus respuestas al estrés, la frustración y temor a crecer. Ante un cuadro como el descripto, la pregunta es si se puede trabajar el desarrollo de la resiliencia.

Para algunas personas es innato, para otros adquirido. Pero al integrar grupos de mutua ayuda, se logra la auto ayuda. Esto quiere decir que al inicio del tratamiento la persona llega agotada por su sintomatología, cansada de su escasa calidad de vida, agobiada por su auto critica.

Con conciencia de sus síntomas pero no de la gravedad. Al ingresar a un grupo de pares, descubre que eso que sentía, ese vacío, no es un vacío de objetos. Que no se llena con una imagen corporal, con logros monetarios o alcanzando metas en las carreras web para bajar de peso. Ese vacío es afectivo.

Entonces, con cada recaída, aprende que su meta estaba equivocada, que su objetivo estaba errado. Aprende a poner eso que siente en palabras, ya no se esconde detrás de un vómito, busca aprehender una nueva conducta, construir un nuevo pensamiento, una nueva forma de relacionarse.

Y como nuestro tratamiento es familiar, además lo dirige no solo al grupo de pares que integra, sino a sus seres queridos que lo acompañan. Y recaída tras recaída, se deja ayudar hasta que logra sostenerse por sí solo, para luego ser quien ayude a Otros. Al ser un tratamiento para personas con T.C.A se conoce que van a sufrir recaídas.

Cuando el equipo tratante y/o el sistema que emplean no están preparados, las recaídas no son utilizadas para fortalecer a la persona, sino que obstaculizan la terapia.

Cuando se conoce que técnicas utilizar, que método emplear y se cuenta con un grupo favorecedor, esta sintomatología puede ser utilizada para generar un compromiso con el tratamiento, para que la persona pueda comprender que los cambios en la vida, sean o no experiencias estresantes y dolorosas, forman parte de la existencia.

Finalmente, podemos decir que en cuanto a la resiliencia, más que nada se habla de una herencia genética y una herencia aprehendida. Por lo tanto, como casi en toda la formación del ser humano, los modelos que el niño observa en la casa van a moldear a la persona adulta.

Los límites que se le pongan le van a permitir pulir esa formación, y la educación académica que reciba le va a dar las herramientas para levantarse de la adversidad, para luchar por sus ideales y fortalecerse ante los obstáculos, pero por sobre todo, a mantener su tenacidad frente a los escollos.

Sin embargo, cuando mucho de esto falla, las personas con una predisposición genética para la resiliencia logran igualmente encontrar con habilidad sus modelos, sus parámetros, una guía para salir adelante.

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Por Marcelo Bregua, Coordinador General de ALuBA www.aluba.org.ar

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