Darío dentro de una caja,

dientes de dragón guardaba.

Le dijo a su amigo Daniel

Guárdalos que luego jugamos.

Daniel que era travieso, le dijo,

yo te los guardo sólo,

dámelos para jugar

creyendo que son dados.

Dados para jugar a la dama,

al dominó y al ludo.

Yo te los guardo amigo Darío,

dentro del decalitro que has traído.

Felices quedaron Darío y Daniel

con los dientes de dragón

que parecían dados.

Fin
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