El cangrejo abuelo

El cangrejo abuelo es uno de los fantásticos cuentos de cangrejos para niños de todas las edades, escrito por Claudia Beatriz Felippo.
Había una vez un cangrejo viejo, muy viejo. Tan viejo era que casi no veía, y a veces se perdía o, lo que es peor, se dormía. ¡Pobre cangrejo!, en la playa nadie lo quería. Los chicos lo miraban de lejos, porque decían que era muy feo, pero para mí que le tenían miedo, sí, miedo, porque los cangrejos caminan hacia atrás, y esto a ellos no les gusta, es más, los asusta.
Una mañana fría, casi sin sol, el cangrejo pensó:
-Seguramente hoy los chicos no vendrán a la playa; intentaré caminar hacia adelante, como ellos, así no tendrán miedo de acercarse a mí. Así, pasito a paso, caída y tropezón, llegó hasta la punta del largo espigón. Estaba tan, pero tan cansado que se sentó sobre una roca y se quedó dormido. Cerca, muy cerca, vivía Sofía -la sirena-, en su castillo de arena. Al asomarse a la ventana lo vio y pensó:
-Pobrecito, debe tener mucho frío, y entonces fue a buscar el tapado de almejas que le había regalado Malena -la ballena que toca la quena-. Se acercó al cangrejo y, cuando lo estaba tapando, le oyó decir con notable tristeza:
-Debo estar soñando, pues a mí nadie se me acerca, nadie me quiere.
Sofía, con mucha compasión y ternura, trató de hacerle ver que estaba equivocado. Ella sí se había acercado para ayudarlo e invitarlo a tomar un rico y calentito caldo de tortuga de mar, entonces él se sintió más animado y aceptó la invitación.
Lentamente, paso a paso, llegó del brazo con la sirena a su castillo de arena. Conversaron un
largo rato escuchando el murmullo del mar, hasta que la luna asomó por la ventana, entonces el cangrejo se despidió de su nueva amiga, prometiendo regresar pronto, agradeciéndole la buena compañía y el gesto amable. Muy contento volvió a su casa en los acantilados, debajo de una roca muy pesada. Ustedes sabrán que los cangrejos se esconden entre la arena, las piedras y el agua del mar. Allí descansó y, cuando el sol asomó nuevamente, se preparó para ir a la costa a esperar a los chicos y sorprenderlos.
La alegría y el entusiasmo eran tan grandes que ya no se lo veía ni tan viejo, ni tan feo y, como había aprendido a caminar hacia adelante, los chicos lo miraban desde lejos con admiración. De a poco se fueron acercando. ¡No podían salir de su asombro! El cangrejo, no sólo caminaba hacia adelante sino que además, lo hacía muy rápidamente. Todos lo observaban atentamente. Como no era común verlo caminar así, hasta lo aplaudieron. Ellos ya no le tenían miedo y jugaron con él un partido de fútbol. Claro que aún no sabía correr, entonces lo nombraron árbitro. Los chicos reían y disfrutaban de su compañía y lo llamaban: abuelo. Él estaba muy feliz, porque sabía cuánto quieren los niños a sus abuelos…
Poco a poco el cangrejo fue tomando más fuerza en sus patas y se animó a ser el arquero del equipo, pero como todos querían que atajara para el suyo, se tuvo que turnar. Así, un día jugaba para unos y al otro, para los otros. Lo que es más impresionante es que atajaba casi todos los tiros que hacían al arco.
¡Ah, casi me olvidaba! Me contó la foca Leticia -la que trae siempre la última noticia-, que el tapado de almejas que le había prestado Sofía, se lo devolvió a los pocos días porque, aunque hiciera mucho frío, él ya no lo sentiría, pues ahora tenía mucho calorcito en el corazón.
Desde entonces, cada mañana al salir el sol, el cangrejo abuelo se levanta muy contento para ir a la playa a jugar con sus amiguitos y por las noches, suele visitar a Sofía, la sirena, en su castillo de arena.
Fin
El cangrejo abuelo es uno de los fantásticos cuentos de cangrejos para niños de todas las edades, escrito por Claudia Beatriz Felippo.

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