Los lentes de la tía


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Los lentes de la tía es uno de los cuentos para tías escrito por Liana Castello sugerido para niños a partir de los ocho años.

La tía Gloria era la mejor contadora de cuentos. Era una fiesta ir a su casa y escuchar cómo relata cada historia. En los cuentos que mi tía nos contaba, todo podía suceder.

Eran mágicos y si bien todos los cuentos tienen algo de magia, los de la tía Gloria eran especiales. En ellos los enanos podían medir dos metros y había gigantes que entraban en los bolsillos. Podía haber un príncipe muy cobarde y una bruja por demás buena.

También piratas que no buscaban tesoros, lobos vegetarianos a los que no les interesaba ni un poquito comer ni a una abuela, ni a una niña, ni a nadie. Todo sucedía y ella los relataba de un modo muy especial. Hasta que un día todo cambió.

Recuerdo esa tarde como si fuese hoy.

No bien la tía abrió la puerta, noté algo extraño en ella. Al principio no me di cuenta qué podía ser

¿El color de cabello tal vez? No, era el mismo.

¿Vestido nuevo…? Tampoco, ése ya se lo había visto y le quedaban muy lindos por cierto.

¿Se habría maquillado? Porque la tía Gloria nunca se maquillaba y no le hacía falta, ella es bonita así como es.

¿Qué podía tener la tía diferente ese día?

Decidí dejar de hacerme preguntas y disponerme a escuchar el cuento que la tía me iba a contar.

Como cada vez que leía un cuento, se sentó en su sillón, acomodó la lámpara y se dispuso a leer.

El cuento me resultaba más aburrido que todos los otros que ella me había leído, pero no la interrumpí pues pensé que luego se pondría más interesante.

De pronto la miré bien. Recordé que cada vez que leía, la tía entrecerraba sus ojos. Yo me preguntaba siempre por qué parecía china al leer, y también me preguntaba cómo podía leer con los ojitos tan chiquitos y estirados. Sin embargo, ese día la tía no “achinaba” sus ojitos.

Ahí me di cuenta de algo: ¡LA TIA TENÍA LENTES!

Eso era lo extraño que había encontrado en ella cuando me abrió la puerta: los lentes.

El cuento terminó y no se puso más interesante el final de lo que había sido el principio.

Y eso ocurrió con todos los cuentos que mi tía me contó a partir de que se puso los lentes.

Nunca entendí qué podría tener que ver esos lentes con que los cuentos no fueran tan apasionantes, misteriosos, divertidos, mágicos como eran antes.

¿Sería que cuando mi tía ponía ojos de chinita los cuentos se volvían mejor? No, no creo.

Algo pasaba, yo no entendía bien qué era, pero algo extraño estaba ocurriendo.

Un día, al final de otro cuento que mucho no me gustó, tomé coraje y le pregunté a la tía Gloria por qué había empezado a usar anteojos.

-Pues porque veo mal-contestó.

-¿Ves mal hace poco tiempo?-pregunté.

-No tesoro-respondió-en realidad hace mucho tiempo, pero como no me gustaba la idea de usar lentes, retrasaba el momento de comenzar a usarlos. Me quedan feos ¿verdad?

-No tía, te quedan muy bonitos-respondí- el problema es otro en realidad.

Intrigada, mi tía preguntó:

-¿Cuál es el problema con mis lentes entonces?

-Que cambian los cuentos, los hacen menos mágicos.

La tía Gloria río.

-Un par de anteojos sólo tiene el poder de ayudarnos a ver mejor, no puede cambiar historias.

-¡Sí las cambian!-respondí-Te lo puedo asegurar, desde que usas los lentes, desde que ya no entrecierras los ojos e imitas a los chinos, los cuentos son diferentes.

Mi tía ya no reía, se quedó muy pensativa. Me miraba, miraba los libros, miraba los lentes, me volvía a mirar y yo me preguntaba qué estaría pasando.

-¡Ya sé!-dijo mi tía-¡Ahora entiendo lo que dices!

¡Qué suerte! -pensé- porque yo no entiendo nada.

-Debo confesarte algo-empezó a explicar la tía-antes, cuando no usaba los anteojos, la vista se me cansaba mucho y me costaba ver las letras de los libros, por eso entrecerraba los ojos. Aun así, la mayoría de las veces no veía bien tampoco, entonces inventaba. La mayoría de los cuentos que te ha contado tienen muchos párrafos que he creado yo misma. La vista no me alcanzaba, pero la imaginación sí.

-Entonces los lentes…-dije yo.

-Con los lentes-continuó mi tía- podía leer perfectamente y no tenía necesidad de inventar nada.

Me levanté, la abracé y le pedí por favor que a partir de ese día me contara solo las historias que su imaginación quisiera contarme.

Y desde ese día, mi tía dejó los lentes para leer el diario y mis cuentos volvieron a ser los más mágicos que cualquier niño pudiera escuchar.

Fin

Todos los derechos reservados por Liana Castello

ILUSTRACION MARIA CARRANZA

Cuento sugerido para niños a partir de ocho años

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Los lentes de la tía es uno de los cuentos para tías escrito por Liana Castello sugerido para niños a partir de los ocho años.

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